Los cines echan el cierre: ¿Cómo hemos pasado de las largas colas en las taquillas a las salas vacías?
Incluso a los grandes estrenos comerciales se les complica llenar las butacas, especialmente en ciudades pequeñas
Los cines echan el cierre: ¿Cómo hemos pasado de las largas colas en las taquillas a las salas vacías?
Lugo
¿Cuándo fue la última vez que recuerdas haber ido al cine y que la sala estuviese llena a rebosar? A estas alturas hasta a los estrenos de las películas más comerciales se les complica llenar todas las butacas. Lo más habitual, sobre todo en ciudades más pequeñas, es compartir espacio con solamente un puñado de personas. "Los cines viven hoy más de las palomitas que de las películas", opina Manuel Curiel, investigador y experto en cine lucense.
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El ejemplo de lo sucedido en la provincia de Lugo es buen reflejo de la tónica general: "Llegó a haber cerca de cuarenta cines abiertos a la vez". "Era el único servicio que había en todos los pueblos", explica Curiel, "y en las villas varios, como en Vilalba, que tenía dos". Explica que ir al cine era "ir al centro de la sociedad, la reunión de los vecinos en todos los pueblos".
"El cine lo fue todo", añade, "era el único atractivo cultural que teníamos y estaban todos a tope". Él mismo recuerda "las largas colas en el cine del Gran Teatro que "llegaban hasta la plaza de Santo Domingo", y las filas "inmensas" para entrar al cine Paz. En eso momento en la capital de la provincia funcionaban seis a la vez, y todos estaban llenos. Sin embargo, ahora las salas cierran: "Nos debemos a las plataformas y nada más".
Carta de despedida
En Viveiro, la empresa Cine donde no hay cine ha decidido echar el cierre. Alberto Fuentes, su gestor, traslada la noticia con pena: "No es plato de buen gusto, pero el año 2025 se vio que no iba bien y ya llega un momento en el que es insostenible". Decidieron que "no merece la pena" continuar como hasta ahora así que han tomado la determinación de parar.
En el caso de Viveiro, explica, siempre hubo "muchos altibajos" y, de hecho, "más bajos que altos". Aunque en 2019 y lo poco que pudieron abrir en el 2020 lograron un público estable, con la pandemia "todo eso se fue al garete". Desde entonces, cuenta, "no hemos hecho más que luchar y luchar".
En el caso de Viveiro, apunta, se trata de "un edificio bastante antiguo que necesita mantenimiento, una gestión deslocalizada que lo hace todo más complejo y que se encuentra un poco alejado". Todos son factores que contribuyen a la dificultad de mantenerlo abierto, pero el motivo principal lo tiene claro, y no es otro que "la falta de espectadores".
"Hemos puesto una carta de despedida en las redes sociales y mucha gente lo esta comentado, que venían al cine y la mayor parte de las veces estaban ellos solos", apunta. Lo que vienen identificado en el caso de Viveiro es que no logran una estabilidad que les mantenga a flote durante todo el año. "Lega el verano y funciona bien, en Semana Santa también, estas Navidades, de hecho, no ha ido mal", y aún así "hay muchísimos valles".
El diagnóstico de Alberto Fuentes con respecto a esta casuística tiene que ver con la fluctuación de población en la costa lucense. "Lo que hemos notado sobre todo", analiza, "es que el turismo se ha adentrado mucho en la forma de vivir de esta población y el cine, que necesita cierta estabilidad igual que cualquier negocio par poder sostenerse, no puede vivir solo de tres meses al año".
Sin embargo, todavía no tiran la toalla y van a mantener las instalaciones tal como están por un tiempo, por si algún interesado quiere coger el relevo. "Es un edificio muy grande", dice Fuentes, "y a lo mejor pueden ofrecerse en él más actividades". Cree además que sería más fácil de gestionar "para una persona que esté allí y no desde la distancia, como estábamos haciendo nosotros".
"Alguna persona nos ha escrito, pero todavía no sabemos nada", añade, y apunta que van a"dejar todo montado, con las máquinas listas para proyectar y todo lo demás, por un tiempo". Tanto desde Cine donde no hay cine como la propiedad del edificio se muestran ilusionados con que el cine de Viveiro pueda continuar proyectando películas. "La esperanza es lo último que se pierde", concluye.