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'Thor: Love and Thunder': a Marvel le sienta bien más comedia y menos épica

Chris Hemsworth y Natalie Portman vuelven a encontrarse en una cinta divertida, romántica y colorista que dirige Taika Waititi y tiene a Christian Bale de villano ateo

Chris Hemsworth y Natalie Portman en 'Thor: Love and Thunder'. Photo by Jasin Boland. ©Marvel Studios 2022. All Rights Reserved. / Jasin Boland

Madrid

‘Thor’ se ha convertido en uno de los emblemas del universo cinematográfico de Marvel. Es el primer personaje de los cómics con cuatro películas propias a lo largo de una década y uno de los más queridos por los fans. Buena parte de la culpa la tiene Chris Hemsworth, el actor australiano ha sabido entender y hacer evolucionar al superhéroe con carisma, humor y autoconsciencia. También tiene mucho que ver la mano de un director como Taiki Waititi tras las dos irregulares y fatigosas entregas firmadas por Kenneth Branagh y Alan Taylor.

El autor de títulos como ‘Jojo Rabbit’ o ‘Lo que hacemos en las sombras’ encaja en el espíritu pop, gamberro y cómico que se le ha dado al personaje desde Ragnarok, la tercera entrega que precedió a la traca final de los Vengadores. El tándem creativo formado por ambos funciona pese a que las historias, como siempre, respetan el esquema clásico de este tipo de cine. Superhéroe, villano y salvar el/un mundo. La diferencia de ‘Thor’ es que nunca ha buscado cierta solemnidad o gravedad impostada, es un Dios terrenal, caótico e impulsivo -siempre gana, eso sí-.

Tras los sucesos de ‘Vengadores: Endgame’, ‘Thor’ se encuentra perdido, con la crisis de la mediana edad y sin un propósito claro por el que luchar. Ya ha superado la etapa de héroe fondón y borrachín, y vuelve a estar en forma para defender a su pueblo, asentado en un nuevo lugar tras la destrucción del reino de Asgard y la muerte de Odín. Así empieza esta nueva entrega, titulada ‘Love and thunder’, en la que tiene que lidiar con el amor, el deber y la acción. En esto tampoco inventa nada. La parte romántica ya había sido anunciada con el regreso de Natalie Portman a la saga. La actriz, que interpreta a la doctora Jane Foster (¿Jane Fonda? ¿Jodie Foster?, es el chiste recurrente), estaba desvinculada de Marvel tras sus últimas apariciones y aquí tiene la oportunidad de dejar de ser ‘la novia de’ y convertirse en la Poderosa Thor martillo en mano. Su vuelta sirve para poner a prueba al renacido Thor en su fragilidad emocional, su masculinidad y sus obligaciones.

Taika Waititi convenció rápidamente a la actriz para retomar el personaje y también sumó al proyecto a un villano de renombre, Christian Bale. Otra estrella, el mejor Batman, que esta saga añade a la lista tras contar en anteriores entregas con Cate Blanchett, Anthony Hopkins y seguir vacilando con un montón de cameos juguetones -Matt Damon, Chris Pratt y las voces originales de Guardianes de la Galaxia-. Al terrorífico Bale le reservan el prólogo para narrar cómo se convirtió en el Carnicero de Dioses y descubrir las motivaciones de este padre ateo y vengativo que amenaza el mundo. Es una especie de Voldemort de voz grave y con una misteriosa espada que obliga a Thor a emprender una guerra por varios universos sin que su oscuridad contamine el tono de la cinta.

Obviamente el desafío propicia la aventura espacial del superhéroe acompañado, en esta ocasión, de la ‘nueva’ Poderosa Thor, de Valkiria -interpretada por Tessa Thompson- y del divertido Korg -con voz del propio Waiti-. Hasta aquí la trama principal, por el camino algunos elementos interesantes y mucho ‘fan service’. De un lado, la presencia mitológica. Los superhéroes de hoy son herederos de deidades y figuras clásicas (mírese Caín y Abel con Loki) y en ‘Thor: Love and Thunder’ se encuentran los códigos de la nórdica con la herencia filosófica y cósmica de la griega. Más allá de la hilarante aparición de Russell Crowe como Zeus -el otro Dios del trueno- y el negacionismo místico del villano, el relato se acerca a la tragedia en el amor, la pérdida, el destino y la salvación. Los sacrificios y deberes del ejemplar héroe clásico pero sin pasarse de carga dramática. La conexión abre un nuevo frente -atención a escena poscréditos y nuevo fichaje- de intersección entre dos mundos que ya se habían tocado cinematográficamente -ahí está toda la retahíla de divagaciones de ‘Eternals’ y otras colisiones- pero que en el futuro mantendrán una relación más estrecha.

Y de otro lado, detrás de ese poso ligero y paródico con los dioses, el director y Chris Hemsworth son tan conscientes del material que tienen entre manos que saben manejar con ironía el tono del personaje. A los fans le sirven un héroe torpe y descarado, ocurrente y buenachón, patoso y resolutivo, con un cuerpo escultural que se presta a un fugaz desnudo para ser la comidilla de las redes sociales. Primero les hacen reír y luego llorar con el presumible final de una de las historias de amor preferidas por los seguidores de Marvel. Waititi propone un viaje psicodélico y pop con música machacona de Guns N' Roses y una macedonia visual de imágenes digitales que van del blanco y negro de un Nosferatu moderno a mundos arcoíris de Pandora. Y lo mejor es que ‘Thor’ nunca se toma a sí mismo del todo en serio. Y con Waititi huye de la épica y la grandilocuencia. Eso, en una película de puro entretenimiento, no es poca cosa.

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