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Armengol Sampérez, el pionero del deporte en Badajoz borrado por la represión franquista

En Badajoz en la Historia rescatamos la figura de un educador y republicano clave en la vida cultural y deportiva de la ciudad a finales del siglo XIX y comienzos del XX

Badajoz en la Historia: Armengol Sampérez

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Badajoz

Badajoz en la Historia vuelve la mirada a uno de esos nombres que, pese a su relevancia histórica, permanecen prácticamente ausentes de la memoria colectiva. Se trata de Armengol Sampérez y Ladrón de Guevara, un personaje fundamental para el desarrollo del deporte, la educación física y la vida cívica de la ciudad, cuya trayectoria fue truncada y silenciada tras el golpe de Estado de 1936 y la posterior represión franquista.

En el programa hablábamos con José Manuel Corbacho, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, quien subraya que en cualquier otra ciudad española Armengol ocuparía “un lugar destacado en los anaqueles de la historia local”. Sin embargo, en Badajoz su recuerdo fue deliberadamente borrado durante décadas de dictadura.

Armengol Sampérez fue heredero de una tradición familiar vinculada a la educación y al deporte. Su padre, Luciano Sampérez, fundó a finales del siglo XIX el Gran Gimnasio de Badajoz, una institución pionera que combinaba formación física y valores educativos en una época en la que estas ideas comenzaban a abrirse paso en España. Bajo la dirección de Armengol, el centro alcanzó una enorme proyección y terminó siendo conocido popularmente como el “gimnasio de Armengol”.

El auge de esta institución no fue casual. Badajoz vivía entonces un momento de efervescencia intelectual y progresista, muy influido por el krausismo y la Institución Libre de Enseñanza, que defendían la modernización del país a través de la educación integral. Figuras como Tomás Romero de Castilla o Rubén Landa Coronado situaron a la ciudad en sintonía con estos movimientos regeneracionistas, otorgando a la educación física un papel central en la formación de la ciudadanía.

En ese contexto, Armengol Sampérez destacó no solo como educador, sino también como impulsor del deporte organizado. Su compromiso quedó patente en 1936, cuando fue designado para encabezar una expedición de jóvenes atletas pacenses que participarían en las Olimpiadas Populares de Barcelona, un evento internacional promovido por organizaciones obreras y progresistas como alternativa a los Juegos Olímpicos de Berlín, organizados por la Alemania nazi.

Sampérez, militante de Izquierda Republicana y cercano a las ideas de Manuel Azaña, había sido además elegido compromisario por la circunscripción de Badajoz en las elecciones para la Presidencia de la República celebradas en la primavera de 1936. Su compromiso político y social era público y notorio.

El estallido del golpe de Estado entre el 18 y el 19 de julio de 1936 sorprendió a Armengol y a sus alumnos en plena expedición. Las Olimpiadas Populares fueron suspendidas y comenzó una peligrosa odisea para regresar a Badajoz en un país sumido en el caos. Con gran determinación, Sampérez logró conducir a los 16 jóvenes —algunos menores de edad— de Barcelona a Valencia, después a Madrid y finalmente a Badajoz, probablemente en uno de los últimos trenes que conectaron la capital con la ciudad antes de que las tropas sublevadas cortaran las comunicaciones.

Ya en Badajoz, y fiel a sus convicciones republicanas, Armengol se incorporó al Comité de Defensa de la Ciudad, junto a figuras como el alcalde Sinforiano Madroñero o el diputado Nicolás de Pablo. Sin embargo, ante la inminente caída de la ciudad en agosto de 1936, decidió huir a Portugal para salvar su vida.

La documentación histórica, recogida por el historiador Francisco Espinosa Maestre, confirma que Armengol Sampérez estuvo detenido en el Forte da Graça, en territorio portugués. Las circunstancias posteriores de su detención y entrega a las autoridades franquistas no están del todo claras, aunque todo apunta a una colaboración directa entre la policía política salazarista y los sublevados españoles, vulnerando el derecho internacional.

Lo cierto es que Armengol fue devuelto a Badajoz y asesinado sin juicio ni consejo de guerra. Su muerte figura registrada el 13 de octubre de 1936 en el Cementerio Municipal de San Juan, donde fue enterrado en el nicho 1236 del Departamento II, un lugar hoy perfectamente identificado.

La represión no terminó con su asesinato. Como ocurrió con tantos otros represaliados, el régimen franquista abrió posteriormente un expediente de responsabilidades políticas para embargar parte de sus bienes, castigando también a su familia. No sería hasta décadas después, ya en los años sesenta, cuando estas sanciones quedarían sin efecto.

Hoy, la recuperación de la figura de Armengol Sampérez busca devolverle el lugar que merece en la historia de Badajoz: el de un educador comprometido, un pionero del deporte y un ciudadano ejemplar cuya memoria fue injustamente silenciada. Su historia es también la de una ciudad y una generación truncadas por la violencia y la represión, pero que comienzan, poco a poco, a ser rescatadas del olvido.

 

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