Adicción al trabajo: el problema invisible que crece en silencio
La adicción al trabajo, socialmente aceptada, esconde ansiedad, desgaste y un profundo desequilibrio personal que pocas veces se detecta a tiempo

La otra mirada: Adicción al trabajo
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A Coruña
En el A Coruña Opina sobre el absentismo laboral, decidimos abordar una cara menos evidente del mundo laboral. Si habitualmente se habla del absentismo, en esta ocasión pusimos el foco en el extremo contrario: la adicción al trabajo, un fenómeno real pero poco reconocido.
Para ello, conversamos con la psicóloga María Teresa Peña Tuñón, quien aportó una mirada clara y honesta sobre una conducta que, paradójicamente, suele estar bien vista.
Un problema que la sociedad no identifica
La adicción al trabajo tiene una particularidad que la diferencia de otras: cuenta con aprobación social. En un contexto donde la productividad y la eficiencia se valoran constantemente, trabajar en exceso no solo no se cuestiona, sino que se premia.
María Teresa Peña lo explica con claridad: el problema existe, pero rara vez se percibe como tal. Quien lo sufre experimenta ansiedad, falta de control o agotamiento, pero desde fuera puede parecer simplemente alguien comprometido o ejemplar. Eso hace que muy pocas personas acudan a consulta por este motivo.
Cuando el trabajo lo ocupa todo
El conflicto real suele aparecer en el entorno más cercano. Parejas, amigos o familiares son quienes primero detectan que algo no encaja: cancelaciones constantes, ausencia en momentos importantes o una incapacidad casi total para desconectar.
La persona adicta al trabajo no siempre es consciente del problema. Sin embargo, sí reconoce cierto malestar: dificultades para descansar, irritabilidad, sensación de culpa cuando no está produciendo y una vida completamente organizada en torno al rendimiento laboral.
Más allá de la responsabilidad: la pérdida de control
Trabajar muchas horas no implica necesariamente una adicción. La diferencia está en la capacidad de parar. En estos casos, aparece una necesidad compulsiva de seguir trabajando, incluso cuando la persona intenta limitar su jornada.
Esa falta de control, junto con la obsesión por el rendimiento, es una de las claves. Como explica la especialista, no se trata de voluntad, sino de una dinámica en la que el trabajo se convierte en la única vía para aliviar la ansiedad.
Autoexigencia, autoestima y refuerzo constante
Detrás de este comportamiento suele haber una combinación compleja: una autoexigencia muy elevada y una autoestima frágil. El valor personal se mide en función del rendimiento, lo que genera una dependencia emocional del trabajo.
A esto se suma un refuerzo continuo. En el entorno laboral, estas personas suelen ser valoradas, lo que perpetúa el problema. Son trabajadores eficaces, disponibles y resolutivos, pero a costa de su propio bienestar.
Consecuencias que van más allá del trabajo
Con el tiempo, el desgaste se hace evidente. El estrés sostenido puede derivar en el conocido síndrome de burnout, además de afectar al sueño, al sistema digestivo o al estado de ánimo.
La vida personal queda relegada, y el desequilibrio termina pasando factura tanto a nivel físico como psicológico.
Cómo abordar la adicción al trabajo
Desde la psicología, se trabaja este problema a través de enfoques como las terapias de tercera generación, que ponen el foco en la gestión emocional y en los valores personales.
El objetivo no es dejar de trabajar, sino recuperar el equilibrio. Para ello, es clave introducir espacios reales de descanso, reconectar con actividades gratificantes y aprender a tolerar la ansiedad sin recurrir al trabajo como única salida.
Un tema del que aún cuesta hablar
La adicción al trabajo sigue siendo, en gran medida, un tema tabú. No genera alarma social y muchas veces se disfraza de virtud. Sin embargo, sus consecuencias son reales.
Visibilizar este problema es un primer paso necesario. Porque, como recuerda María Teresa Peña, cuidar la salud mental también implica cuestionar aquello que, aunque esté bien visto, puede estar haciéndonos daño.




