Para los agricultores de Cartagena Mercosur es la sentencia de un colectivo que ya no ve futuro para sus hijos en el campo
Juan Antonio Pérez advierte que el cierre de explotaciones será inevitable si Bruselas sigue priorizando los acuerdos políticos sobre la viabilidad económica de las familias rurales

Entrevista agricultor, Juan Antonio Pérez
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Cartagena
El sector primario de la Región de Murcia ha dicho basta. Tras años de lo que consideran políticas erráticas y una presión asfixiante, los agricultores volverán a tomar las carreteras el próximo 29 de enero. No es una protesta más; para muchos, como el agricultor Juan Antonio Pérez, se trata de un "penúltimo grito de supervivencia" ante un escenario que califican de catastrófico si se llega a ratificar el acuerdo con Mercosur en el Parlamento Europeo. La sensación en el Campo de Cartagena es de una vulnerabilidad absoluta frente a acuerdos comerciales que, según denuncian, sólo sirven para "golpear al sector primario español y europeo" mientras se favorece la entrada de productos que no juegan con las mismas reglas.
El principal caballo de batalla en esta movilización son las llamadas cláusulas espejo, una herramienta que el Gobierno presenta como garantía de igualdad pero que el sector tilda de papel mojado. Para Pérez, este mecanismo es "un engaño que intenta callarnos la boca" porque no especifica nada real ni puede obligar a terceros países a igualar los costes laborales, sanitarios o la carga impositiva que soportan los productores locales. El agricultor advierte que es "imposible competir" cuando a los costes de producción propios hay que añadirles seguros sociales, IVA y retenciones que en países competidores no existen, lo que está provocando que cultivos emblemáticos como el cítrico estén desapareciendo a un ritmo insostenible en la Vega Baja y la Región de Murcia.
La preocupación no es sólo económica, sino estratégica. El sector alerta de que Europa está poniendo en riesgo su soberanía alimentaria, una lección que debería haber quedado clara tras la pandemia. Juan Antonio Pérez plantea un escenario sombrío al asegurar que "si nosotros no producimos nuestro propio alimento" y dependemos de terceros países ante un conflicto bélico o una crisis global, las consecuencias serán desastrosas. El orden de caída ya parece estar escrito: primero la ganadería, seguida del cítrico, el secano y, finalmente, la hortícola, que de momento aguanta a duras penas la presión de mercados como el de Marruecos.
Lo más doloroso de esta realidad es el impacto en el relevo generacional. El sentimiento de desprotección es tal que incluso quienes llevan la agricultura en la sangre están disuadiendo a sus hijos de seguir sus pasos. "Yo les digo que terminen sus estudios y que aquí no se acerquen ni de broma", confiesa Pérez.
Sin embargo, frente a este panorama, surge la esperanza en la cohesión del sector. El próximo 29 de enero podría marcar un hito con una unidad histórica entre las grandes organizaciones agrarias y las pequeñas asociaciones que, hasta ahora, habían caminado por separado. Juan Antonio Pérez reconoce que, aunque la división ha sido un problema en el pasado, actualmente se están produciendo reuniones para dejar a un lado las diferencias y salir a la calle con una sola voz. Esta alianza sin fisuras entre grandes empresas y pequeños productores busca exigir políticas que hagan rentables las explotaciones, porque, como sentencian desde el sector, "las ayudas pueden estar hoy y mañana, pero si la actividad no es viable económicamente, el futuro a corto plazo es desaparecer".

Teresa García Navarro
Licenciada en Filología Hispánica y en Periodismo. Más de 30 años ligada a la comunicación. Comenzó...




