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Sociedad

La excelencia en ingeniería de la EHU se marcha al extranjero, pero no renuncia a volver

Unai Hernando, desde Cincinnati y en una startup de drones, ejemplifica a los jóvenes que se marchan para aprender y volver

Idurre Larrucea Porras y Diego Dariba García

Bilbao

En plena recta final del curso universitario, cuando cientos de estudiantes ultiman exámenes y proyectos con la vista puesta en su futuro profesional, emerge también una preocupación creciente: la fuga de talento. Jóvenes altamente cualificados formados en Euskadi que, tras finalizar sus estudios, encuentran oportunidades fuera y desarrollan su carrera lejos de casa.

Este fenómeno tiene nombre y apellido en casos como el de Unai Hernando, uno de los mejores expedientes de la Escuela de Ingeniería de Bilbao, que actualmente trabaja en Cincinnati (Estados Unidos). Tras completar un doble máster en telecomunicaciones e inteligencia artificial, desarrolla su labor en una startup tecnológica centrada en drones de alta tecnología. Su trayectoria refleja una realidad cada vez más habitual: profesionales formados aquí que terminan aplicando su conocimiento en el extranjero.

Aun así, Hernando no cierra la puerta al regreso. Su objetivo, asegura, es adquirir experiencia internacional para, en un futuro, volver a Bilbao. Una intención que resume el dilema de toda una generación: salir para crecer, con la esperanza de regresar.

Casi 1.000 titulados

En este contexto, la Escuela de Ingeniería de Bilbao ha reconocido a los mejores expedientes académicos entre sus 949 titulados y tituladas de las 26 titulaciones del pasado curso. Entre ellos destacan cuatro estudiantes que han logrado una media perfecta de 10, un logro excepcional y aún más destacable por haberse conseguido en tiempo récord.

Dos de esos expedientes sobresalientes, además del de Hernando, son los de Idurre Larrucea, graduada en Ingeniería en Tecnología de Telecomunicación, y Diego Dariba, graduado en Ingeniería en Organización Industrial. Ambos completaron sus estudios en cuatro años, por debajo de la media habitual, que se sitúa entre los cinco y cinco años y medio.

Larrucea recuerda su paso por la universidad como una etapa "intensa, pero muy positiva", que define incluso como "los mejores años" de su vida. Su vocación, influida por su entorno familiar, nació de su interés por las matemáticas y la física, así como por su deseo de aplicar esos conocimientos a soluciones prácticas; actualmente continúa su formación con un máster en telecomunicaciones.

Por su parte, Dariba eligió su especialidad por su versatilidad, al combinar una base técnica con competencias en gestión empresarial. Ambos coinciden en que el éxito académico no depende únicamente del talento, sino también de la constancia, el esfuerzo diario y el trabajo en equipo.

Constancia

"El secreto es ser constante, tener ganas de aprender y apoyarse en los compañeros", destaca Dariba. En esa línea, reconocen que el primer año suele ser el más exigente, motivo por el que algunos estudiantes recurren a academias como apoyo inicial.

Mientras tanto, tanto Larrucea como Dariba continúan su formación con la vista puesta en el futuro, sin descartar experiencias internacionales, pero valorando también la posibilidad de desarrollar su carrera en su entorno más cercano.