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Historia

'Snuff movies', el morbo por ver muertes reales en la gran pantalla

Desde el espectáculo en el anfiteatro romano a las ejecuciones públicas medievales la sociedad ha presenciado la muerte de otras personas, las ha vitoreado e incluso aplaudido

Si amanece nos vamos, 04-05h - 26/05/2022

56:22

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Ver y contemplar cómo matan a una persona es un fenómeno social atemporal, en el que el espectador, en cierto modo, se convierte en partícipe. Desde el espectáculo en el anfiteatro romano, donde en la arena y frente a un ferviente público morían esclavos, prisioneros, criminales, cristianos y gladiadores a las ejecuciones públicas medievales, la sociedad ha presenciado la muerte de otras personas, las ha vitoreado e incluso aplaudido. Con el paso del tiempo y la llegada de la modernidad la sociedad comenzó a ver la muerte de otras personas a través de las nuevas tecnologías.

Una de las primeras ocasiones es en las que se grabó la muerte fue en la película de Thomas Edison Electrocuting an Elephant (1903). Aunque en este caso no se trataba de la muerte de una persona, pero sí de un ser vivo, el público pudo ver una muerte real grabada por una cámara. A veces se trata de una grabación accidental como el caso de Abraham Zapruder, que grabó un vídeo casero en 8mm del asesinato del presidente de Estados Unidos J.F Kennedy (22 de noviembre de 1963, Dallas) sin ser consciente de que sus imágenes darían la vuelta al mundo. En otras ocasiones se trata de grabaciones intencionadas cuyo fin es la difusión para generar terror en la sociedad, como en el caso de los dos vídeos publicados en Facebook en julio de 2017, de soldados iraquíes ejecutando a miembros de ISIS. Y a veces se aprovecha una grabación para difundir, jactarse y celebrar la muerte de varias personas, como ocurrió con el vídeo de la emboscada a cuatro soldados americanos en Niger por parte ISIS el 4 de octubre de 2017 y que fue grabado por la cámara del casco de una de las víctimas.

Uno de los casos más impactantes, de una muerte prácticamente en directo, fue el de la niña Colombiana Omayra Sánchez. En 1985, las cámaras de televisión transmitían y grababan las últimas horas de vida de esta niña de 13 años, que tras la erupción del volcán Nevado del Ruiz, quedó atrapada bajo el lodo y los escombros de su casa. Durante casi 60 horas, lucho por sobrevivir, pero murió ante los ojos de periodistas de todo el mundo y ante una sociedad que fue espectadora de su lenta agonía. A pesar de que se pidió ayuda, nadie pudo rescatarla.

Hoy, la muerte en directo de otra persona se sigue viendo y consumiendo a través de diferentes medios, sobre todo digitales. En la era de la comunicación y de las nuevas tecnologías, Internet y las redes sociales son el lugar en el que se puede retransmitir cualquier acción o cualquier acto en tiempo real. El 30 de diciembre de 2016, Katelyn Nicole David, de 12 años de edad, transmitió en directo su suicidio desde su casa de Georgia. Días después el vídeo dio la vuelta al mundo y la policía no sabía ni qué hacer ni cómo para que se dejara de compartir en Facebook.

¿Por qué se consume este material tan extremadamente violento?

Responder a las preguntas de por qué se consume este material violento y por qué se comparte en Internet es otra cuestión las razones mayoritarias para visualizar este tipo de vídeos serían las siguientes: La fascinación y el interés que siente el ser humano ante el evento morboso que supone observar la muerte de otra persona, el placer pasivo y el alivio al observar la muerte o las lesiones que se provocan a otros sujetos, para obtener una respuesta emocional ante estados de ánimo aburridos, para lograr un fortalecimiento emocional y una adaptación al material violento a medida que aumenta su exposición, como parte de un proceso de desensibilización, fantasías violentas, que satisfacen a través del consumo de estos vídeos, ser conscientes de su propia mortalidad, llevando a cabo un cambio de actitud y de comportamiento, entumecimiento emocional y desprecio por la vida de los demás.

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