"Si conectar con el pasado y valorar a nuestros ancestros y sus luchas implica llevar taparrabo, pues lo llevamos, no pasa nada"
Hermelinda, Gloria y Flor son tres psicólogas y trabajadores sociales mayas que buscan en la historia de su pueblo "otra forma de estar en el mundo"
"Si conectar con el pasado y valorar a nuestros ancestros y sus luchas implica llevar taparrabo, pues lo llevamos, no pasa nada"
Lugo
"A lo largo del mundo hay un denominador común que es la violencia contra las mujeres", reflexiona Ana Torrón, portavoz de la Plataforma Feminista de Lugo. Y frente a esto, en cada lugar surgen también, en contraposición, redes de apoyo que tratan de ir en la dirección contraria. Es el caso de mujeres como Hermelinda, Gloria y Flor, tres mujeres mayas, de Guatemala, que forman parte de la asociación Kaqla.
Son psicólogas y trabajadoras sociales que combinan su formación con un regreso a sus raíces mayas y a la cultura milenaria de sus antepasados. Para lograr ese balance, tuvieron que "reaprender" y "reencontrarse", dice Hermelinda. "El racismo en el mundo ha sido muy fuerte, y nosotras como un pueblo milenario, el maya, lo vivimos bastante", continúa.
Esto provocó que se generase una desconexión colectiva con las raíces: "En una parte de nuestra historia nos perdimos, nos alienamos, por culpa de las manifestaciones de violencia racistas". Ellas se embarcaron en un camino de reaprendizaje para "volver a encontrar" su "esencia", buscando en este proceso "una alternativa frente al mundo actual".
"Todos tenemos esa necesidad de irnos deconstruyendo", añade Flor, "porque en la actualidad vivimos en un sistema que nos ha quitado esa riqueza que tenemos los seres humanos, que somos heterogéneos". Su visión vital parte de cuestionar qué es realmente el desarrollo: "Para nosotras es volver a nuestras tierras, volver a conectar con nosotras mismas y con esa sabiduría ancestral que todos los pueblos milenarios tenemos".
En ocasiones, este regreso a lo ancestral, a las raíces, se ve perseguido y es objeto de ataques racistas o, simplemente, reducido a un motivo de burla. "Hay quien piensa que la cultura maya se reduce a llevar taparrabos y nada más", manifiesta Gloria, que tiene claro cómo responder a ese tipo de afirmaciones: "Si volver a conectar con la tierra y no olvidar a nuestros ancestros y sus luchas, que nos han permitido que ahora seamos lo que somos, implica llevar taparrabo, pues lo llevamos, no pasa nada".
"Es mucho más que eso", añade, y asegura que para ellas es más importante "estar empoderadas y tratar de generar un estado de bienestar" que "la forma en la que nos ven desde fuera".
Plenitud de vida
Una de sus máximas es buscar la "plenitud de vida", y las tres explican a qué se refieren con tal cosa. "Nosotras creemos que para caminar uno tiene que saber a donde quiere llegar", apuntan," y para nosotras la plenitud de vida es un punto de llegada, pero no es un lugar estático ni permanente, sino una forma de estar en el mundo".
"Es una manera de ser y hacer" que implica la satisfacción de una serie de necesidades humanos como "que sean atendidos nuestros afectos, nuestra creatividad, nuestra libertad, nuestras identidades". En la búsqueda de formas de colmar estas cuestiones, creen, y la forma que cada cultura encuentra para ello, está "lo que nos hace diferentes" y la riqueza de la diversidad cultural.
Abordando esa plenitud de vida desde la perspectiva de género, una de sus líneas de trabajo desde la asociación trata de "desinstalar de la mente de mujeres muy vulnerabilizadas o violentadas" la idea de que "hemos venido al mundo a sufrir". "Creemos que la plenitud de vida, la alegría, el descanso, la paz, están en la otra dimensión y eso no es verdad, tenemos que buscarla en el aquí y el ahora", concluyen.
Los jóvenes son el presente
En su asociación trabajan mucho con las nuevas generaciones, porque son los que "pueden transformar el mundo y llevar esos cambios al futuro". "Nos dicen que los jóvenes somos el futuro del país, pero yo siempre digo que somos el presente", sentencia Flor, que considera además que son "un puente entre dos generaciones, la anterior y la que viene".