El ‘gimnasio de los horrores’ sale a subasta en Bilbao: así es por dentro el local donde actuó el falso shaolín
El local de Máximo Aguirre donde Juan Carlos Aguilar mató a dos mujeres se subasta por 160.000 euros: un subsuelo casi intacto, con tatami, duchas y mobiliario original, más de una década después de los crímenes.

El tiempo parece haberse detenido en el subsuelo de la calle Máximo Aguirre de Bilbao donde, hace más de una década, se cometieron dos de los crímenes más impactantes de la crónica negra reciente. El conocido como “gimnasio de los horrores”, escenario de los asesinatos perpetrados por Juan Carlos Aguilar, el falso Shaolín, ha salido ahora a subasta pública por un precio de salida de 160.000 euros. Y lo hace acompañado de un elemento que multiplica el impacto emocional: una visita virtual que permite recorrer el local tal y como permanece hoy.
La primera puja permanecerá abierta hasta el próximo 30 de enero, y el inmueble —un local comercial subterráneo— conserva todavía buena parte de la estructura y del mobiliario del antiguo gimnasio donde Aguilar entrenaba y donde, presuntamente, ocultó armas y cometió los asesinatos de dos mujeres.


Un espacio congelado en el tiempo
Quien accede a la visita virtual se adentra en un lugar que apenas ha cambiado con el paso de los años. El salón principal, presidido por el tatami, sigue siendo el eje del local. En ese espacio amplio y diáfano se percibe todavía la distribución original del gimnasio, con zonas destinadas al entrenamiento y la práctica de artes marciales.
A un lado, continúan visibles los muebles y armarios que, según la investigación policial, el falso Shaolín utilizaba para depositar y ocultar armas. Son estructuras simples, sin aparentes modificaciones posteriores, que refuerzan la sensación de que el local quedó prácticamente abandonado tras el cierre definitivo del gimnasio.


Duchas, baños y dependencias intactas
La visita virtual permite también recorrer los baños y las duchas, que permanecen casi intactos. Azulejos, mamparas y lavabos mantienen el mismo aspecto que tenían cuando el local estaba en funcionamiento. No hay reformas, ni rehabilitación visible, ni signos de reutilización posterior.
Ese estado de conservación, lejos de resultar neutro, añade una carga emocional evidente. El espacio transmite una sensación inquietante, casi perturbadora, al saberse vinculado a hechos extremadamente violentos. Todo está “casi igual”, como si el tiempo se hubiera detenido tras los crímenes.
Del gimnasio al objeto de subasta
El inmueble, que se comercializa como local comercial, se ofrece ahora como una oportunidad inmobiliaria en pleno centro de Bilbao. Sin embargo, su pasado pesa. No se trata de un local cualquiera: durante años fue conocido mediáticamente como el gimnasio de los horrores, una denominación que marcó para siempre el lugar.
La posibilidad de realizar una visita virtual completa, estancia por estancia, añade un componente singular al proceso de venta. No solo permite evaluar el estado del inmueble, sino que también confronta directamente al visitante con la memoria del espacio.
Un pasado que sigue presente
Han pasado más de diez años desde aquellos asesinatos, pero el local sigue despertando morbo, rechazo y curiosidad a partes iguales. La subasta reabre inevitablemente el debate sobre qué hacer con espacios marcados por la violencia extrema y hasta qué punto el paso del tiempo es suficiente para borrar su carga simbólica.
Mientras tanto, el antiguo gimnasio permanece ahí, bajo tierra, con el tatami aún visible, los armarios en su sitio y las duchas intactas, esperando un nuevo propietario… o una nueva historia.




