Therians: una moda mínima convertida en un incendio social
Expertos alertan de un problema creado en el mundo digital que no representa ningún peligro real
Therians: una moda mínima convertida en un incendio social
Lugo
El fenómeno therian, que en los últimos días ha ocupado titulares, comentarios en redes y tertulias improvisadas en bares, está generando más ruido del que realmente existe en la calle. Y el foco vuelve a colocarse en los adolescentes.
En Lugo se convocó una quedada que a las pocas horas tuvo que cancelarse por, según los organizadores, existía un riesgo real de sufrir agresiones.
En Hoy por Hoy Lugo analizamos lo que realmente se esconde detrás de un problema creado y amplificado en el mundo digital que realmente poco o nada tiene que ver con lo que pasa más allá de las pantallas.
El fenómeno therian ha de estudiarse desde varios prismas para logran entender todas sus aristas, intereses escondidos y mensajes ocultos. La vertiente digital y tecnológica juega un papel clave en su estudio, pero también la psicológica y educativa.
Manolo Fernández, experto en tecnología e Iván Pico, psicólogo, explicaron que muchos de los elementos que han disparado la alarma social, como las supuestas quedadas simultáneas en varias ciudades, responden a dinámicas más virales que reales.
Según señalaron, no existen indicios de que exista una estructura organizada detrás de cada una de estas citas. Las supuestas convocatorias públicas parecen más un producto de la viralización accidental de un vídeo que un movimiento articulado.
El odio, más preocupante que la propia tendencia
Para Iván, la escena es clara: una primera quedada pequeña, un disfraz llamativo y un vídeo grabado por un transeúnte que acaba en TikTok. A partir de ahí, se activa la maquinaria habitual de las redes: hiperextensión del contenido, humor, burla, imitaciones y odio. El resultado es un fenómeno que parece masivo, pero que en realidad probablemente se reduce a grupos de seis o siete jóvenes.
Para la presidenta de la FAPACEL, Isabel Calvete, el problema del mundo therian no existe. "Desde las ANPAS tenemos problemas reales de los que ocuparnos, no que unos jóvenes se quieren disfrazar de perros. Reflexionemos más sobre los comentarios que reciben o las personas que se plantean agredirles", comentaba.
Si algo generó consenso fue, precisamente, esta reflexión de Calvete. El verdadero problema no son los adolescentes que juegan a identificarse con animales, sino la reacción social desproporcionada que están recibiendo.
Los mensajes de odio, las amenazas vistas en redes o incluso la cobertura mediática teñida de burla son, para los expertos, un síntoma inquietante. Isabel fue directa: "Lo grave es la incapacidad de una parte de la sociedad para no respetar".
Manolo añadió otro elemento: el odio funciona como estrategia de viralización. Cuanto más insulto, más reproducción, cuanta más burla, más debate vacío. Es, dijo, "una patología social que no refleja la realidad, sino una dinámica artificial que las redes premian".
Más allá del disfraz o del maquillaje, todos coincidieron en que el fenómeno habla de algo más profundo: la necesidad de pertenencia, especialmente en la adolescencia, a un grupo.
En un contexto donde las redes sustituyen a los espacios de socialización tradicionales, muchos jóvenes buscan sentirse parte de un algo. Para algunos, ese grupo es un fandom, un equipo, una estética. Para otros, puede ser un pequeño colectivo therian. Y eso, subrayó Iván, "no tiene porque ser un problema".
Cortinas de humo y discursos interesados
La mesa también alertó de un riesgo mayor: la instrumentalización política del fenómeno. Algunos discursos extremistas están aprovechando el ruido para construir un relato de "degeneración de la juventud" y mezclarlo interesadamente con debates sobre identidad de género, diversidad o derechos LGTB. Una mezcla, dijeron, "absolutamente falsa y peligrosa", pero útil para desviar la atención pública.
La conclusión común es nítida: no hay evidencia de un problema de salud mental colectivo ni de un movimiento peligroso. Sí existe, en cambio, una necesidad urgente de fortalecer el pensamiento crítico en jóvenes y adultos.
Sara Meijide
Redactora de Radio Lugo