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'La ley de Teherán', la epidemia de las drogas en Irán en un apasionante thriller policial

Saeed Roustayi combina la acción y el juego psicológico en una cinta trepidante que examina las dinámicas del narcotráfico, la pena de muerte y la desesperanza en su país.

Fotograma de 'La ley de Teherán' / LA AVENTURA AUDIOVISUAL

Madrid

Con 32 años y tres películas, Saeed Roustayi se ha convertido en uno de los nuevos talentos que se rifan los festivales internacionales. Hace un mes compitió en la prestigiosa sección oficial de Cannes con Leila’s brothers, un retrato de las miserias y la picaresca en su país a través de un familia. Antes, en 2016, el director iraní debutó con Life and Day y en 2019 pasó por la sección Orizzonti de Venecia con La ley de Teherán, un potente thriller policial por el que estuvo nominado a los César, los Goya del cine francés.

En esta cinta aborda con crudeza y tensión uno de los tantos problemas que asolan a su país, el alto consumo de drogas. "Nuestro país tiene una posición my particular, desde el punto de vista histórico, desde el punto de vista político y desde el punto de vista geográfico. Ahora tiene también una importancia por el alto consumo de estupefacientes, nuestros vecinos, tanto Afganistán como Pakistán, son dos de los mayores productores de narcóticos del mundo. En los últimos años la adicción ha crecido muchísimo. Esta película no está basada en una sola historia, sino en la realidad social de un problema", explicaba el autor en la presentación de la película en el certamen.

El consumo de crack se ha disparado en los últimos años en Irán y ha ido sustituyendo paulatinamente al opio en las calles. El número de adictos ha pasado de un millón a más de seis y la mayoría de los toxicómanos no tiene un hogar o han formado pequeños poblados en las afueras de las grandes ciudades. Cuenta el director que cada día se consumen unas 10.000 toneladas de droga y que cualquiera pueda conseguirla en menos de tres minutos pese a las condenas, incluso a pena de muerte, por su posesión. Ya sean unos gramos o kilos. Estos datos forman parte de la investigación que realizó el propio Roustayi para un documental que nunca llegó a rodar, en su lugar apostó por el thriller y la acción a la americana pero con todo el espíritu del cine social y político iraní.

En La ley de Teherán hay poco tregua. El director imprime un ritmo trepidante desde las primeras secuencias, una espectacular persecución por las callejuelas de la ciudad y una redada en un asentamiento de drogadictos, hacinados entre grandes tubos de hormigón. El actor Payman Maadi, rostro conocido por el cine de Farhadi, como la premiada Nader y Simin, una separación, y que ya ha trabajado en Hollywood, interpreta a un policía, pendiente de un ascenso, obsesionado con cazar al capo de la droga. Una obsesión que le lleva a bordear la ley y a ir recorriendo todos los escalafones del narcotráfico, desde los drogadictos reales a los camellos y mandos intermedios.

"Había una dificultad en general para rodar, para hacer esta película durante algo más de cinco meses, y es que teníamos que lidiar con toxicómanos reales, con verdaderos adictos. No es fácil manejar a este tipo de actores no profesionales, eran personales de la calle. Para mi papel, el del policía, la parte más difícil era no pasar la línea roja, es un hombre muy particular y yo quería encarnar a un policía de verdad. Fue bastante agotador estar siempre en ese límite", expresaba el actor.

Hay registros, motines, explosiones, interrogatorios y una inmersión en los calabozos y en las dependencias policiales como un laberinto entre el mejor cine negro y la energía del thriller criminal. Una atmósfera asfixiante en la que Roustayi también recurre al juego psicológico cuando ese policía se encuentra cara a cara y negocia, a su modo, con el buscado narcotraficante, al que encarna con nepotismo y a la vez vulnerabilidad el actor Navid Mohammadzadeh.

El director utiliza la fuerza visual del thriller, la tensión y el nervio con la cámara y la testosterona de los protagonistas para armar una película apasionante que examina de forma panorámica a toda la sociedad. En La ley de Teherán se presenta la plaga de las drogas pero también la corrupción, las fallas judiciales, la pena de muerte, la marginalidad y la falta de progreso en un país cerrado al mundo pero cuyo cine abre ventanas, cada vez que puede, para que nos asomemos.

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