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Opinión

Macarena no se toca

La represión de la sexualidad y sus saludables manifestaciones produce monstruos, entre ellos una violencia enraizada en el odio hacia uno mismo

Tan pudorosa ella, con su melena azabache de virgen inmaculada, le tendió el libro a Moreno Bonilla porque no era capaz de leer la palabra masturbación en voz alta. Qué desfachatez, qué gran delito, contarles a los niños lo que es la reproducción humana, el deseo, el placer y los procesos fisiológicos naturales. Puede que en la mente sucia de la candidata aparezcan escenas de sesiones prácticas en colegios e institutos o que crea que el despertar de la sexualidad se produce repentinamente al llegar la mayoría de edad. Como performance hay que reconocerle cierto mérito. Al fin y al cabo, ¿no es la hipocresía y la doble moral teatrillo del malo?

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La represión de la sexualidad y sus saludables manifestaciones produce monstruos, entre ellos una violencia enraizada en el odio hacia uno mismo. El deseo y la búsqueda del placer son síntomas de vitalidad y negarlos, enterrarlos bajo absurdos tabúes y prohibiciones no hace más que crea conflictos con el propio sexo, primero, y con el del otro después. La masturbación no tiene más que ventajas: es gratis, no hace daño a nadie, permite conocerse a uno mismo, predispone al conocimiento del otro y desarrolla el músculo de las fantasías, tan importante en el sexo de los humanos como la parte física.

A qué edad empiezan a masturbarse los niños es algo que forma parte de su intimidad pero dado que a muchos se les regala un móvil por la primera comunión, es de una ingenuidad ridícula creer que a los diez no saben nada sobre el tema. Como si vivieran en la inopia virginal que pretendió instaurar el franquismo con su mala educación.

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