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Lukas Dhont, el 'niño' prodigio del cine europeo: "Pedro Almodóvar me enseñó otra forma de mirar"

El director belga ganó el Gran Premio del Jurado en Cannes con su segunda película, 'Close', una historia hermosa y conmovedora sobre la amistad de dos niños marcados por la mirada ajena

Lukas Dhont en el Festival de Cannes. (Photo by Laurent KOFFEL/Gamma-Rapho via Getty Images) / Laurent KOFFEL

Madrid

Con solo 31 años, Lukas Dhont se ha convertido en uno de los autores con más proyección del cine europeo. El director belga combina una sensibilidad especial con una mirada política a los cuerpos y una puesta en escena poética. Con su primera película, 'Girl', ganó la Cámara de Oro en Cannes y estuvo nominado a los Globos de Oro y a los premios del cine europeo. 'Close' es su segundo film, una película con hechuras de obra mayor que conquistó el Gran Premio del Jurado en el certamen más importante del mundo y está en la carrera de los Oscar. Si en su debut exploraba el deseo de una chica trans de ser bailarina, en esta historia narra la amistad de dos niños de 13 años, inocentes y distraídos, que al llegar al colegio después de las vacaciones veraniegas sufren el examen ajeno, la mirada de otros compañeros que etiquetan su relación.

Con delicadeza e inteligencia, el cineasta va retratando cómo los niños toman distancia, acuden al deporte como espacio de reafirmación masculina y se van alejando para encajar en los roles socialmente asignados. Dhont muestra de manera sutil las dinámicas opresoras en la adolescencia, la violencia, la pérdida de la inocencia y la gestión de la culpa. Lo hace de forma elegante y luminosa, conjugando el uso de rimas y metáforas (los campos de flores, la equipación de hockey, los juegos al escondite...) con la naturalidad de los actores noveles. El trabajo de Eden Dambrine, un niño desbordado y sin herramientas para gestionar esa situación, es poderoso y asombroso. Le acompañan en el reparto Gustav De Waele, el otro chico debutante, y Émilie Dequenne y Léa Drucker en el papel de madres. El cine de Lukas Dhont está conectado con los trabajos de autoras como Céline Sciamma, por sus retratos íntimos de la identidad sexual, pero también con el de una nueva generación de cineastas, como Carla Simón o la belga Laura Wandel, por su tratamiento de la infancia y su acercamiento documental para capturar la verdad de las emociones.

¿Cómo y cuándo surge la idea de esta película?

La idea surgió de un libro llamado 'Deep Secrets: Boys’ Friendships and the Crisis of Connection', escrito por Niobe Way, una psicóloga de Nueva York. Ella siguió la vida de 150 niños durante más de cinco años. A los 13 años les pidió que hablasen sobre sus amistades masculinas y ellos hablaban de la relación con sus amigos como si fueran historias de amor. Utilizaban un lenguaje emotivo, vulnerable y tierno. Y a los 16, 17 o 18 años, le volvió a hacer las mismas preguntas a los mismos chicos, y se dio cuenta de que, de repente, estos chicos ya no se atrevían a hablar con el mismo vocabulario emocional ¿Qué había pasado en ese tiempo para que esos chicos pensasen que ese tipo de lenguaje ya no les servía? Cuando leí eso, me sentí muy conectado con esos niños, a pesar de haber crecido en otro ambiente, porque yo también, a una edad temprana, tenía esas conexiones hermosas, íntimas y sensuales. Y de pronto empecé a tener miedo por amor, empecé a temer porque en el mundo ese tipo de conexión se analiza inmediatamente a través de la lente de la sexualidad.

Es decir, la historia tiene también una vinculación personal

Sí, ese fue el comienzo, cuando leí todos esos testimonios, pero pensé que también había algo muy personal, que había algo que estaba muy relacionado con mi identidad queer. Quizás no se trataba de mi sexualidad, sino de que fuera un niño, al igual que todos esos chicos que en sus testimonios decían sentir lo mismo. Esa fue la clave para empezar a hacer esta película. Sabía que quería mostrar una conexión tierna, sensual y hermosa entre niños, y que eso se vería interrumpido por una sociedad que inmediatamente quiere categorizar y etiquetar el amor y, por lo tanto, sofocarlo también a veces.

Hay dos ideas muy interesantes en la película. Una es la cuestión de la identidad y su construcción a través de los ojos de los demás, especialmente en la infancia

Todos los seres humanos, cuando llegamos al patio del colegio, nos enfrentamos al microcosmos de una sociedad muy vertical, una sociedad que está dividida en grupos, algunos más igualitarios que otros. Y todos estos grupos vienen con sus códigos, sus normas y sus expectativas, eso es algo compartido para todos nosotros. Yo era un joven para quien el cuerpo en el que nací me dictaba cosas que tenía que cumplir, pero sentía que no podía. Durante mucho tiempo, intenté estar a la altura de esos estándares y creo que tanto en ‘Girl’ como en ‘Close’ atacamos la idea de un estereotipo. Atacamos la idea de una especie de representación icónica de la feminidad y, en este caso, de la masculinidad.

La otra idea es el deporte como espacio de reafirmación masculina

Sí, este chico siente esa sensación y quiere pertenecer a un grupo y, por lo tanto, desaparecer. Cuando se mueve con esa equipación de hockey sobre hielo, lo que es hermoso en cierto sentido, se siente poderoso porque de repente se vuelve como los demás. Todos son pájaros negros, como una bandada por toda la pista de hielo. Y ya ni siquiera podemos verlo. Se trata de la violencia de la confirmación. No quiere decir que el deporte no sea increíblemente hermoso, o elegante incluso, puede ser increíblemente coreográfico, pero en nuestras películas lo usamos para expresar cómo el individuo puede perderse en un grupo. Pasó con ‘Girl’ en la escena del ballet, donde solo quería desaparecer entre las chicas. Y aquí pasa en la pista deportiva porque este chico, con esa máscara puesta, desaparece entre los demás niños. De hecho, en la segunda mitad de la película, este disfraz adquiere otra tonalidad porque, de repente, se convierte en un peso que lleva consigo. Se trata de una armadura en la que está atrapado, a través de la cual nada puede entrar y nada puede doler. Ya no es capaz de expresar o no quiere expresar nada. Y ahí también se ve el disfraz que muchos de nosotros nos ponemos. Los adultos también llevamos máscaras. El deporte está ahí por muchas razones, principalmente por la idea de disfraz, y también por el significado de la máscara que se trata a lo largo de la película y de forma muy literal en el hockey.

Eden Dambrine es el protagonista de 'Close' / VÉRTIGO FILMS

La conexión entre los niños protagonistas es mágica, ¿cuál es el secreto para crear esa intimidad en pantalla?

Yo fui a una escuela de cine que combinaba documental y ficción. Cuando era joven y hacía películas, siempre hacía documentales. Eso me hizo aprender mucho sobre cómo quería hacer ficción porque hay un poder especial de escucha y de observación en el documental, necesitas capturarlo todo.

¿Y el trabajo con los niños?

El reparto joven leyó el guion solo una vez porque quería que supieran todo lo que había en la película. Quería no solo que los eligiéramos a ellos, sino que también ellos nos eligieran a nosotros. Por eso hablamos mucho sobre la masculinidad, son dos chicos jóvenes que están creciendo, hablamos mucho sobre la amistad, porque está en el centro de sus vidas. Ellos ya han sentido el poder de la amistad, pero también su fragilidad. Pronto se dieron cuenta de que conectaban entre ellos. Por supuesto tenemos métodos, pasamos mucho tiempo juntos pero nunca ensayamos ninguna escena en concreto. Lo que hicimos fue ir a la playa, hornear tortitas, comer tortillas, estar juntos y luego ir presentándole al equipo y al reparto de la película poco a poco, no todos a la vez, para que cuando vinieran al set nada fuera nuevo para ellos y se sintieran cómodos. Y lo que ocurre en el momento de ensayar es que a veces hablamos sobre un personaje de manera muy informal, por qué razón haría esto o lo otro, y cuando llegamos al set, ellos ya tienen la confianza de haber reunido todas esas piezas para saber de qué trata la película sin tener que ser demasiado formales ni hablar de ella.

Lo más importante que hacemos al pasar todos esos momentos diarios juntos es construir una conexión, generar confianza y crear un espacio de confort. Esos tres factores son necesarios para que luego puedan ser tan vulnerables y tan auténticos en el set. Otra cosa que ayuda es que no les doy ningún texto para que se aprendan. No tienen que venir al set y leer textos para mí. Hay una escena en la que Léo y Rémi están en la cama, y Léo empieza a narrar un cuento porque no se pueden dormir. En el guion es una historia hermosa, metafórica, escrita por dos escritores, sobre un agujero negro y un niño que cae en él. Y Eden Dambrine, el protagonista, me dijo, yo nunca diría algo así. Es él quien tiene 13 años, sabe cómo lo puede decir, y quiero que sienta que está autorizado a convertirse en coautor de la historia. Cuando le escuché su forma de contar la historia, me di cuenta de que había entendido toda la película. Esa es también la belleza de permitir estas situaciones.

En la película también está presente la violencia pero la muestras de una forma poética, ¿cómo decidiste qué mostrar y qué no?

La imaginación es una parte importante de la película. Está presente en la primera parte de la película y, por supuesto, también está muy vinculada a la infancia cuando inventamos todas estas cosas que ocurren a nuestro alrededor y jugamos en esos mundos imaginarios. La imaginación está en el corazón de la película, al menos temáticamente, pero también de cara al público. No subestimo la imaginación del público porque creo que a veces nuestra imaginación puede ser mucho más poderosa y mucho más fuerte que la concreción de una imagen, especialmente cuando se trata la violencia. Para nosotros era importante no solo hablar de las flores, sino también de las sombras. Y para mí, es importante abordar el tema de la violencia porque está en la sociedad en la que vivimos, pero no quiero crear imágenes violentas. Con ese enfoque intentamos alejarnos y podemos hablar de ello sin tener que representarlo. La idea del impacto de la violencia era algo que nos intrigaba y fue clave para que pudiéramos abordarla sin mostrarla.

Viendo la película, me recordó al cine de Céline Sciamma, ¿cuál son tus referentes?

Adoro a Céline Sciamma. Me encantan sus obras. Es una de esas directoras que hace visible lo invisible. Y por eso me gusta. También admiro, por ejemplo, a Sebastian Lifshitz, un documentalista que también hace ficción, para mí siempre han sido la misma cosa. Me encanta Pedro Almodóvar. Es un director con el que crecí, me mostró otra forma de mirar y es alguien que me hizo sentir visto. Me encanta Wong Kar-wai, Andrea Arnold, Chantal Akerman, Yorgos Lanthimos... Son autores que crean unos universos propios muy específicos pero nos cogen de la mano y nos embarcan en su mundo.

Los niños Eden Dambrine y Gustav de Waele / VÉRTIGO FILMS

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