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Juan Francisco Fuentes: "En un sistema en crisis, a los jóvenes de hoy les faltan referentes y les sobran redes sociales"

El catedrático de Historia nos presenta 'La generación perdida', un libro que nace de una encuesta sobre la juventud de 1929 que hizo el diario El Sol. Analizamos todas las inquietudes e ideas de los jóvenes de aquellos "felices años 20" y las comparamos con la generación de hoy

Juan Francisco Fuentes: "En un sistema en crisis, a los jóvenes de hoy les faltan referentes y les sobran redes sociales"

Juan Francisco Fuentes: "En un sistema en crisis, a los jóvenes de hoy les faltan referentes y les sobran redes sociales"

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¿Cómo fue la década de los años 20 del siglo pasado? Para muchos es conocida como "los felices y locos años 20". Esto se debe sobre todo al institucionalizado sueño americano, a los avances tecnológicos dentro y fuera del hogar, también a la música y a los bailes asociados. Sin embargo, en Europa en general y en España en particular no fueron tan felices. Habíamos salido de la Gran Guerra y "aunque España no entró en la guerra, la guerra sí entró en España". Es lo que podemos leer en 'La Generación Perdida. Una encuesta sobre la juventud de 1929', que el catedrático de Historia de la Universidad Complutense, Juan Francisco Fuentes, acaba de publicar con la editorial Taurus.

Portada de 'La generación perdida' / Taurus

'La generación perdida' aborda la mirada que los jóvenes de 1929 tenían de su tiempo y del porvenir. A través de una encuesta publicada por el diario El Sol, el libro trata de contextualizar el momento histórico y posteriormente desvela el futuro de algunos de esos jóvenes. Un futuro predecible en algunos casos, imprevisible en otros, pero futuros que siempre transcurrieron por unos derroteros muy diferentes de los que se habían imaginado esos jóvenes unos años antes. Expectativas y frustraciones, algo inherente a cualquier generación, por eso queremos saber por qué esa era una generación perdida, si no lo son todas de alguna manera.

Las miradas que esos jóvenes tenían entonces, además, no distan en muchos casos de las que tienen los jóvenes de hoy, un siglo más tarde, en materia cultural, política o en las relaciones amorosas. Todo ello lo analizamos con el historiador en esta entrevista.

¿Qué relevancia tiene esta encuesta, Juan Francisco ,para poder analizarla no solo ahora en este libro, sino también para que corriesen ríos de tinta en aquella época?

Es un momento en el que la juventud se pone de moda, es un momento de esplendor cultural, periodístico también. Proliferan los periódicos, las tiradas de los periódicos aumentan, aparece la radio, coinciden dos o tres generaciones intelectuales muy potentes y esas élites culturales, mediáticas y políticas en alza quieren saber cómo son los jóvenes, porque tienen un protagonismo que probablemente no habían tenido, por lo menos en las últimas décadas. Y de ahí el carácter noticioso de esa encuesta y el interés que tiene en saber qué piensan los jóvenes en ese moment, que se percibe como de cambio. Pero ¿cambio hacia dónde?

No hay una encuesta anterior que sepamos.

De este tipo no, sí hay alguna encuesta de carácter literario, artístico, que lanza alguna revista de la época sobre qué piensan los jóvenes escritores o los jóvenes artistas. Esa nueva generación de artistas y escritores será la generación del 27, que yo digo que son los hermanos mayores de estos jóvenes.

Aquí participaron muchos jóvenes. Son muchas las respuestas recogidas desde el inicio del libro. Te fijas en un caso en concreto que es el de Matilde Ucelay, que firmará sus opiniones como M.U.. La primera arquitecta de España. ¿Por qué en este caso en concreto?

Primero, porque fue la primera respuesta que encontré y la encontré por casualidad. En segundo lugar, porque le he dedicado tiempo en mis clases, no mucho tiempo cada curso, pero sí en todos los cursos. Una clase de introducción a la España del siglo XX. Y luego, claro, por la por la edad, porque es la más joven de todas y también por su perfil. A pesar de su edad, demuestra unas opiniones muy maduras, ingenuas también en algún sentido, pero muy maduras, muy bien expresadas. Y eso era algo que llamaba mucho la atención a mis alumnos.

Esta encuesta no se dirige solamente a los intelectuales, pero es verdad que quienes responden tienen un nivel intelectual un poco más elevado que el de la media. En un país que, aunque avanzó mucho en la década de los 20 hacia la alfabetización, todavía había grandes cotas de analfabetismo. ¿Podríamos decir que eran generaciones más preparadas que las de hoy o la encuesta tenía un sesgo también muy importante?

Es un poco más complicado. En primer lugar, la encuesta se dirige a los lectores de El Sol, a los lectores jóvenes. Es un periódico de alto nivel intelectual. A pesar de que no es el de más tirada, tiene 80.000 ejemplares, que es una buena tirada para la época y no digamos para la actual. Y por otro lado, es una encuesta que va dirigida a un público que responde bastante al perfil del periódico. ¿Están más preparados? Bueno, son jóvenes con una evidente formación, una formación tal vez superior en muchas cosas, en lecturas, por ejemplo, a los jóvenes universitarios actuales. Y entre los que contestan, por lo menos aquellos cuyas respuestas y biografías conocemos, digamos que hay dos perfiles distintos: uno el de jóvenes más o menos vinculados a una élite social y cultural, que podemos relacionar con la Institución Libre Enseñanza y, por tanto, con un nivel cultural estimable. Y por otro lado, los jóvenes, no voy a decir autodidactas, que algunos sí lo pueden ser, pero sí de origen más humilde y que han llegado a equipararse a los de condición social más elevada a base de esfuerzo. Entonces, lo que sí hay que distinguir es lo siguiente respecto a la situación actual: el nivel de analfabetismo era todavía alto, superaba el 30%. Pero en general, la gente que sabía leer leía y leía buena prensa y buena literatura.

Una de las inquietudes precisamente de los jóvenes es el sistema educativo, el cómo se enseña. No sólo lo que se enseña, sino cómo se imparte la educación. ¿Hemos cumplido esas expectativas que tenían?

Bueno, evidentemente la historia de la educación en España ha ido un poco en esa dirección, sobre todo en los últimos años, hacia una educación fundamentalmente laica, una educación basada más en el aprendizaje que la memorización, en formas más naturales de aprendizaje. Y de nuevo, ha habido un giro pedagógico claramente que en cierta forma se corresponde con aquello que defendía la Institución Libre de Enseñanza. Ahora, ese modelo educativo indudablemente funcionaba con familias que tenían un alto nivel educativo. Por ejemplo, la madre de Matilde Ucelay era una gran aficionada al teatro, era amiga de Valle-Inclán, de Lorca. Tenían una buena biblioteca. El padre era abogado. La cuestión es si ese modelo se puede generalizar.

Hay debates que se abren en este libro, que un siglo después siguen abiertos. Por ejemplo, el de la educación sexual. A juzgar por las opiniones de los encuestados, ya estaba sobre la mesa en aquel momento, pero prácticamente 100 años después sigue sobre la mesa.

Bueno, yo creo lo que llama la atención no es que hoy siga sobre la mesa, sino que en aquel momento arrancara un debate que hasta entonces o era tabú o simplemente no existía. Y arranca con una enorme fuerza. Es una de las preguntas constantes y hay testimonios más o menos recurrentes sobre la cuestión de satisfacción en general sobre la educación o la no educación que han recibido en ese terreno. Y eso me parece muy sintomático, de la fuerza con la que aparece hasta esta generación y el marco mora,l cultural, el sistema de valores, el hedonismo que predomina en la época. Y en eso sí se percibe el espíritu de los felices 20 más que en el resto de Europa, por una razón, porque España no participó en la Primera Guerra Mundial y por lo tanto no tenía a su alrededor, no tenía en la vida cotidiana en el sur, las ruinas de la guerra, los desastres, la guerra, los mutilados de la guerra, la percepción constante del coste humano de la guerra.

Otro de los debates es también el del amor y el divorcio, que aparece ahí. No sé si pudo tener algo de influencia la Generación de escritoras del 98, pioneras del feminismo.

Sí, es verdad que es una reivindicación más femenina que masculina, probablemente, y de hecho lo es. Uno de los grandes rasgos de esta nueva modernidad es que tiene que ver con la vida privada, con las costumbres, con la sexualidad, con la familia, con el concepto de matrimonio. Pero el concepto de feminismo, que aparece constantemente en las respuestas de chicos y chicas en esta encuesta, es un feminismo que hoy probablemente resultaría difícil de reconocer como tal. POrque aunque evidentemente se plantea un gran cambio, una ruptura respecto a la familia tradicional y al matrimonio familiar tradicional y al papel de la mujer, todo eso, en todo caso, se desarrolla dentro del marco del concepto de familia y de matrimonio. Es decir, es verdad que la reivindicación del divorcio puede parecer, pero se plantea en relación con el matrimonio y por lo tanto lo que no se concibe es una vida familiar o conyugal o una relación de pareja fuera del matrimonio.

Aquella generación empeñó su futuro. O desde luego no fue como preveía, de libertad y avances sociales. Y este texto deja un trasfondo, como pone de relieve el propio título, que fue una generación perdida, que es un concepto que desde hace años también salta de nuevo a los titulares cada cierto tiempo. ¿Cada generación se cree perdida?

Eso es un poco la idea que yo defiendo en el ensayo introductorio. El concepto de fracaso es inherente al concepto de generación. Esto puede parecer un tópico recurrente del que convendría escapar. Pero yo lo hago mío, porque, efectivamente, la noción de generación lleva a esa percepción que tienen quienes se identifican o corresponden a un determinado tramo de edad o a las vivencias de unos años y esa sensación de fracaso. Yo creo que se entiende fácilmente., es fruto del contraste entre las ilusiones que tuvieron y las realidades que alcanzaron. Y en ese sentido, aquí se puede hablar de generación perdida, porque el contraste es abismal.

Y en ese mismo sentido, ¿todas las generaciones creen estar protagonizando una ruptura con la generación anterior?

Creo que sí, que forma parte de la experiencia de la modernidad. Desde luego es una experiencia y una forma de vivir la propia vida, muy siglo XX, muy contemporánea. Pero desde luego, claramente se percibe ya en el siglo XIX. Yo creo que el primer gran choque generacional se produce con el romanticismo y el romanticismo es precisamente eso. Es una respuesta virulenta en términos culturales, de choque cultural, de rebelión contra una serie de principios, de valores que el liberalismo estableció más o menos pronto en Europa y parte de América a partir de finales del siglo XVIII. Y es de nuevo el contraste entre la utopía liberal y la realidad que ha creado el liberalismo.

A propósito de ruptura con lo anterior, nos decía el filósofo Paul B. Preciado que esta generación está viviendo la mayor revolución en 500 años, gracias a la lucha social y política de los cuerpos, eliminando las fronteras entre géneros, desmontando el sistema binario. ¿Es esta la gran revolución del feminismo hoy?

Bueno, creo que es así, pero hay que tener en cuenta una cosa y es que este nuevo feminismo llena el vacío que ha dejado, que han dejado eso que antes se llamaba los grandes relatos. Es decir, que había una serie de ideologías que explicaban el mundo, que explicaban el mundo moderno, como el liberalismo o el marxismo, que se consideraban en parte cuestionadas, en parte superadas. El marxismo, por ejemplo, tenía una visión explicativa del mundo, digamos, muy compacta, y el problema es que la crisis de esa visión dejó una falta de interpretación que han llenado distintas alternativas ideológicas, intelectuales, fundamentalmente identitarias. Es decir, que frente a una sociedad dividida en dos clases, no hay nada más simple que eso. Han surgido distintas identidades que han llenado el vacío que dejó el viejo relato marxista.

A propósito de la sociedad dividida en dos clases, las dos Españas, esas dos almas que conviven en este país. Una de las preguntas que se hace en esa encuesta es la patria, ¿que es el sentimiento de patria para estos jóvenes?

Bueno, en general rechazan sobre todo cuando se les pregunta directamente su opinión sobre los nuevos nacionalismos, muy de moda después de la Primera Guerra Mundial, en el periodo entreguerras. La crisis ideológica del período de entreguerras no ha hecho más que empezar. La crisis del 29 va a ser la tumba del liberalismo económico y político en la mayor parte de Europa. Frente a los nacionalismos, que se identifican con los fascismos, lo que reivindican estos jóvenes, en su mayor parte, es algún tipo de internacionalismo, de cosmopolitismo, que supere una noción que consideran perniciosa, como es la idea de nación que defienden estos movimientos, es decir, la nación identitaria. El siglo XIX es el gran siglo de la nación. Pero no había nacionalismos propiamente dichos y de hecho la palabra prácticamente no se usaba, porque es la nación política creada por el liberalismo, es la nación de los ciudadanos. Lo que irrumpe en el cambio de siglo es el nacionalismo que gira en torno a la nación identitaria y que deriva sobre todo en los movimientos totalitarios, en los fascismos. Y como respuesta a esa oleada de nacionalismos, la alternativa cosmopolita, internacionalista o europeísta es muy fuerte en estos chicos, la defensa de los Estados Unidos de Europa como una alternativa a los efectos más devastadores de los nacionalismos. Porque consideran, con razón, que a la Primera Guerra Mundial, a la Gran Guerra, la única hasta entonces, se había llegado por culpa de los nacionalismos y que a una Segunda Guerra Mundial se llegaría también por culpa de los nacionalismos. La patria es otra cosa. Tiene que ver más con los sentimientos, las emociones, los paisajes, como dicen algunos de estos chicos. También dicen que la generación anterior había interpretado mal la patria. Por lo tanto, están forjando su propia idea de patria, que no tiene nada que ver con el nacionalismo.

¿Y puede haber cierto paralelismo entre aquellos años 20 y estos de ahora con los totalitarismos, los nacionalismos, la guerra?

Hombre, con ese dramatismo, desde luego que no. Yo el paralelismo lo veo entre los años 20 y los años 60. Después de los años 20 vinieron los años 30, que son años de crisis, de crisis económica, de crisis general. Después de los años 60 vinieron los años 70, que fueron años de crisis, crisis económica y también crisis general, aunque sin las consecuencias tan dramáticas de la crisis de los años 30. Por lo tanto, si buscamos un paralelismo entre dos épocas, siempre lo podemos encontrar, pero entre esta y aquella a mí me parece un poco forzado.

¿Y qué crees que saldría de esta encuesta si se realizase? Como profesor, ¿cómo ves a las generaciones de la llamada generación de cristal?

A mí me anima mucho ver su interés por este tipo de testimonios, su identificación, su curiosidad. Yo creo que lo mejor que tienen es la curiosidad y lo más duro que tienen a sus espaldas es su experiencia, porque es una generación que ha vivido varias crisis acumuladas, ninguna tan grave, desde luego, como la de los años 30. Pero llevan una experiencia detrás muy dura, ¿no? La crisis económica, la pandemia, una guerra, una nueva crisis económica, problemas verdaderamente graves de desestructuración de la sociedad española, tanto desde el punto de vista territorial, como desde el punto de vista de aquellos fundamentos que durante mucho tiempo han dado solidez a la España actual, entendiendo por la España actual la que viene del final del Franquismo, de la transición democrática. Entonces hay una serie de valores, de principios y de instituciones que están en crisis y hay una falta de referentes. Es esa sensación como de desamparo, de cierta orfandad. Es lo que creo que caracteriza a esta generación. Y se entiende si vemos la experiencia que han tenido en los 18, 20 o 25 años que puedan llevar de vida.

Has compartido este trabajo con tus alumnos, ¿qué te dicen?

He compartido algunas de las respuestas, efectivamente, y en realidad el libro viene de ahí, de ver la respuesta de mis alumnos, año tras año, al testimonio de una de las jóvenes que responde al cuestionario. Ver por un lado la actualidad y por otro lado el contraste, que es algo que les llama mucho la atención. Por un lado se sienten muy identificados con las respuestas, con las inquietudes que tienen, que son las de todos los jóvenes: el rechazo a las generaciones anteriores, un cierto adanismo histórico, de que el mundo empieza con ellos y, por otro lado, les sorprende mucho el grado de madurez intelectual, de preparación, el lenguaje, la cultura, las lecturas que tienen estos estos jóvenes. Y de ahí, en parte, viene el libro.

Que muestren curiosidad nos consuela, porque los alumnos de periodismo, cuando hemos impartido una charla o clase, esa curiosidad la han perdido o la tienen en otro sitio que no tiene nada que ver con el nuestro hace años

Bueno, hoy hay un problema grave y yo se lo digo todos los años a mis alumnos. Es la relación que tienen con las redes sociales. Es un fenómeno nuevo de esta generación, es una lacra más que tiene que sufrir esta generación y que efectivamente se traduce en la falta de atención, falta de concentración, que es un problema que tienen que superar. Yo creo que más o menos lo entienden, pero desde luego es así. Yo noté un cambio tremendo cuando volví de un año sabático. Debía de ser año 2011, 2012 y me encontré a mis alumnos cambiados. Y estaban cambiados porque habían entrado ya en la adicción a las redes sociales y había que hacer un trabajo que yo no había hecho nunca hasta entonces, de desintoxicación, por lo menos parcial, de mis alumnos respecto a las redes sociales, para que por lo menos puedan estar atentos durante las clases.

Y qué responsabilidad tiene la otra parte, los que no somos tan jóvenes, porque hay una idea también en el libro sobre si se sienten escuchados atentamente, si les ayudamos a estimularles, a expresar sus ideas, sus deseos...

Bueno, probablemente no, pero eso forma parte de la identidad de todas las generaciones cuando se encuentran en ese tramo de edad. Por tanto, se sienten incomprendidos. Sin duda. Por eso son jóvenes, ¿No? Puesto que son jóvenes, se sienten incomprendidos, es como el principio de 'Rebelde sin causa', la película de los años 50. Está en cada cambio generacional, en cada crisis generacional. Pero yo creo que son receptivos y por lo tanto no es una barrera insalvable.

¿Eran aquellos jóvenes más optimistas que los de hoy? ¿Podían serlo?

Creo que esa es la gran pregunta que plantea este libro. ¿Cómo podían ser tan optimistas? Y cómo es posible que luego se encontraran una experiencia personal y colectiva tan trágica. Entonces, la gran diferencia entre aquella generación y ésta es que aquella partía de un optimismo realmente sorprendente. Cuando leemos esta encuesta y vemos cuáles son sus aspiraciones o cómo calibran el momento que están viviendo, una de las chicas que responde, dice: "yo me siento afortunada porque me ha tocado vivir el mejor momento de la historia. No me cambiaría por ninguna otra época de la de la historia de la humanidad". Y hoy es inconcebible ese optimismo. El contraste es tan grande que solamente podemos pensar que esta generación vaya mejor. Así como aquella fue claramente a peor respecto a lo que esperaban, esta solamente puede tener un futuro mejor de lo que se temen.

Si el cambio climático lo permite.

Vamos a confiar en que por lo menos el mundo viva lo suficiente como para que esta generación lo tenga.

Juan Francisco Fuentes / Cedida

¿Y cómo ha sido el proceso de documentación? Más allá de la encuesta te has encontrado, según leemos, con buenas intenciones, pero una organización que ya no es tan buena en algunos casos para acceder a esos documentos.

En general la experiencia ha sido muy satisfactoria. Realmente es mucho más fácil investigar hoy que cuando yo hice mi tesis doctoral. Por tanto, ha sido un proceso relativamente fácil, relativamente barato y es un proceso de descubrimiento que depende sobre todo de tu propia respuesta. Depende de saber qué quieres encontrar y, si sabes qué necesitas, normalmente lo acabas encontrando. Lo que dices tú sobre alguna experiencia no tan grata se refiere a algún caso concreto que es inevitable, pero en general encontré facilidades. Hay muchas fuentes digitalizadas, hay archivos físicos que funcionan, que funcionan muy bien. Hay personas particulares que me han ayudado, algunos amigos y colegas y por tanto, la parte de la investigación y de la gestión del libro, que preferiría olvidar, es mínima comparada con la parte que me ha resultado muy grata del proceso de descubrimiento de todo lo que aparece en esas páginas. El empezar con un encuentro casual en la portada de un periódico, el periódico El Sol y ha sido un libro de cocción lenta. Todo lo que he ido descubriendo sobre sus testimonios, sobre lo que pasó con esa encuesta, las consecuencias que tuvo sobre la vida de los chicos que intervienen en ella, que dan su testimonio. Es un proceso muy grato de seguir.

Una última pregunta al margen del libro. Tú que has investigado también y has escrito una biografía sobre Largo Caballero. ¿Cómo ves esta polémica que hay en Madrid a propósito de la placa y las calles de Largo Caballero que se niegan a restituir?

Bueno, Largo Caballero es un personaje muy complejo, que en general se entiende yo creo que mal. Primero la tendencia a demonizar a Largo Caballero, que tiene una base real, porque del año 33 al 37 es un personaje irreconocible. Cuando uno ha estudiado su trayectoria anterior, Largo Caballero comete errores políticos gravísimos a partir de 1933, arrastra o se deja arrastrar por determinadas personalidades de su partido y pone al Partido Socialista y, por tanto a la República, en una situación muy difícil, al borde del suicidio político. El problema está en considerar que todo Largo Caballero es el Lenin español, cuando Caballero vivió 76, 77 años. Y el Lenin español, que es el nombre que le pusieron compañeros suyos de su partido en la campaña electoral de 1933, es una excepción. Y es una excepción bastante incomprensible en la trayectoria de Largo Caballero, que fue un sindicalista. Él era un hombre mucho más vinculado al sindicato que al Partido Socialista. Un sindicalista pragmático, no muy ideologizado, que colaboró con la dictadura de Primo de Rivera. Con eso está dicho todo. Ministro de Trabajo reformista, pero finalmente un hombre decepcionado con la República. Y eso es lo que le lleva y a algunas circunstancias de la política nacional e internacional, a esa especie de huida hacia adelante que fue la bolchevización del PSOE a partir del año 33. Entonces, quienes más critican a Largo Caballero, yo no digo que no tengan razón, pero están criticando, están generalizando una parte mínima de su biografía, muy importante, pero una parte mínima, que es la que va del 33 al 37. Y después del 37, Largo Caballero vuelve en cierta medida a sus orígenes. Y el último Largo Caballero es un hombre que aboga por alguna forma de reconciliación. Es el primer dirigente socialista español que tiene contactos con los monárquicos, poco antes de poco antes de morir, y vuelve al pragmatismo de toda su vida.

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