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¿Sabías que en Lugo conviven más de 126 nacionalidades?: "Los gallegos también fuimos un pueblo emigrante y eso ha formado nuestra personalidad"

La Rede Museística Provincial presenta un proyecto fotográfico que retrata esta diversidad de culturas tratando de recortar distancias entre ellas

¿Sabías que en Lugo conviven más de 126 nacionalidades?: "Los gallegos también fuimos un pueblo emigrante y la transmisión intercultural ha formado nuestra personalidad"

¿Sabías que en Lugo conviven más de 126 nacionalidades?: "Los gallegos también fuimos un pueblo emigrante y la transmisión intercultural ha formado nuestra personalidad"

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Lugo

Evelin Ruiz es fotógrafa y la creadora del proyecto '126+', que es el número de nacionalidades que conviven en Lugo, y que se enmarca dentro del programa 'Culturas en Diálogo'. Su título hace referencia al número de nacionalidades que hay registradas en el padrón de habitantes. El objetivo, explica la fotógrafa, es "mostrar la diversidad cultural" que hay en la provincia y la "riqueza cultural que tiene Lugo con todas estas nacionalidades que la habitan".

Ella misma llegó desde Cuba hace casi 20 años: "Es la ciudad de acogida que he escogido". En estas dos décadas ha visto "cómo ha cambiado Lugo", que ha pasado de ser "una ciudad relativamente pequeña a ser una ciudad multicultural", que es precisamente la realidad que inspira el proyecto.

Se trata de una serie de "retratos con luz proyectada". "Les pido a las personas que participan que traigan dos o tres fotos de su álbum familiar o del carrete de su móvil, que les muevan algo, que evoquen experiencias o emociones", explica. Usa un proyecto para reflejar esas imágenes sobre sus rostros, y entonces hace el retrato. "Normalmente se muestran muy agradecidos de poder mostrar un cachito de su historia", comenta.

Emigrantes retornados

Algunas de esas 126 nacionalidades retratadas en este proyecto mantienen con Galicia un camino de ida y vuelta desde hace décadas. Ana Beresiartua, de la asociación de Emigrantes Retornados Rioplatenses, que colabora en el proyecto, explica que este intercambio con Argentina "sigue existiendo a día de hoy y va en las dos direcciones". Ella misma asegura que, cuando comenta cuál es su país de origen, son muchos los que le responden que tienen un abuelo o un antepasado que emigró allí.

"Hay que reflexionar sobre que no hay tanta diferencia entre un gallego que se fue a la Argentina y un argentino que viene a Galicia", añade el investigador en historia contemporánea Marco Álvarez. "Hace poco conocí un matrimonio de personas jóvenes que vienen de allí", cuenta, "ella tiene pasaporte español, que dice que es gallega, y él no; realmente es imposible diferenciar sin saberlo".

Por este motivo, encuentra llamativo que "un pueblo migrante como fuimos los gallegos pueda tener rechazo a que la gente se mueva, más aún cuando nuestra personalidad está conformada en buena parte por esas transmisiones interculturales". Lo explica con un ejemplo: "La música de esas verbenas que son tan nuestras tiene mucho que ver con América, porque toda nuestra historia reciente está muy marcada por ese continente, que a su vez está muy marcado por Europa".

Apunta, además, un dato: "Hay 70.000 personas de la provincia de Lugo que están censadas fuera, que es como cinco veces el número de extranjeros que viven aquí". Entiende que los discursos racistas y el odio hacia los extranjeros están en buena medida motivados por "estar viviendo un momento de crisis" en el que "en lugar de buscar las causas reales la achacamos a una confrontación entre civilizaciones". "Reducimos la realidad social y económica a un Europa versus África, o América", concluye.

¿Se está produciendo una suplantación cultural?

Uno de los mensajes que incide en este rechazo al extranjero, es el de que el incremento de habitantes de diferentes nacionalidades puede terminar por suplantar la identidad propia del lugar que les recibe. Desde la otra perspectiva, los inmigrantes que abandonan su hogar para instalarse en un lugar nuevo, deben tratar de integrarse sin renunciar a su identidad.

Ibrahima Diambangburama, que llegó siendo menor de edad a Canarias en patera, y luego fue enviado a Burela, explica que "es complicado", pero que marcharse a otro país "no implica que vayas a olvidar el tuyo". Lo que tiene claro es que "poco a poco" hay que "adaptarse a las costumbres y la sociedad si vas a un país extranjero". Asegura que él lo vio claro "desde el primer día" que fue al colegio.

Para Jesús Iglesias, director de la Obra Social de las Hijas del Divino Celo, que gestionan el centro en el que vive Ibra, la clave está en "buscar un enriquecimiento mutuo". "Las personas inmigrantes también nos recuerdan cosas que hemos olvidado, como el reconocimiento mutuo y el apoyarse", reflexiona. Cree que "en nuestra sociedad, que es cada vez más somos individualista", nos recuerdan "algo que olvidamos": "Nosotros también fuimos un pueblo migrante, y esas comunidades gallegas en el exterior se unieron y se ayudaron, y también hicieron mucho por mantener su cultura, pero adaptándose a la de los países de acogida".

¿Qué aportan los inmigrantes?

Otra de los ataques más escuchados que estigmatizan a los inmigrantes es que viven de subvenciones de los gobiernos sin trabajar, o que vienen a delinquir. Sin embargo, Jesús Iglesias asegura desde su propia experiencia que la realidad es muy distinta.

"Estoy seguro de que hace treinta o cuarenta años, por ejemplo, en Alemania o en Suiza también podían decir que los gallegos iban allí para aprovecharse más que a aportar", reflexiona, comenta. Asegura que la población inmigrante "ya es imprescindible y hay sectores profesionales que no podemos sostener sin ellos.

"Puede haber una parte", continúa, "pero es una parte muy pequeña de la comunidad inmigrante, que se beneficia de las ayudas como puede hacerlo cualquier otra persona pero es en situaciones muy puntuales". Cree que esos mensajes están "manipulados" y responden "a determinados intereses políticos", pero no se corresponden con la verdad.

Las cifras respaldan sus palabras: "Las estadísticas dicen que el porcentaje de chavales inmigrantes que trabajan y estudian a la vez, desde los 18 años, es de ocho de cada diez, e incluso algunos empiezan antes con trabajos de verano". "Aportan a nuestro estado de bienestar desde mucho antes que las personas de aquí", concluye. Es el propio caso de Ibrahima: "Estoy estudiando, jugando al fútbol y trabajando a la vez, porque yo estoy aquí para mejorar, vine para cambiar mi vida".

 

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