La 'ingeniería' escolar de la Región completa con éxito el desafío de los fondos marinos en la tercera edición del reto 'CanGoDeep'
Los dispositivos diseñados por estudiantes de secundaria resisten la presión a casi 100 metros de profundidad en un programa, distinguido por la UNESCO, y que organiza CORI para fomentar las vocaciones oceánicas

La 'ingeniería' escolar de la Región completa con éxito el desafío de los fondos marinos en la tercera edición del reto 'CanGoDeep' / CORI

Cartagena
El Instituto Ben Arabí de Cartagena es uno de los seis institutos que ha participado en el Reto CanGoDeep, y lo ha hecho desde la primera edición. Una iniciativa del Centro Oceanográfico de Cartagena (CORI) que desafía a los estudiantes a sumergirse literalmente en la ciencia: diseñar un aparato capaz de bajar 100 metros, grabar vídeo durante 10 minutos y regresar por sí mismo a la superficie.

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“El proyecto ya tiene veteranía. Llevamos tres años acercando el océano a las aulas”, ha explicado Francisco López, fundador de CORI. “Fuimos a los institutos y les dijimos: tenéis que fabricar un dispositivo que baje, grabe y vuelva a subir. A priori parece sencillo, pero requiere mucha planificación y creatividad”.

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López ha destacado que “es un proyecto ilusionante y formativo”, que cuenta con el amparo de la UNESCO y con el apoyo “fundamental de la Armada Española, siempre con una sonrisa y una paciencia enorme con nosotros, que no somos militares”. También colaboran el Ayuntamiento de Cartagena, el Instituto Español de Oceanografía y empresas como MMM Academy o Yacht Port. “Todo esto es posible gracias al compromiso de muchas instituciones”, ha añadido.
Aprender bajo el agua
El profesor Alfonso Higuera, del IES Ben Arabí, participa en el reto desde su primera edición. “Mi amigo Francisco me lo propuso hace tres años y no lo dudé”, ha recordado. “Era un proyecto desafiante, pero sabía que podía ser muy motivador para los alumnos. Hacer un dispositivo que baje al mar, mida presión, temperatura y además grabe vídeo... es un sueño tecnológico para chavales de 15 años”.

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El docente ha subrayado que la experiencia “permite trabajar todas las competencias que se piden en la ESO: trabajo en equipo, búsqueda de soluciones, aprender a aprender… Todo se consigue de forma natural”.
Los equipos los forma él mismo dentro del aula: “Busco alumnos a los que les guste la programación, los retos, la tecnología. Este año son seis estudiantes de cuarto de ESO que lo han hecho fenomenal”, ha señalado orgulloso.
Vocación, curiosidad y salpas polizones
“Nos lo hemos pasado genial”, ha confesado Enrique Fernández, uno de los participantes. “Ha sido una experiencia increíble, porque no sólo te enfrentas a los problemas, también a las alegrías de ver que algo que ayer no funcionaba hoy sí lo hace. Es la magia de la tecnología”.

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Su compañero Álvaro Sánchez ha añadido entre risas que “lo más divertido fue cuando descubrimos que se había subido un polizón al submarino”. Al subir el dispositivo, cuentan, encontraron una pequeña criatura marina pegada al tubo de plástico: “Era una especie de babosa con una parte naranja. Luego Francisco nos explicó que era una salpa”, ha relatado Álvaro.
“Justo eso queríamos conseguir”, ha comentado López. “Que los chavales vivan en primera persona lo que es explorar el océano. No hacer una prueba en una piscina, sino sentir el viento, el oleaje, lo difícil que es mover 100 metros de cabo en un barco y recuperar el aparato sin que se enrede. Esa es la verdadera experiencia científica”.
Tecnología, errores y soluciones
Los jóvenes también aprendieron que los proyectos científicos incluyen tropiezos. “En la primera prueba se coló agua en el tubo y se estropeó un componente”, ha explicado Enrique. “Nos dimos cuenta de que las juntas no estaban bien apretadas. Lo arreglamos, lo probamos de nuevo en el tanque de la Armada y la segunda vez fue perfecto”.

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“Esa mezcla de error y aprendizaje rápido es una lección extraordinaria”, ha apuntado el profesor Higuera. “Lo solucionaron con ingenio y compromiso. Al día siguiente, cuando salieron al mar, todo funcionó bien”.
En cuanto a la estructura del dispositivo, los alumnos han recurrido a materiales accesibles y técnicas modernas. “Tiene un soporte de tubos de PVC y algunas piezas las imprimimos en 3D”, ha detallado Enrique. “Así podemos ajustar la forma, hacerlo más compacto y resistente y añadir luces LED o sistemas de lastrado”.
Entre la música y la ciencia
Además de científicos, los alumnos son músicos del conservatorio. “Son unos artistas completos”, ha bromeado el profesor. “Uno toca el saxofón y otro la guitarra. Ya les he dicho que el año que viene deberían hacer una banda CanGoDeep”.
Álvaro ha contado entre risas que, más que los aparatos, le ha gustado “colaborar con los compañeros, porque al final lo divertido es trabajar en grupo”. Enrique ha añadido: “Ha faltado tiempo para vernos más, pero lo poco que hemos coincidido lo hemos disfrutado mucho. Más que roces, nos han faltado roces”.

La 'ingeniería' escolar de la Región completa con éxito el desafío de los fondos marinos en la tercera edición del reto 'CanGoDeep' / CORI

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Francisco López ha celebrado además la incorporación de más chicas al proyecto: “Este año ha habido incluso un equipo formado íntegramente por alumnas. Poco a poco se rompen los estereotipos y eso es una maravilla”.
El océano como aula
“El primer paso para proteger el océano es acercarlo a la gente”, ha reflexionado el fundado de CORI. “Cuando un estudiante se sube a una zodiac, ve las olas, siente el viento y comprende la dificultad de lo que hace, mira al mar de otra manera. Eso es ciencia y conciencia a la vez”.
Desde CORI, el objetivo es extender el proyecto a más centros. “Queremos que participen institutos de toda la Región de Murcia, aunque eso significa más barcos, más pruebas y más trabajo logístico”, ha reconocido. “Pero merece la pena, porque esto no es una competición: es una aventura científica compartida”.
“El futuro está en ellos”, ha concluido el oceanógrafo. “Aquí, frente a Cartagena, tenemos un océano profundo lleno de vida y retos por explorar. Y ahora también tenemos una generación de jóvenes que ya sabe cómo asomarse a ese mundo con la cabeza, las manos y el corazón”.




