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Santa Águeda en Euskadi: origen, qué significan los cantos y por qué se golpea el suelo con makilas

La tradición que cada 4 de febrero llena las calles de coros tiene raíces ancestrales y sigue muy viva

¿Cuál es el origen de la tradición de Santa Águeda? La historia detrás del canto y las makilas en Euskadi

¿Cuál es el origen de la tradición de Santa Águeda? La historia detrás del canto y las makilas en Euskadi

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Bilbao

Cada 4 de febrero, víspera de Santa Águeda, miles de personas recorren pueblos y ciudades de Euskadi y Navarra entonando coplas en honor a la santa. Sin embargo, más allá del canto y la emoción de esta jornada, esta tradición coral es el reflejo de una historia que hunde sus raíces en la antigüedad, combinando mitología vasca, ritos agrícolas y devoción cristiana.

¿Quién fue Santa Águeda?

Santa Águeda fue una mártir cristiana nacida en Sicilia en el siglo III. Según la tradición, sufrió tormentos por negarse a los deseos del procónsul Quinciano, quien ordenó que le cortaran los pechos en castigo por su resistencia. Por ello, se convirtió en patrona de las mujeres y símbolo de la fortaleza femenina.

A lo largo de los siglos, su culto se extendió por toda Europa y llegó a Euskal Herria, donde se le atribuyeron poderes protectores contra incendios, enfermedades y desastres naturales.

Coro de bomberos de Bilbao en las escalinatas del Ayuntamiento de Bilbao / Juan Carlos Otaola


Coros Arraizpe y Pagasarri de Rekalde, en la estación del Metro de Abando / Juan Carlos Otaola

La evolución de la tradición: de los quintos a los coros populares

Antiguamente, eran los jóvenes que iban a realizar el servicio militar (los quintos) quienes recorrían los caseríos pidiendo dinero o comida en su ronda de Santa Águeda. En algunos lugares, las coplas mencionaban a la santa, pero también incluían referencias a la vida local, críticas satíricas o peticiones de ayuda para la comunidad.

Con el tiempo, la tradición fue evolucionando. Hoy en día, participan personas de todas las edades, desde escolares hasta coros organizados, y los fondos recaudados suelen destinarse a fines benéficos o actividades culturales.

Una tradición que sigue viva

A pesar de los cambios sociales, la víspera de Santa Águeda sigue siendo una de las celebraciones más queridas en Euskadi. Cada año, miles de voces se unen en las calles, manteniendo viva una tradición que es mucho más que un canto: es una conexión con la historia, la identidad y las raíces de un pueblo.

Cada 4 de febrero, Euskadi vuelve a escuchar el sonido de las makilas golpeando el suelo al ritmo de los coros de Santa Águeda, una de las celebraciones más populares y reconocibles de la cultura vasca. Cuadrillas de vecinos recorren calles y plazas entonando coplas que se han transmitido de generación en generación, manteniendo viva una costumbre que forma parte del patrimonio colectivo.

La víspera, la noche del 3 de febrero, marca el inicio de una tradición que combina historia, religión y antiguas creencias vinculadas a la tierra y a la comunidad.

Por qué se golpea el suelo con makilas

Uno de los gestos más característicos de esta jornada es el golpe rítmico de los bastones contra el suelo. Este acto tiene un origen simbólico: antiguamente se creía que el sonido ayudaba a despertar la tierra tras el invierno y favorecía la fertilidad de los campos ante la llegada de la primavera.

Ese componente ancestral explica por qué la tradición ha perdurado durante siglos y continúa siendo reconocible hoy en día.

Coros que recorren barrios y pueblos

Durante estas fechas, grupos organizados —muchos de ellos vinculados a escuelas, asociaciones culturales o corales— salen a cantar puerta por puerta. Vestidos en ocasiones con trajes tradicionales, interpretan coplas en euskera mientras recaudan donativos que históricamente se destinaban a causas comunitarias.

La escena se repite tanto en grandes ciudades como en pequeños municipios, reforzando el carácter colectivo de la celebración.

Una tradición que pasa de generación en generación

Santa Águeda ha sabido adaptarse a los cambios sociales sin perder su esencia. Hoy participan personas de todas las edades, desde niños hasta adultos, lo que garantiza la continuidad de una costumbre profundamente ligada a la identidad vasca.

Más allá del componente festivo, la jornada se ha consolidado como un símbolo de cohesión social y de conexión con las raíces culturales.

Cultura, comunidad y memoria

La fuerza de Santa Águeda reside en su capacidad para unir pasado y presente. Cada golpe de makila y cada canto recuerdan una historia compartida que sigue ocupando un lugar central en el calendario cultural de Euskadi.

 

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