Yo creo: Celta-4 Juventus-0
El día que la Vecchia Signora sufrió pánico escénico en Balaídos

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Vigo
Un partido son muchos a la vez, y todo se decide por pequeños detalles que trufan todo lo que uno planificó, lo que es imposible de prever y las malas o buenas decisiones que adopte el rival. Todo queda condicionado por los intangibles que puedan suceder. Basta con ver el Barcelona-Atlético de Madrid del pasado miércoles. El Barça dominaba, estaba tranquilo, apenas sufría y llegaba con bastante facilidad. Una mala decisión de Cubarsí dejó a su equipo con diez jugadores en el minuto 41. En esa misma acción acaba marcando de falta directa Julián Álvarez. En la segunda parte, del penalti que se come el árbitro a favor del Barcelona, que le costó la nevera hasta junio, llegó el 0-2 de Sorloth. Batallas dentro de la batalla. Un gol tempranero, una expulsión, la presión ambiental, un árbitro valiente… Si todo eso lo metemos en la coctelera del “Yo creo”, nos sale el Celta-Juventus.
El Celta había perdido 1-0 en el Stadio delle Alpi de Turín. Lo hizo injustamente porque mereció mucho más; tuvo ocasiones, pero faltó puntería. Un gol de Darko Kovačević había sido suficiente para que la todopoderosa Juventus de Ancelotti pudiese venir a Vigo relativamente tranquilos. Era la época del gol en campo contrario que vale doble y la Vecchia Signora valoraba muy positivamente llegar a Balaídos con una victoria y con la portería a cero, convencidos de que iban a marcar sí o sí. Aquel equipo con Van der Sar, Ferrara, Birindelli, Montero, Tudor, Oliseh, Tachinardi, Conte, Del Piero, Zidane, Maresca, Davids, Fonseca, Henry, Kovacevic o Inzaghi era una auténtica barbaridad. Todo un campeón de Europa que llegaba a Balaídos como para cumplir un trámite ante unos imberbes e inexpertos como los celestes.
Era un gigante al que el Celta convirtió en un molino de viento desde el minuto uno. Mejor dicho, desde el segundo 28. Gustavito López tiró un sombrero y buscó a Mostovoi en la frontal del área, pero caído a la izquierda. El ruso amagó para su pierna buena y se fue por línea de fondo. Lo normal hubiese sido un centro al área pequeña, pero Mostovoi se inventó un pase casi imposible al balcón del área. Allí aparece Makelele en una versión de llegador que pocas veces le habíamos visto (intangibles). Se saca un derechazo que se mete como un obús en la portería de Van der Sar. Segundo 28 y eliminatoria empatada. Empezaba otro partido muy diferente, en donde el factor ambiental también hizo mucho. Y eso que había un árbitro de garantías como era el escocés Hugh Dallas. Eso también nos benefició porque no se achicó ante un todopoderoso de Europa y fue consecuente con lo que vio. En apenas 28 segundos se pasó del “me reservo a Zidane y a Inzaghi para la Liga porque esto está casi hecho” al “cuidado que vienen”. Es cierto que el resultado es muy diferente al de Friburgo, eso está claro, pero tampoco la plantilla del conjunto bávaro tiene los nombres y el talento que tenía aquella de Ancelotti.
Pero en este tipo de partidos tiene que haber más cosas para que se pueda dar el milagro. Y ahí entra en acción el factor pasional y, a veces, casi irracional. El Celta fue agresivo en la presión, en el ritmo de partido, en el fútbol para someter al rival y, también, agresivo e intenso en muchas acciones. No se dejó amilanar porque ellos eran una constelación de estrellas. Y ahí entró el factor Juanfrán. En una discusión en su lateral izquierdo, el valenciano se encara con Antonio Conte, que se va a por él. Dallas solventa la acción con una amarilla para cada uno. Pero Juanfran seguía tirando de lo pasional e incluso llegó Davids a recriminarle su exceso de aceleración (sin malas artes) y también vio la amarilla. En dos minutos, Juanfran había logrado cargar con dos amarillas a dos pilares del centro del campo. Y esto fue decisivo porque el pique con Conte siguió y en una acción de banda de Juanfran, llega tarde el italiano y le zancadillea por detrás. Expulsión clara por segunda amarilla. Era el minuto 27. Los intangibles que tanto pesan. Y casi como en la del otro día, no en esa misma acción, pero poco después, córner a favor del Celta que saca Mostovoi en el primer palo; la peina muy bien Benny y, en medio de una indecisión entre portero y central, Birindelli intenta despejar, le pega el balón en la rodilla y se mete en la portería. Minuto 32 y la eliminatoria estaba volteada.
Pero todavía había peligro porque nadie podía dar por muerto a un equipo de tanta calidad, que iba líder de la Serie A y que solamente había perdido un partido contra el Lecce en todo el campeonato. Fue el único equipo que había sido capaz de meterle dos goles esa temporada. El segundo fue el Celta y no había dicho la última palabra.
Lejos de gestionar el resultado, el equipo de Víctor Fernández fue fiel a su estilo. Valiente, intenso y agresivo en ataque. Producto de esa capacidad de generar peligro, llegaron varias ocasiones que desbarató Van der Sar. Pero un partido es mucho en el mismo. Y antes del descanso, Montero, desquiciado por un Karpin que estaba superando por banda derecha una y otra vez, le suelta un codazo en la banda. Lo malo para él es que lo hizo justo al lado del asistente de Hugh Dallas. El escocés no se lo pensó y le sacó la roja directa al central uruguayo. El peso del escudo fue lo que llevó a Montero a pensar que nunca le iban a expulsar y menos cuando ya estaban con diez. Pero se encontraron con otro intangible, como fue un árbitro valiente.
Y en esa serie de catastróficas desdichas, poco después de la expulsión de Montero, en el arranque de la segunda parte, llegó el 3-0 de McCarthy. El pase de Karpin con el exterior a la espalda de los centrales fue una de esas delicatessen marca de la casa, pero el control se le va muy largo al surafricano. Sale Van der Sar a blocar tirándose al suelo, con la mala suerte de que resbala y casi sale del área. Esto le lleva a soltar el balón; se lo roba Benny y marca a puerta vacía.
Recapitulando los ingredientes de la receta de la brutalidad contra la Juve: gol en el primer minuto, autoexpulsión de Conte, autogol de Birindelli, expulsión de Montero y fallo gordo de Van der Sar. Todo eso se dio aquella noche para hacerla mágica.
Y por si había algún tipo de miedo de posible reacción tardía de la Vecchia Signora con Zidane e Inzaghi ya en el campo, el Celta defendió con el balón y Benny ponía la puntilla en el 68 después de otra gran jugada. Sorprendió Víctor con Celades de lateral derecho para generar desde allí. El andorrano metió un pase a banda a Revivo, que le devuelve la pared de chilena en el centro del campo. Le dejó toda la banda a Albert, que saca el centro; remató Gustavo López de cabeza, Van der Sar para, pero no bloca y el rechazo lo marca Benny. Era el cuatro cero y se daban dos nuevos intangibles: Gustavito rematando de cabeza y una mala parada del neerlandés. 4-0 y remontada espectacular. Sonó la Rianxeira y mensaje a los rivales del Celta que ya veían cómo no era casual aquellos locos celestes que se estaban cargando a campeones de Europa (Benfica, Juve, Liverpool o Aston Villa).

Jacobo Buceta
Periodista de Radio Vigo-Cadena Ser desde 1998. Director de Hoy por Hoy Vigo desde 2008 y narrador de...




