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París bien vale traicionar una promesa

Se estrena Promesas en París, protagonizada por Isabelle Huppert

Isabelle Huppert, protagonista de Promesas en París

Madrid

El cine francés retrata habitualmente, con total naturalidad y desde distintos puntos de vista la actividad política, tanto el trabajo de ministros, presidentes de la república o candidatos, como distintos escándalos y casos de corrupción. En las últimas semanas, por ejemplo, hemos visto El mundo de ayer, dirigida por Diastème, que nos situaba ante un posible triunfo de la extrema derecha en unas elecciones presidenciales. Promesas en París es una más de este género, pero con una particularidad: es una historia centrada en la política municipal.

Isabelle Huppert interpreta a Clémence Collombet, la alcaldesa de una de esas ciudades que han crecido en la periferia de París. Una alcaldesa que está en su segundo mandato; que no piensa presentarse nuevamente a la reelección y que antes de dejar la alcaldía quiere cumplir una de sus promesas electorales: reformar un bloque de viviendas que, con el paso del tiempo, se ha ido degradando. La alcaldesa tendrá que lidiar con la especulación inmobiliaria y con las pegas que le pone su propio partido. Además, le llega una oferta política muy difícil de rechazar: ser ministra. A cambio, tiene que olvidarse de cumplir esa promesa.

El director Thomas Kruithof, del que habíamos visto hace unos años su primer film, Testigo, protagonizado por François Cluzet, dirige este film político como si fuera un thriller. “Cuando comencé a investigar en el tema y a trabajar en el guion, me di cuenta de que en estas ciudades, los alcaldes y sus equipos trabajan en una crisis permanente; con una tensión y con una gran energía y rapidez en la gestión. Mi trabajo como director era hacer un thriller desde algo real. Una película de suspense que captara esta energía y esta tensión sin hacer trampas”, nos cuenta.

Isabelle Huppert y Reda Kateb, protagonistas de Promesas en París, en una escena de la película.

Al lado de Isabelle Huppert está otro gran actor francés, Reda Kateb, al que hemos visto, por ejemplo, en Un profeta de Jacques Audiard. Él interpreta al ayudante de esa alcaldesa, su mano derecha, pero que es también la voz de su conciencia. Esa voz que le dice que antes de sus ambiciones políticas tiene que cumplir con lo que prometió a sus vecinos. “La película trata de contar el trabajo de una política mostrando la realidad de su día a día y de su esfera más íntima”, nos cuenta Thomas Kruithof. “Yo quería que la película hablara de ambición; de una línea de conducta y también de integridad; de cómo una promesa que se hace a los ciudadanos es también una promesa que la alcaldesa, en este caso, se hace a sí misma. La película muestra la complejidad de algunas decisiones que esta política debe tomar y también de sus propias debilidades personales. Esto conforma el tipo de política en la que se ha convertido”.

En Promesas en París vemos lo mejor y lo peor de la política. Por un lado el deseo de mejorar la vida diaria de los conciudadanos. Por otro, los tejemanejes políticos; la incompatibilidad entre los pequeños proyectos municipales y la “gran política”, esa que se cuece en los salones de los verdaderos centros políticos de París. “París está muy cerca de estas ciudades periféricas y sin embargo la distancia con el poder político central está muy lejos”, afirma Thomas Kruithof. “Esto es trágico. La resolución de algunos problemas de estas ciudades está en las infraestructuras, los transportes, las carreteras, la vivienda. La vivienda es un tema central en la política municipal y, sin embargo, se habla muy poco de ella en la política nacional. Si no tienes una vivienda digna eso tiene impacto en la salud, en la educación, en la posibilidad de tener un empleo”.

Reda Kateb en una escena de Promesas en París

La realidad social de los barrios y las ciudades periféricas de París también la hemos visto en muchas películas, por ejemplo en Los Misierables, el film que en 2019 dirigió Ladj Ly. En Promesas en Paris Thomas Kruithof ha querido fijarse no en los más jóvenes sino en una generación anterior. “Tenía ganas de contar y de mostrar otra mirada de la periferia. Muchas y muy buenas películas hablan de la confrontación de la juventud con la policía. Yo no quería hablar de los jóvenes, quería hablar de sus padres y de sus abuelos”, dice.

Y, efectivamente, la película además de mostrar el precio de la ambición política retrata a toda una generación que se ha pasado la vida escuchando promesas, promesas que pocas veces se cumplen. Promesas que dependen de una voluntad política que muchas veces se decide lejos de las calles de su barrio o su ciudad. Ahí donde está el verdadero poder. En la capital. En París.

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