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Reconocimiento facial, algoritmos y chats con IA: cómo afecta la tecnología a nuestra privacidad y derechos digitales

El posible regreso del reconocimiento facial de Meta, el poder invisible de los algoritmos y el uso judicial de los chats con IA reabren el debate sobre la protección real de nuestros datos personales

Derecho Digital: Reconocimiento facial, algoritmos y chats con IA

Derecho Digital: Reconocimiento facial, algoritmos y chats con IA

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A Coruña

Cada semana hablamos de tecnología en Derecho Digital con Víctor Salgado. También de privacidad, protección de datos y derechos digitales, porque el avance tecnológico no siempre va acompañado del mismo ritmo en garantías legales.

El debate vuelve a estar sobre la mesa con tres cuestiones clave: el posible regreso del reconocimiento facial de Meta, el poder de los algoritmos en nuestra vida cotidiana y una advertencia judicial sobre los chats con inteligencia artificial.

Meta y el regreso del reconocimiento facial

Meta ya tuvo problemas en el pasado con el uso del reconocimiento facial y ahora, según una información adelantada por The New York Times, estaría estudiando reactivar esta tecnología en sus gafas inteligentes.

El funcionamiento sería sencillo y, al mismo tiempo, inquietante: las gafas, equipadas con cámara, podrían identificar en tiempo real a una persona por la calle y vincular su rostro con perfiles en redes sociales. Bastaría con que alguien tuviera una cuenta activa o hubiera sido etiquetado en Facebook o Instagram para que terceros pudieran acceder a su nombre y a la información publicada.

El problema no es solo tecnológico, sino jurídico. Aunque la iniciativa afecte ahora a Estados Unidos, la experiencia demuestra que muchas innovaciones acaban llegando a Europa. Y la gran pregunta es inevitable: ¿qué ocurre con nuestra privacidad en espacios públicos si cualquiera puede identificarnos al instante?

Privacidad en espacios públicos: una frontera cada vez más difusa

El reconocimiento facial masivo cambia las reglas del juego. Hasta ahora, caminar por la calle implicaba un cierto anonimato práctico. Con estas herramientas, esa barrera desaparece.

La posibilidad de que cualquier persona pueda conocer tu identidad y acceder a tu información digital simplemente mirándote supone un impacto directo en la libertad individual. No se trata de alarmismo, sino de entender qué está en juego: la capacidad de movernos sin que nuestra identidad digital nos acompañe constantemente como una etiqueta visible.

Algoritmos que deciden por nosotros

Más allá del reconocimiento facial, existe otra realidad menos visible pero igual de determinante: los algoritmos que toman decisiones sobre nuestra vida.

Hoy intervienen en la concesión de créditos, en procesos de selección laboral, en el acceso a viviendas o incluso en la información que consumimos a diario. Son sistemas automatizados que clasifican, priorizan y valoran perfiles.

El problema surge cuando una decisión automatizada nos perjudica. ¿Cómo sabemos que ha sido un algoritmo? ¿Cómo impugnamos esa decisión? ¿Ante quién reclamamos?

Un informe reciente impulsado por Political Watch junto a varias organizaciones de derechos humanos digitales señala precisamente esa dificultad: el ciudadano no tiene claro cómo defenderse frente a decisiones automatizadas que puedan vulnerar sus derechos.

Un sistema complejo para el ciudadano

En España existen organismos encargados de supervisar distintos ámbitos: la Agencia Española de Protección de Datos, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial y, por supuesto, los tribunales.

Sin embargo, no existe una vía clara y sencilla para el ciudadano medio. No hay una ventanilla única que indique de forma comprensible dónde acudir en cada caso.

Además, se producen situaciones paradójicas: una empresa puede ser sancionada por un uso indebido del reconocimiento facial, pero si el afectado no reclama en plazo, pierde la posibilidad de ser indemnizado aunque la infracción esté acreditada. Son vacíos prácticos que futuras reformas deberían abordar.

Los chats con inteligencia artificial pueden llegar a juicio

A todo ello se suma una advertencia reciente procedente de Estados Unidos: un juez ha señalado que los chats con inteligencia artificial no están protegidos por el secreto profesional al mismo nivel que una conversación entre abogado y cliente.

Esto significa que, en un procedimiento judicial, una de las partes podría solicitar el acceso a esas conversaciones y utilizarlas como prueba. Lo que muchos usuarios perciben como un espacio privado de consulta puede no tener el mismo blindaje legal.

El mensaje es claro: lo que se comparte con una herramienta de inteligencia artificial podría, en determinadas circunstancias, volverse en contra del propio usuario.

Información y prudencia, no alarmismo

La conclusión no es dejar de usar tecnología, sino utilizarla con conocimiento. Pensar antes de compartir datos personales, revisar configuraciones de privacidad y acudir a profesionales cuando se trate de asuntos sensibles son medidas básicas de autoprotección.

La innovación seguirá avanzando. El desafío es garantizar que lo haga respetando la privacidad, la libertad y los derechos fundamentales. Porque en la era digital, entender qué está en juego es el primer paso para protegernos.

 

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