Santi Duran, víctima del 3 de marzo: “Somos víctimas de tercer grado y lo único que pedimos es justicia”
Entró en San Francisco a las 16:40, de los últimos, y recuerda que el gas lacrimógeno convirtió el templo en una ratonera

Santi Durán víctima del 3 de Marzo.
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Vitoria-Gasteiz
En el repaso a los protagonistas de aquella jornada que marcó para siempre la historia de Vitoria, la voz de Santi Durán pone rostro a quienes se encontraban dentro de la iglesia de San Francisco de Asís el 3 de marzo de 1976. Medio siglo después, el recuerdo sigue intacto y las demandas, asegura, continúan vigentes.
Durán vive este 50 aniversario “con mucha intensidad”. Más allá de los actos y homenajes, insiste en que la memoria debe traducirse en hechos concretos. “Queda mucho todavía por hacer. Estamos a mitad de camino”. Entre las tareas pendientes enumera la desclasificación de los documentos oficiales de aquel 3 de marzo, el reconocimiento como víctimas del terrorismo y, "sobre todo justicia, que se esclarezcan los hechos y que no vuelva a pasar”, ha destacado.
Además, considera “lamentable” que una reivindicación laboral acabara con cinco trabajadores muertos. El recuerdo de aquella jornada sigue muy presente. “Ese día amaneció azul, como hoy”, rememora. Por la mañana ya se produjeron los primeros enfrentamientos con la policía en el entorno del Palacio Europa, en la entonces avenida del Generalísimo. Por la tarde estaba convocada la asamblea en San Francisco de Asís, en el marco de la tercera huelga que, según explica, “paró prácticamente todo Vitoria”.
Entró en la iglesia en torno a las 16:40, de los últimos, y poco después, la policía acordonó el templo e impidió el acceso a más personas. Hubo un primer intento de desalojo, con un agente mostrando un pañuelo blanco para que abandonaran el recinto. Desde dentro se respondió que permanecieran tranquilos, convencidos de que no tenían autorización para entrar. Hubo un segundo intento. Tampoco salieron.
“Pero pasó lo que casi pensábamos que iba a pasar”, relata. En la tercera entrada comenzaron a lanzar botes de humo al interior. “Aquello era el caos”. El gas lacrimógeno convirtió el templo en una ratonera. Decenas de personas se refugiaron en la sacristía. “En un sitio donde pueden entrar 20 personas, estábamos 80. Aquello era tremendo”, describe.
Cuando decidió salir, lo hizo entre una nube de gas. “Salías medio ahogado”. Se asomó a una de las últimas ventanas y vio un pasillo de agentes a ambos lados. “Tenías un hueco de un metro y policías a un lado y a otro, durante unos 50 metros”. Al cruzarlo, comenzaron los golpes. “Me pegaron un montón. Me dejaron inconsciente”, afirma. Recuerda que el último agente lo agarró antes de perder el conocimiento.
Despertó en una vivienda cercana, auxiliado por vecinos. “Me dieron algo caliente, un té o algo así”. Ya circulaba el rumor de que había muertos. Regresó a casa “sin un zapato, con la chaqueta rota, hecho un desastre”. En ese momento, asegura, no sentía el dolor. “Estás en shock”.
Al día siguiente no podía moverse de cintura para abajo. Fue trasladado a la residencia Arana, donde le diagnosticaron lesiones graves derivadas de los golpes y la inhalación de gas. Como consecuencia, padece una fibrosis pulmonar crónica que arrastra desde entonces y tiene reconocida una minusvalía del 35%. “Si se vuelve a activar, no sé cómo acabaríamos”, reconoce.
Sin embargo, denuncia que los hechos no están oficialmente reconocidos en todos los ámbitos administrativos. “Tengo minusvalía reconocida, pero los hechos no están reconocidos. Por eso digo que somos víctimas de segundo grado… o de tercero”, afirma con amargura. Aun así, mantiene la esperanza: “Tengo esperanzas de que se llegue a hacer justicia, que se esclarezca todo”.
Cincuenta años después, cuando pasa por el entorno de la iglesia en Zaramaga, los recuerdos siguen intactos. “Te da la cabeza muchas vueltas. Mucha tristeza”. El templo aún no ha reabierto en este aniversario, pese a las intervenciones en su entorno. Para Durán y para muchos otros, la conmemoración no es solo un acto de memoria, sino una exigencia clara: verdad, reparación y garantías de que algo así no vuelva a repetirse.

Jon Dos Santos
Redactor y editor de contenidos en el magazine Hoy por hoy Vitoria




