La meditación, una aliada científica contra el estrés, la ansiedad y el envejecimiento cerebral
La meditación se está normalizando en la sociedad actual como respuesta al estrés, la ansiedad y los ritmos acelerados de vida

La colaboradora y monitora de yoga, Julia Porro / Cedida

Don Benito
La meditación deja de ser una práctica alternativa para consolidarse como una herramienta avalada por la ciencia. Así lo ha explicado Julia Porro en el espacio Ser Saludable, donde ha asegurado que esta práctica se está normalizando en la sociedad actual como respuesta al estrés, la ansiedad y los ritmos acelerados de vida.
Estudios de la Universidad de Harvard demuestran que la práctica regular de la meditación puede ralentizar el envejecimiento del cerebro e incluso favorecer su rejuvenecimiento, al actuar sobre estructuras relacionadas con el deterioro cognitivo.
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Los beneficios no se limitan al largo plazo. Investigaciones de universidades como Washington o Harvard señalan mejoras en la concentración, la atención y la memoria en apenas días o semanas de práctica continuada. En algunos casos, los cambios cerebrales se han observado tras solo cuatro días de meditación diaria.
La creatividad y la toma de decisiones también se ven reforzadas. Un estudio neurocientífico realizado en Holanda confirma mejoras tanto en el pensamiento creativo como en la capacidad de resolver problemas, aspectos clave en la vida personal y profesional.
En el plano emocional, la meditación contribuye a una mejor gestión de las emociones y al desarrollo de la inteligencia emocional. Investigaciones evidencian un aumento de la empatía, una mejora en las relaciones sociales y una mayor capacidad para responder de forma equilibrada ante situaciones emocionalmente exigentes.
Además, la ciencia respalda su eficacia frente a algunos de los grandes problemas de salud mental actuales. Estudios realizados concluyen que la meditación y el mindfulness reducen los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y son herramientas eficaces para prevenir y combatir la ansiedad, la depresión y el insomnio, incluso con resultados comparables a los tratamientos farmacológicos en algunos casos, siempre como terapia complementaria y bajo supervisión profesional.




