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Sara Torres: "La falta de comunicación y de entender a otras generaciones es el temazo del feminismo hoy"

'Lo que hay' es la primera novela de Sara Torres. El duelo, la vulnerabilidad, el deseo, la culpa o el miedo atraviesan el libro y esta entrevista

Sara Torres: "La falta de comunicación y de entender a otras generaciones es el gran problema del feminismo hoy"

Sara Torres: "La falta de comunicación y de entender a otras generaciones es el gran problema del feminismo hoy"

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Sara Torres (Gijón, 1991) lleva años trabajando en el análisis del deseo, del cuerpo y del discurso. También investiga en torno a las escrituras posdiagnóstico de cáncer. Cuando Sara tenía 18 años, a su madre le diagnosticaron un cáncer terminal. Todo esto, que ha vivido y ha estudiado, lo ha volcado en su primera novela: 'Lo que hay', en Reservoir Books. Y lo que hay es el duelo, la vulnerabilidad, el deseo, la culpa o el miedo, sentimientos que surfean con belleza las páginas del libro. Sara es poeta y se nota.

Hay metáforas preciosas, como ese verderón que se refugia en el bolsillo, después de haberse golpeado contra los cristales. Ese ratón intentando salir de la bañera, esa palmera, un árbol que solo algo extremo puede llegar a partir. Aunque es tu primera prosa, hay mucha de la poesía que habías escrito antes.

Sí, esto era un poco la apuesta, porque era la única forma que sabía a la hora de escribir. Eran mis medios, a la hora de poner en palabras lo poético. Pero claro, obviamente, traer la poesía a lo narrativo es siempre un ejercicio donde tienes que aprender cierta elegancia y ciertos malabarismos, porque si sobrecargas una historia de poesía, no hay historia también. Entonces, encontrar el equilibrio fue la aventura de 'Lo que hay'.

El libro empieza así: "Mientras mamá moría, yo estaba haciendo el amor. La imagen me asombra y me perturba. Mi madre se iba y yo me agarraba algo desbocado, que persevera cuando lo que más amamos, lo que nos es más familiar, comienza a suspenderse y ya nos abandona". Se lo dedicas a tu madre, dice que estaba cansada de que su hija escribiera poesía, que no entendía a nadie y que te preguntaba en cada nuevo encuentro para cuando este best seller. ¿Es este el libro que le hubiera gustado a tu madre?

Yo creo que sí. Para mí lo que era importante, era escribir algo que fuese justo hacia mi madre y justo hacia otras mujeres que pueden haber estado en la misma situación. Y hacia sus hijas, que también viven en conflicto con las situaciones de las madres. Y mi madre era una persona súper directa, que te soltaba las cosas de cualquier manera y te quedabas fría. Y bastante valiente. Creo que a ella le hubiese gustado que las cosas se dijesen como se dicen aquí, también en voz alta y de forma valiente.

Sara, la protagonista, da clases en la universidad y se pregunta "no sé si alguien es capaz de no hablar de la vida, de su propia vida, cuando entra a dar una clase". Y yo te pregunto si alguien es capaz de no hablar de la vida, de su propia vida, cuando escribe, cuando escribe una novela

Yo creo que no, y desde luego no soy yo. Porque creo que, al final, la vida es la materia con la que trabajamos. Y es bellísimo también cuando pensamos en vivir como una composición, donde se pueden tomar ciertas decisiones, incluso estéticas y placenteras. Y desde luego, 'Lo que hay' tiene mucho de mi vida, porque el tiempo del duelo de la narradora coincide sincrónicamente con mi propio duelo por mi madre y está atravesada por todas las pasiones verdaderas que estuvieron en mi vida. Entonces, digamos que el material bruto, la piedra bruta es es lo real que me tocó vivir. Al mismo tiempo, a la hora de componer lo real, siempre hacemos ficción, ¿no? Incluso la memoria está haciendo ficción todo el rato. En cuanto decidimos contar esto de uno a lo otro, o cambiar el orden o quedarnos en silencio, justo ahí ya estamos haciendo ficción.

La madre de Sara, de la protagonista, muere el 6 de diciembre de 2019, justo antes de la pandemia de "ese virus conservador". ¿Ha sido un desahogo de tu luto?

La verdad es que sí, porque el duelo es como un período donde recibes muchas atenciones, pero las personas solemos tener miedo a lo que los cuerpos en duelo nos pueden contar, sobre todo si nos lo cuentan a la cara. Creo que es más fácil que nos lo cuenten en un libro porque nos pone nerviosas la vulnerabilidad de los demás. Vivimos en una sociedad donde la vulnerabilidad no se tiene que mostrar de forma abierta. Entonces creo que poder escribir es una suerte enorme para las personas que hacen duelos, porque ahí te permite hacer un trabajo de la psique y de reconfiguración de las emociones distinta.

Portada del libro 'Lo que hay', de Sara Torres / Reservoir Books

Hay una radiografía de muchos sentimientos. El miedo es uno de ellos. La culpa también atraviesa todo el libro desde que Sara es pequeña. "De pequeña me sentía culpable porque no tenía recursos para ayudar en casa" hasta que muere su madre y a ella le pilla haciendo el amor en un hotel en Barcelona, lejos de Asturias. Desde pequeña y hasta la muerte de su madre, "intento no caer en el error de buscar una explicación o algún culpable". ¿Se nos exige demasiado en esta sociedad o nos exigimos nosotras demasiado y cargamos con esa culpa siempre?

Tendría que ser compatible la exigencia con la ausencia de culpa. Creo que la culpa viene quizás más por una estructura más religiosa, más cristiana. En mi caso, yo me eduqué en colegios religiosos y creo que esto fue fundamental, porque aprendes este ejercicio de conciencia del volver sobre tus actos y valorarlos, que es muy bueno y es necesario para cuidarnos mutuamente. Es perfecto las personas que vuelven hacia atrás y consideran, pero son determinados cuerpos, generalmente los cuerpos feminizados, los que sufren más culpa. Feminizar un cuerpo es simplemente ponerlo en el lado pasivo de ese sistema y de la vida. Entonces creo que los cuerpos a los que nos feminizan, para poder ser aceptados, tendemos a tender a revisarnos constantemente, ver si somos suficientemente buenas, si lo hacemos suficientemente bien. Entonces creo que sí, que la exigencia para con el otro es importante y es importante que revisemos como somos y que proyectamos a las demás. Pero ojalá revisar sin la culpa, porque la culpa es una emoción que es una pasión triste, es destructiva, bloquea, no produce nada.

A propósito de lo de feminizar los cuerpos, quería entrar en la maternidad y la crianza, porque la madre de Sara es muy feminista, ha leído mucho, además, pero Sara dice que "las lecturas feministas que hacían una crítica a la maternidad concebida por los hombres como un espacio pasivo de entrega y de cuidados, no habían cambiado, sin embargo, su deseo de tener una madre madre, un refugio tranquilo al que volver y no uno que es trauma y conflictos" Cómo se lucha con esa dualidad.

Claro, es que es muy particular porque la madre de la narradora, su forma de relacionarse con el feminismo es que se lee los libros que tiene su hija por allá y entonces se los aplica. Y lo que no entiende, por ejemplo, es si su hija es feminista o dice que es feminista, por qué sigue hablando con su padre. Ella lo lleva todo al tema de su matrimonio fallido. El feminismo lo concentra absolutamente todo en torno a su propio trauma particular. Es un feminismo donde no se entienden del todo y esto es un tema que es un temazo de los feminismos hoy. La falta de comunicación, la incapacidad para entender desde dónde compañeras de otras generaciones están viviendo, sintiendo el feminismo. Entonces sí, yo creo que es un tema un poquito tremendo, porque en cuanto al ideal de madre también está implantado como la culpa, es como otro dispositivo cultural absolutamente implantado en la conciencia y el deseo de madre es al final significado como un derecho. No parece que todo cuerpo es nacido de madre, se dice, y por tanto tiene derecho a tener una figura que lo materne, como la Virgen María, absolutamente pura, absolutamente entregada y que ponga el vínculo de lo materno filial por encima, por ejemplo, de la rabia personal por un tema amoroso. Y eso la hija no lo entiende. Cómo puede ser que te vincules conmigo todo el rato, sacando las violencias que tienes hacia mi padre, en lugar de poner nuestro vínculo como a salvo por encima.

El miedo y el amor es otro de los temas que atraviesa también la novela el miedo al diagnóstico, el miedo a la enfermedad, el miedo al abandono, el miedo a la mirada demandante del otro. "A veces parece que el miedo y el amor son la misma cosa, un miedo insoportable a perder esa persona". Pero más adelante Sara reflexiona y dice que "es la angustia la que genera la sensación de que el amor y el miedo son lo mismo". Vivimos con miedo. En este libro aborda también el problema de la salud mental. Qué importante hacer como Sara y acudir al terapeuta para poder superar todos esos miedos que nos bloquean.

Yo creo que el miedo sí que hay que trabajarlo, sea con las amigas, con animalitos, con terapeutas, con una misma, no como sea. Pero el miedo es lo peor con lo que se puede vivir. Porque verdaderamente, igual que la culpa, es algo que paraliza la vida y nos aleja de la vida de forma salvaje. Ahora hay muchas cosas en la vida que nos meten miedo en el cuerpo. Y esta expresión es súper útil porque el miedo está precisamente en ese cuerpo que está constantemente en estado de alerta y que se lanza a una respuesta de alarma ante cualquier cosa. Entonces creo que, cuando por cosas de nuestro contexto se nos mete el miedo en el cuerpo, es fundamental identificarlo no como un rasgo de personalidad, sino como algo que cuando está muy cronificado, verdaderamente es un problema.

Hay un miedo también a la soledad. No siempre estamos solos, dice la madre de Sara. Y sobre todo en los peores momentos o cuando Sara se masturba. Consigue aliviar ese deseo, pero al final también le invade una sensación de estar más sola. Todavía no hemos aprendido a estar solos, que es distinto a sentirse solo.

Yo la verdad es que si te soy sincera, creo que acabo de aprender ahora porque me han lanzado a Passau, a un pequeño pueblo, aunque es una pequeña ciudad, muy lindo en Alemania. Y allá tengo una vida conventual donde estoy completamente sola la mayor parte del tiempo y tengo dos amigas en la oficina, que son maravillosas, pero son casi mi único vínculo con el mundo. Y al principio temía no dormir. Pensaba, Dios, me voy a mudar y voy a estar asustada. El miedo va a estar en mi cuerpo de nuevo, como desatada por una situación nueva. No hablo alemán, imagínate cómo de random. Entonces pensaba va a ser un infierno estar ahí. Y sí que tuve algunos días de parálisis, pero luego de pronto he empezado a apreciar tantísimo ser dueña de mi tiempo, como despertarme por la mañana y decidir mis gestos y decidir cómo me gestiono las lecturas, las comidas, como lo que quiero. Estoy con la perrita. Claro, eso no es estar sola, claro. Creo que también es ese punto. Hay que reconocer las compañías no humanas como compañías maravillosas que nos sostienen la vida.

El amor y el deseo. Aquí también hay varias reflexiones interesantes en el libro. El deseo es una fuerza que busca resolver el misterio del otro, su diferencia, su enigma. El deseo desea su propia extenuación. El amor es otra cosa. Tiene que ver con la familiaridad, del reconocimiento y la vida. Tú has indagado toda tu vida en esto del amor y el deseo?

Sí, ese es mi tema. El deseo. Es que siempre reivindico que el deseo hay que estudiarlo y hay que ir a mirarlo también, porque, si lo ponemos ahí como si fuese una fuerza natural misteriosa, se convierte en un espacio ideológico que asumimos sin mirada crítica. Y es peligrosísimo porque el capitalismo cognitivo en el que vivimos, pasa por el deseo en todo momento y por educar el deseo para que los cuerpos trabajen sin forzarles. Entonces, entender cómo se estructura el deseo desde la infancia, a través de imágenes, fantasías, discursos, nos da las herramientas, no para vivir fuera del deseo normativo completamente, pero sí para experimentar, para entender dónde algo es norma, dónde algo es propio y lo propio es una expresión dentro de la norma.

¿Y cómo se educa en la infancia, en el deseo? Hoy que parece que todo está amenazado por una supuesta ideologización y que parece que es mejor no sentir y dejar las emociones y sentimientos fuera de la escuela. ¿Cómo se educa a los niños en el deseo?

Creo que es muy complicado, porque si se hablase del deseo en la escuela, habría que hablar ya de cómo se limita el deseo de la gente. Y es duro, ¿no? Nadie quiere reconocer que vivimos en un mundo que nos limita al deseo. Queremos vivir en la ilusión de que estamos eligiendo todo el día y que elegimos exactamente aquello que queremos y no lo que quiere como un orden de las cosas que nos precede. Entonces creo que pasaría por el trabajo crítico, que tampoco es que se desarrolle muchísimo en el colegio en los primeros años, a veces hasta la universidad. A veces sí. He tenido profesoras en el instituto que sí, que eran mujeres muy críticas y te enseñaban ese clic del pensamiento. Pero bueno, es un clic que ojalá estuviese desde el principio.

Sara es lesbiana y también hay una reflexión en el libro sobre la monogamia y la homosexualidad. "Salir del armario de la monogamia acaba por resultar más incómodo que salir de la heterosexualidad obligatoria". ¿Esto es así?

Yo creo que sí. Y el problema es cuando ya has vivido equis años saliendo cada día del armario, cuando alguien te mira y no te interpela como lesbiana y te interpela ya como heterosexual. Es como una violencia que cada día tienes que negociar. Es como no, no, te voy a contar quién soy. Ese revelar quién soy. Creo que el tema de una situación relacional no monógama es de nuevo como un salir del armario que genera esa incomodidad en el cuerpo de tu interlocutor, que te genera a ti también de vuelta otra incomodidad y al final es como ansiedad compartida. Y obviamente todo está cambiando, especialmente en nuestros círculos queridos. Pero tenemos ventaja. Nuestros círculos queridos feministas de nuestras amigas no son el espacio mundo ancho.

Dice el dramaturgo Paco Zaranda que hoy achucha más la palabra poesía, que la palabra cáncer. ¿Estás de acuerdo?

En direcciones distintas. Desde luego, la palabra cáncer es una de las palabras clave para el miedo colectivo. Y tiene muchas significaciones negativas y algunas positivas que están llevadas mal al lugar de lo heroico. Entonces, el cáncer sí asusta. Desde luego, la palabra poesía asusta y sobre todo, corta el rollo. Y este cortar el rollo es tremendo porque implica que corta el deseo, porque aparece con significaciones de inaccesibilidad, pesadez, dificultad, cuando en realidad lo poético, que no ya tanto la poesía, la expresión poética en cualquier modo expresivo, para mí implica que hay una posibilidad creativa a nivel del concepto e imagen. Por lo tanto, es la única forma revolucionaria dentro del lenguaje. La expresión poética. Lo poético implica una incisión dentro de lo simbólico heredado, que abre una vía de expresión nueva. Es poner elementos también juntos que no te esperabas antes. Entonces, creo que lo poético significa espacio de libertad dentro de lo representacional. Y esto que se signifique como corta rollos, aburrido, inaccesible, también es una herramienta de control que le quita a las personas la capacidad creativa dentro de su propio uso del lenguaje. Así que políticamente habría que reivindicarla, ¿no?

También se aborda la naturaleza política del cáncer y cómo viven el cáncer las mujeres en ese contexto. Esa experiencia con ese doctor, que quiere reconstruir inmediatamente su pecho, que quiere "devolverle la feminidad a la mujer". Cómo miran los hombres a las mujeres enfermas, cómo se muestran las mujeres enfermas a los hombres que aman, cómo las mujeres también ocultan su cuerpo. Sobre esto también tú has indagado, estás estudiando mucho. Qué conclusiones sacas.

La principal, que es tristísimo que cuando atravesamos algo tan fundamental y transformador como una enfermedad como el cáncer, estemos preocupadas en nuestra imagen y en seguir siendo deseables. Sii pensamos que un cuerpo que está pasando algo tan bestial como un diagnóstico, que ya te deja la identidad totalmente asustada, te mete el terror, un diagnóstico, luego los tratamientos, que son muy invasivos y muy transformadores y te dejan agotada. Pues que en todo esto, lo que te tenga que preocupar más es si sigues estando guapa o si sigue siendo deseable... y aun ni siquiera deseable, sino soportable para la mirada del otro... ¿Va a aguantar esta corporalidad la mirada del otro? ¿Qué tengo que hacer gustar? De nuevo limpiar, dignificar, arreglar este cuerpo para que no asuste al otro, que el trabajo sea para la mirada del otro de nuevo, en un momento así, ya lo dice todo.

Y al final asusta. En el libro dices que la mayor parte de la mayoría de las mujeres que sufren cáncer de pecho, al final acaban viéndose abandonadas por los hombres que no son capaces de superar ese miedo a que ese cuerpo no es el que siempre he conocido. Esto es brutal.

Esto no lo sabía hasta que una amiga, que se estaba formando en Londres, me lo contó. Me dijo que a ella la preparaban para que esto fuese una opción muy viable, que las parejas se rompiesen después de un momento así no es raro. En la medida en la que el cáncer mete miedo en el cuerpo, no es sólo de las personas que lo padecen, sino también de las que están alrededor. Porque de pronto lo que le pasa a la narradora, la idea de que un cuerpo amado pueda sufrir tanto, te deja a ti al mismo nivel de posibilidad. Como todos los cuerpos. Potencialmente enfermamos todos. No hay nada que te diferencie. Entonces, si eres un poco empática, también te asustas. Creo que, por un lado, tiene sentido con la cultura que tenemos, que no visibiliza las transformaciones corporales no voluntarias. Nos traumatiza el cambio físico y, por tanto, entiendo que haya un trauma que te separe del otro. También el miedo a que muera a veces te separa del otro aunque no muera, que es lo que le pasa a la narradora. Y por otro lado, pues creo que es tremendo también, no sé, que basemos nuestras relaciones sobre promesas imposibles.

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