En el nombre de hoy, con José Miguel Rojo: 'La ley de hierro de Abascal'
Columna de opinión del politólogo y profesor de Ciencia Política y Opinión Pública de la UMU

En el nombre de hoy: 'La ley de hierro de Abascal'
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Murcia
En el nombre de hoy, 2 de marzo, hablamos de cómo funcionan los partidos. Casi al principio de cursar el Grado en Ciencias Políticas, descubres al sociólogo Robert Michels y empiezas a atisbar la existencia de cierta regularidad en la vida de los partidos. Ninguna organización partidista funciona de forma plenamente democrática. Nadie al interior de estos grupos apela a la democracia interna salvo cuando es purgado, un acto cínico que señala aún más la caída en desgracia. En los partidos nunca importó demasiado el procedimiento, sino el designio de una pequeña élite férrea que trata de eliminar a las facciones contestatarias.
La ley de hierro de la oligarquía de Bambú es la misma que aplicaron antes Ferraz, Génova o Podemos. La misma que aplican todos los partidos en todos los contextos. Quien antes defendió con empeño personal la causa y se mostró el más militante de todos puede pasar a ser un enemigo interno por una amistad inconveniente, una ambición excesiva, un derroche de pensamiento autónomo. Sorprende saber que quien habita estas organizaciones se sienta contrariado al sufrir su lógica burocrática, de la que antes se aprovechó para escalar. Sorprende la repentina reflexión sobre el riesgo del hiperliderazgo, de la deriva personalista que las formaciones populistas encarnan.
Sorprende saber que algunos líderes creen que existen más allá de la marca. Nunca fue así. En la democracia de partidos, los nombres son contingentes y el estado de alerta permanente. La maquinaria devora a quien se ponga por delante, porque como el capitalismo, necesita reproducirse constantemente sin importar las víctimas que deja por el camino. Las intrigas son el verdadero motor existencial de los militantes. A veces salen bien y otras acaban en juicio sumarísimo. Cuántos cafés y cenas dedicados a señalar a alguien sospechoso, alma libre, sembrando la duda sobre su continuidad.
Cuando uno estudia Ciencias Políticas comprende cómo funciona el mundo y ya casi nada le pilla de sorpresa. Las leyes sociales son regulares. La oligarquía siempre gana, la disidencia se conformará con hacer un poco de daño, la pírrica pataleta, pero la marca seguirá. Sobre todo cuando durante años se confió ciegamente en la capacidad mesiánica de su líder.
José Miguel Rojo




