Ángel Pascual: el asesinato de ETA que paralizó la construcción de la central nuclear de Lemóniz
El capítulo 70 de 'La ventana de la memoria' recuerda al director de proyectos de la central con su hijo, herido en el mismo atentado

Capítulo 70 | Ángel Pascual: el asesinato de ETA que paralizó la construcción de la central nuclear de Lemóniz
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Vitoria-Gasteiz
El capítulo 70 de 'La ventana de la memoria' recuerda a Ángel Pascual, ingeniero de 44 años de edad, casado y padre de cuatro hijos, asesinado por ETA el 5 de mayo de 1982. Pascual trabajaba como director de proyectos en la central nuclear de Lemóniz (Bizkaia) y había sido expresamente amenazado de muerte por la banda terrorista en su campaña contra la instalación, que nunca llegó a estar operativa. Tras el asesinato los demás técnicos renunciaron a trabajar en ella, provocaron su paralización, que, a la larga, sería definitiva.
Pascual fue asesinado en presencia de su hijo Iñigo, que entonces tenía 17 años, y resultó herido en el atentado. Iñigo le recuerda como "una persona bastante alegre, que cantaba muy bien, un profesional muy bueno, que se había formado en Estados Unidos y llegó a lo más alto, al segundo puesto de la empresa, desde lo más bajito, bobinando motores en un tallercito con 14 años, porque procedía de una familia muy humilde.
Pascual era amigo de José María Ryan, que fue ingeniero jefe de la central, secuestrado y asesinado por ETA un año antes. Hasta entonces, reconoce Iñigo, la familia no se había sentido preocupada, "pero a partir de entonces sí que empezamos a ver que iba totalmente en serio". Ángel Pascual había sido amenazado expresamente, recuerda su hijo. "Creo que mi padre había recibido tres cartas de amenaza. Yo solamente tuve oportunidad de leer la última. Una tarde me llamó a su cuarto y entre las mudas que tenía en el cajón sacó una carta de ETA, que venía a decir algo así como "es la última oportunidad que tiene de abandonar la central y si no la abandona acabaremos con su vida". Me dijo: "¿tú qué harías?", "Pues mira, papá, yo creo que tienes que dejarlo inmediatamente", le respondí. Y él me contestó clarísimamente, me dijo: "pues no, no lo voy a dejar, y no lo voy a dejar por dos razones, la primera, porque creo firmemente en lo que hago, en la energía nuclear; y la segunda, porque me ha costado mucho llegar hasta donde he llegado". Conociendo su final, Iñigo se lamenta: "tenía que haberle convencido de alguna manera para que no siguiera con aquello. Es un orgullo tener como progenitor a una persona que es capaz de luchar hasta el final por lo que cree, pero me ha privado de 42 años con él y me ha provocado muchísimo sufrimiento a mí, a su mujer y a mis hermanos".
Iñigo recuerda fotográficamente el día del atentado. A primera hora de la mañana, como cada día, él y su padre cogieron el coche familiar para desplazarse hasta la plaza Moyúa, en Bilbao. "Habíamos recorrido aproximadamente 700 metros, y en una callejuela estrecha en forma de U, lo primero que vimos es una persona apoyado en un coche leyendo el periódico. Me acuerdo que Ángel dijo: "¡qué cosa más rara!". Entonces, me fui volviendo para ver qué hacía y vi cómo tiraba el periódico, se metía la mano dentro de la chaqueta y sacaba un arma. Al mismo tiempo, un coche nos cerró el paso. Del vehículo se bajaron dos terroristas, que, junto con el que estaba detrás, empezaron a disparar a Ángel desde los distintos ángulos. El acto duró aproximadamente 20 segundos y en esos 20 segundos, lo remataron, se montaron en el coche y se escaparon".
Iñigo trató de proteger a su padre poniendo su carpeta delante de la cabeza de su padre y ahí resultó herido en el brazo izquierdo. "Lo más triste es que no me dio tiempo de despedirme de él con vida. No tuve tiempo de decirle: "papá, te quiero". Digo en vida porque me quedé un rato hablando con él, pero enseguida recordé que antes de morir me había dicho que si alguna vez le pasaba algo, yo me tenía que ocupar de la familia. Y entonces me dije que mamá no se podía enterar por otras personas. Entonces, con toda la pena del mundo, le dejé ahí solito en el coche y me subí andando a casa. Llamé a la puerta, y en cuanto abrió, no hizo falta que le dijera nada. "¿Lo han matado, ¿verdad?", me dijo y, tal como estaba, en bata, con zapatillas, se marchó andando hasta donde yo le había indicado que había ocurrido".
Para el adolescente Iñigo ese día comenzó un calvario, del que todavía se está reponiendo. "Me está costando muchísimo volver a ser el que era", reconoce. No era capaz de concentrarse en los estudios y no podía evitar el sufrimiento de su familia. "Recuerdo a mi madre casi cada noche de rodillas al lado de mi cama, preguntándome: Íñigo, ¿por qué nos ha pasado esto?", cuenta para reconocer que cuatro años después del asesinato de su padre "conduciendo por la izquierda en un puerto de montaña, intento quitarme la vida, con tanta suerte que el coche que venía enfrente encuentra una cuneta donde meterse y no nos matamos de milagro".
Finalmente, por consejo de su familia, empezó a ir al psicólogo y con su ayuda "fui recomponiendo mi vida", aunque todavía le quedaba luchar contra su carácter. "Me volví un ser antipático, muy desagradable".
En todo aquel proceso, Iñigo contó con la ayuda de su familia y de algunos muy buenos amigos. Pero también otros le dieron la espalda. "Un compañero del colegio al que me encontré escasamente una semana después de que mataran a mi padre, me dijo "Iñigo, no sabes cómo lo siento, pero es que el asesinato de tu padre era un mal necesario". "Aquello me costó mucho entenderlo. ¿Por qué en esta sociedad vasca y navarra hay tantas personas que consideran que el uso de la violencia está permitido para lograr fines políticos?". Todavía hoy, pese a que no ha sido capaz de odiar, es una de las cosas que más le cuesta. "Me cuesta mucho el apoyo que tiene todavía la ya desaparecida, por suerte, banda terrorista ETA en la sociedad. Que Bildu haya tenido 350.000 votos en el País vasco y 55.000 en Navarra es una cosa que nos cuesta entender a las víctimas", explica. "Por eso, cuando los políticos nos dicen que están al lado de las víctimas, nos gustaría que fuese de verdad". Pascual hijo también reclama medios para que las familias de las víctimas tengan Justicia. El de su padre es uno de los cientos de crímenes de ETA sin resolver. Iñigo Pascual trabaja para conseguirlo desde la asociación de víctimas COVITE y da su testimonio en las aulas dentro del programa de víctimas educadoras.
Iñigo sonríe ahora que son muchos los que defienden las bondades de la energía nuclear, como si el tiempo hubiese dado la razón a su padre, aunque tiene claro que "ETA ganó la batalla y consiguió parar la central", en el caso de Lemoiz.
Cuando ETA defendía la energía nuclear
Los asesinatos, como el de Pascual, fueron determinantes para la paralización de la construcción de la central nuclear. "Desde entonces los demás técnicos renunciaron a trabajar en Lemoiz. Explicaron que tenían un miedo total y exacerbado y pidieron a Iberduero que los recolocara en otros tajo". Lo dijo el historiador Raúl López Romo en el libro 'Euskadi en duelo'.
Lo llamativo es que ETA en sus inicios defendía el uso de la energía nuclear. El también historiador Gaizka Fernández Soldevilla, compañero de López Romo en el Centro Memorial de las víctimas del terrorismo, explica que lo dejó escrito en 'El libro blanco de ETA'. "Una de las preguntas que se hace ETA es: si construimos esta Euskal Herria socialista soñada, independiente, del futuro, ¿cómo vamos a gestionar la energía? Porque sobre todo Bizkaia era una zona muy industrializada. Entonces, una de las apuestas que hace, además de la industria térmica, además de buscar el petróleo, es la energía nuclear. Vamos a aprovechar la energía nuclear porque eso nos permite ser independientes energéticamente del resto de España".
Sin embargo, con su evolución, esa ETA pronuclear acabó cogiendo la bandera del ecologismo, "no sólo con Lemoiz, ahí también está la lucha contra la autovía de Leizarán, que terminó con un trazado diferente al original. Yo creo que son las dos grandes victorias de ETA. Luego intentó, por tercera vez, hacerlo también con el TAV, pero no ha conseguido pararlo por suerte".
"Tardamos demasiado en movilizarnos"
La firma que cierra 'La ventana de la memoria' recoge parte del testimonio que la periodista Jeni Prieto dio en el acto del Día de la Memoria de 2024 organizado por Gogora. Prieto cuenta la evolución de su posicionamiento personal como militante de izquierdas respecto al terrorismo. "En la organización en la que militaba, revolucionaria y de izquierdas, decían: pues claro que estamos en contra de que ETA mate, pero no podemos decirlo en público porque nos van a situar con la derecha. Era el gran argumento", recuerda. "Tardamos demasiado en movilizarnos".

Eva Domaika
Jefa de informativos en Cadena SER Vitoria. Presenta el informativo diario ‘La ventana Euskadi’. Si...




