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Los últimos milicianos

La Firma de El Garrancho

La Firma de El Garrancho: Los últimos milicianos

La Firma de El Garrancho: Los últimos milicianos

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Cartagena

'El Garrancho' es la voz de lo tradicional, rural y natural. Difunde con sabiduría los saberes de la zona oeste de Cartagena, rica en gentes y patrimonio cultural. A través de sus voces, nos acerca la historia, testimonios vivos de otros tiempos que no se han de olvidar. Su firma nos ilustra y nos acompaña en la SER, desde el ayer hasta el hoy:

Acaban de escuchar a Consuelo Rosique Roca, de “Los Ramones “, con 61 años de edad, nacida en el Jimenado, pedanía Pachequera del campo de Cartagena y a Pedro Martínez Solano, conocido como “El Chicharrón”, “nacío, criaó y engordaó” desde hace 70 años en Los Milicianos, diseminado cercano a la población de San Isidro, en la Diputación de La Magdalena del Oeste Cartagenero. Ya han podido oír de sus voces la explicación del origen de sus apodos y del topónimo del lugar donde habitan.

15-3-38. Pedro Martínez Diaz, padre de Pedro "El Chicharrón", en una fotografía que en su reverso lleva escrito a tinta: "Recuerdos de Guerra". Incorporaciones en el cuartel de Garay. Murcia. No se sabe con exactitud si el topónimo "Los Milicianos", caserío de la zona oeste , proviene de un episodio durante la guerra civil española o en otras épocas anteriores. / El Garrancho

Por su testimonio podemos deducir, que aquel caserío no fue ocupado por milicianos del Ejército Popular de la República, ya que la señora Josefa Solano Sevilla, (madre de Pedro), era una niña cuando sus mayores le contaban aquel relato que ya había sucedido y la guerra civil española sobrevino años después. Quién sabe si el suceso lo protagonizaron las milicias que se crearon durante la sublevación cantonal o durante las guerras Carlistas. El origen se pierde en el tiempo, pero el nombre otorgado popularmente al lugar permanece: Los Milicianos.

1964."Pedrín ", el segundo por la izq. fila inferior), junto a los compañeros del colegio de niños de San Isidro. poco tiempo dedicó a los estudios en su infancia, ya que su vocación era ayudar a su padre con el ganado. / El Garrancho

La infancia de Consuelo fue especialmente difícil. De juegos nada. Tenía 6 años cuando la apartaron de sus padres, porque padecían tuberculosis y se marchó a vivir con su abuelo y una tía invalida y soltera. Repartía las medias que zurcía su tía por las casas de sus clientas. Su padre falleció cuando ella tenía once años y hasta los quince no pudo regresar a vivir con su madre y tuvo que ponerse a trabajar en el campo para ayudarla. Recoger algodón, habas, lo que fuera. Tenía muchas ganas de seguir estudiando, pero no pudo ser.

Pedrín fue uno de aquellos niños que, a falta de juguetes, jugaba a los Rompis, que es como se denominaba en el habla cartagenera a los cromos y especialmente a los que se obtenían recortando las tapas de las cajas de cerillas. Consistía básicamente en lanzar una piedra plana para sacarlos de un círculo y apoderarse de ellos. De este juego proviene también nuestra expresión: ¡Cómo te pones por dos rompis!, cuando alguien se enfada sin motivo.

2022. Canalizaciones tradicionales, que dirigían las aguas subterráneas a la balsa vieja o del manantial. Hoy por hoy se encuentran en muchos tramos destruidas y en peligro extremo de perderse para siempre. Diputación de La Magdalena. Cartagena / El Garrancho

Acudió unos años al colegio de niños de San Isidro, pero pronto se dedicó a ayudar a su padre en las tareas del campo, especialmente con los animales, que desde crio han sido su pasión. Tenían ovejas, cabras y algunas vacas. Las tierras de Los Milicianos eran de secano, pero se aprovechaba el agua procedente de extensos canales subterráneos, con un sistema de respiraderos llamados lumbreras, cuya época de construcción se desconoce. El agua terminaba almacenándose en un sistema de antiguas balsas para regadío, que muchos utilizaban en épocas calurosas como zonas de baño refrescante, aunque algunos perdieran la ropa, tal y como nos cuenta él mismo. (Escuchar audio).

1990. Consuelo Rosique Roca, de “Los Rosiques" y su marido Pedro Martínez Solano, conocido como “El Chicharrón”, ordeñando vacas de su explotación ganadera en Los Milicianos. / el Garrancho

Pedro y Consuelo se conocieron en la mítica discoteca CAPRI de Torre Pacheco, templo de la fiesta y el ligoteo en la década de los 80, donde acudía gente de muchas poblaciones del campo de Cartagena. Se casaron en 1986 y se fueron a residir a Los Milicianos, junto con los padres de Pedro, que ya eran mayores. Se produjo el relevo generacional y decidieron ampliar el rebaño con unas 300 cabezas de cabras y realizar una inversión muy grande para tener sala de ordeño. Pero en los inicios del siglo XXI tras varias plagas de brucelosis bovina tuvieron que sacrificar la mayor parte de su ganado. En el año 2006, tras el retiro y jubilación de sus progenitores, se hizo cargo su hija Fina, actual heredera de la pequeña explotación agrícola y ganadera, que a sus treinta y cuatro años nos cuenta su experiencia. (escuchar audio)

2022. Terrenos de cultivo aledaños al caserío de los Milicianos. El cultivo intensivo se extiende en los últimos años sobre el antiguo secano, avanzando los plásticos y desapareciendo almendros, algarrobos y olivos, alterando profundamente el paisaje y la biodiversidad. / El Garrancho

Hoy por hoy las lumbreras, sus canalizaciones y la vetusta balsa vieja, patrimonio arquitectónico tradicional y cultural de nuestro oeste cartagenero, como en muchísimos otros casos, se encuentran tristemente abandonados a su suerte, deteriorándose y destruyéndose sin que

nadie ponga remedio, a pesar de los diversos planes y fondos para el desarrollo rural que manejan las administraciones públicas. El regadío y los cultivos intensivos van extendiéndose por gran parte del secano, sin control aparente, avanzando los plásticos y desapareciendo almendros, algarrobos y olivos, alterando profundamente el paisaje y la biodiversidad.

2022. Fina, junto a su padre en la explotación agrícola ganadera que mantiene al estilo tradicional. Ella es el relevo generacional de "los últimos milicianos", agricultores y ganaderos, que apuestan por un modelo sostenible y respetuoso con la naturaleza y el medio ambiente, a pesar del escaso apoyo que se les presta. / El Garrancho

Al menos nos queda la esperanza a través de ejemplos como el de Fina, heredera de los últimos milicianos, agricultores y ganaderos, que apuestan por un modelo sostenible y respetuoso con la naturaleza y el medio ambiente, a pesar del escaso apoyo que se les presta.

A ella y por extensión, a todos aquellas mujeres y hombres que tratan de mantener VIVO NUESTRO CAMPO, va dedicado una décima compuesta y cantada por Natalia Martín, (La niña de La Magdalena) como cierre de esta firma.

Aquí hoy mi verso elevo

por una buena vecina

esta hija se llama Fina

y es de sus padres relevo.

Al pensarlo me conmuevo

entre cabras y secanos

aun trabajan con sus manos,

y esta familia se aferra

a legar sana la tierra

del núcleo Los Milicianos.

Que tengan buen fin de semana radioescuchas de la SER de Cartagena

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