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Relaciones tóxicas: cómo detectarlas, por qué enganchan y qué hacer para salir

Por qué cada vez más personas caen en relaciones dañinas, cómo identificarlas a tiempo y qué pasos dar para salir sin volver a repetir el mismo patrón

Relaciones tóxicas: Lara Ferreiro, psicóloga

Relaciones tóxicas: Lara Ferreiro, psicóloga

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A Coruña

Las relaciones tóxicas forman parte de la experiencia vital de muchas personas, aunque no siempre se identifican a tiempo. La psicóloga Lara Ferreiro lo resume con un dato contundente: hasta el 80% de las mujeres han tenido, tienen o tendrán una relación de este tipo.

Detrás de estas dinámicas hay dependencia emocional, patrones aprendidos y una idealización del amor que, en muchos casos, acaba pasando factura.

De una relación tóxica a un cambio de vida

La propia historia de Lara Ferreiro explica bien cómo se inicia este camino. Con 22 años, se encontraba atrapada en una relación que le hacía sentir mal, sin entender por qué.

Había crecido en un entorno familiar con cariño, pero aun así desarrolló una fuerte dependencia emocional. Esa experiencia fue el detonante: dejó la ingeniería, rompió con su pareja y decidió estudiar psicología con un objetivo claro, ayudar a otras personas a salir de ese tipo de relaciones.

El cerebro también explica el enganche

Uno de los factores clave para entender por qué se mantienen estas relaciones está en el propio cerebro. Cuando nos vinculamos emocionalmente, especialmente en el caso de muchas mujeres, se liberan hormonas como la dopamina, la oxitocina o las endorfinas.

Ese cóctel químico refuerza el vínculo, incluso cuando la relación es dañina. A esto se suma el peso cultural: canciones, películas y mensajes que han idealizado durante décadas el amor dependiente, la media naranja o la idea de que sin la otra persona no somos nada.

Cuando el amor duele, algo no va bien

Detectar una relación tóxica no siempre es fácil desde dentro, pero hay una clave clara: cómo te hace sentir la otra persona.

Si la relación genera malestar constante, baja autoestima, inseguridad o aislamiento, es una señal de alerta. Muchas veces el cambio es progresivo: al principio todo es intenso y positivo, pero con el tiempo aparecen las críticas, la manipulación o el desgaste emocional.

En ese punto, muchas personas ya están enganchadas.

El refuerzo intermitente: la trampa invisible

Uno de los mecanismos más potentes que explican la dependencia emocional es el llamado refuerzo intermitente. La relación alterna momentos muy buenos con otros muy malos.

Ese vaivén genera una especie de adicción: el cerebro busca recuperar los momentos positivos, igual que ocurre con el juego o ciertas conductas adictivas. Por eso cuesta tanto salir, incluso cuando se es consciente del daño.

Romper el vínculo: un proceso, no un impulso

Salir de una relación tóxica no es una decisión que se resuelva de un día para otro. Requiere un proceso consciente.

El primer paso suele ser dejar de idealizar y ver la relación con claridad, poniendo el foco en lo que duele y no en lo que se echa de menos. A partir de ahí, muchas veces es necesario tomar distancia real, incluso contacto cero, para permitir que el cerebro se “desenganche”.

El acompañamiento profesional y el apoyo del entorno también juegan un papel fundamental, especialmente cuando la autoestima está deteriorada.

La autoestima, en el centro de todo

Hay una idea que atraviesa todo el proceso: la relación que tenemos con nosotros mismos condiciona la que aceptamos de los demás.

Las personas con una autoestima sólida tienden a poner límites antes. En cambio, cuando hay inseguridad o heridas emocionales previas, es más fácil normalizar conductas dañinas.

Por eso, más allá de la ruptura, el verdadero trabajo está en reconstruirse.

Cuando el problema está en uno mismo

No todas las personas en relaciones tóxicas son únicamente víctimas. También hay quien se reconoce en comportamientos como los celos, el control o la necesidad constante de validación.

En muchos casos, estas conductas tienen origen en experiencias pasadas o en miedos no resueltos. Detectarlo no es sencillo, pero es clave para no repetir patrones.

Jóvenes, control y nuevas formas de toxicidad

Uno de los aspectos que más preocupa a los expertos es cómo estas dinámicas están calando entre los más jóvenes.

En plena era digital, algunas conductas de control se están normalizando. Compartir la ubicación, revisar redes sociales o justificar el control como una forma de amor son prácticas cada vez más extendidas.

Lejos de ser una muestra de afecto, estas actitudes reflejan inseguridad y dependencia, aunque muchas veces se perciban como algo normal.

El peligro de no hacer duelo

Tras salir de una relación tóxica, muchas personas intentan pasar página rápidamente. Sin embargo, evitar el duelo suele tener consecuencias.

Sin ese proceso, es muy probable repetir el mismo tipo de relación. El duelo no solo implica tristeza, sino también aprendizaje, revisión de patrones y reconstrucción emocional.

Elegir bien también se aprende

No todas las personas que han vivido una relación tóxica están condenadas a repetirla. La clave está en el trabajo personal y en la capacidad de identificar qué tipo de vínculo se quiere construir.

Al final, no se trata solo de encontrar pareja, sino de saber elegirla. Y para eso, el primer paso siempre es el mismo: conocerse y cuidarse a uno mismo.

 

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