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'La pecera', la coproducción española que saltó del Festival de Málaga al de Sundance

La directora puertorriqueña Glorimar Marrero Sánchez presenta un largometraje sobre la vida y la muerte y la colonización americana en su país que supone un homenaje a su madre

Fotograma de La Pecera / Cedida

Park City

Hay escépticos que creen que los festivales no sirven para mucho. Más allá de los focos, de la atención mediática, de las alfombras rojas y el aplausómetro, los festivales de cine realizan varias labores, la difusión de las películas y la posibilidad de que estas se gesten. La pecera, película de la directora puertorriqueña Glorimar Marrero Sánchez, que compite en la sección internacional del Festival de Sundance y que cuenta con producción española, es un ejemplo de esto último.

Más de una década lleva la directora pergeñando esta historia, pero no fue hasta hace cuatro años cuando empezó a coger forma. Fue en el Festival de Málaga en el Mafif, un lugar donde creadores y productores se encuentran e intercambian proyectos. "Participé allí con el proyecto en el 2018 y Amaia Izquierdo estaba con otro proyecto, pero les gustó el nuestro y se lo presentó a los Alenda, de Solita Films, y así fue que pudimos desarrollar la coproducción", cuenta la directora desde Park City a la Cadena SER. Amaya Izquierdo y los Alenda son la producción española, que ya prepara la segunda película con la directora.

"Fue fantástico que Málaga proyectara la plataforma para conocernos y encontrarnos. Y hemos ido trabajando a lo largo de cinco años con un trabajo muy riguroso y pudimos rodar en Puerto Rico y la posproducción realizarla en España, con lo cual estamos combinando talentos de ambos países", explica la realizadora. Ahora la película se estrena en Sundance con toda la proyección internacional que eso conlleva, en un festival donde lo latino ha estado muy presente.

Glorimar Marrero Sánchez, propone en La Pecera un símil entre la invasión que la marina estadounidense hace en islas naturales, casi vírgenes de Centroamérica, con el cáncer que va poco a poco colonizando el cuerpo del enfermo. Enferma en este caso. Una mujer con ganas de vivir, de sentir que ve cómo la enfermedad la deja fuera de juego. "La intención era trabajar con esa dualidad un poco que la noticia de morir también te puede dar el espacio, de tomar decisiones vitales y de vivir", es algo que la propia directoria vivió en 2013 con la muerte de su madre tras un cáncer de colón. "Cinco meses después me volqué a escribir el largometraje. Quería trabajar con la esta enfermedad, pero quería ubicar al personaje en un lugar que trabajara el aspecto de colonia de Puerto Rico".

La historia de La Pecera es sencilla, una mujer con una enfermedad terminal que decide no someterse a ningún tratamiento y vivir sus días en la isla donde nació, junto a su madre y la gente a la que dejó para irse a la ciudad. El enfrentamiento con la pareja, con la madre y con la realidad del lugar de infancia, así como con su propia vida, marcan este camino de la protagonista, una estupenda Isel Rodríguez. "Evitamos utilizar efectos especiales y prótesis y tuvimos a una doble que tiene esta condición que ayudó en ese proceso", explica sobre el retrato del cáncer.

"Había una intención de mostrar la enfermedad tal cual, pero con absoluta dignidad para los moribundos, que tienen deseos, tienen derechos y tienen que poder decidir cómo encaminar el fin de sus días. No necesariamente los cuidadores, yo fui una vez la cuidadora asfixiante, tenemos la razón. A veces queremos decirle a los pacientes lo que tienen que hacer y cómo tienen que vivir ese último tiempo y no nos damos cuenta de que realmente lo que tenemos que hacer es escuchar al paciente y que cada persona tiene el derecho a morir de manera digna".

La Pecera es la defensa de cómo vivir, de cómo vivir en este planeta y de cómo vivir una enfermedad terminal. La historia sucede en Vieques, una isla en Puerto Rico, cuya belleza contrasta con la toxicidad que existe en el aire y bajo el mar, ya que fue un campo militar de pruebas de Estados Unidos. Los habitantes de la isla, como muestra la película, se organizan para limpiar su tierra y detonar los explosivos que siguen activos en la isla, algo que está directamente relacionado con las altas tasas de cáncer que allí se dan. "De alguna manera el cuerpo es como una representación directa de lo que es la enfermedad ambiental, que es producto de los desperdicios de las prácticas militares que la Marina de Estados Unidos", cuenta sobre la metáfora usada para unir ambas historias, ambas colonizaciones.

"De manera que el cáncer que la tiene a ella colonizada es una representación de la colonización que allí todavía yace. Puerto Rico tiene una relación de colonia con Estados Unidos. Este año se cumplen 125 años", incide la directora que tenía muy claro que la colonización y sus consecuencias iban a estar en este filme íntimo sobre el duelo y sobre aferrarse a la vida. "Para mí ha sido como tramitar también un proceso de duelo personal muy duro y convertirlo en un personaje que hacía cosas distintas y se relacionaba en un espacio diferente. Y fue así como pude hilvanar una historia de una moribunda que decidía atender el ejercicio de su autodeterminación", incide. Otro de los temas de la película es la sanidad y la falta de recursos de esa comunidad. "Tiene, lamentablemente, muchas necesidades de salud pública, que se han que están creciendo cada vez más debido a que con el paso del huracán María en el 2017 el hospital colapsó y ahora mismo no hay hospital", cuenta.

Las producciones españolas triunfan en Sundance

Además de La Pecera y Mamacruz, la película de Patricia Ortega con Kiti Mánver, Sundance también ha acogido otras dos producciones españoles. Por un lado, el corto Shirampari, herencias del río, un documental que dirige la peruana Lucia (Chía) Flórez y que produce el español José Miguel (Chémi) Pérez. La historia se desarrolla en un lugar remoto de la selva Amazónica Peruana y cuenta la historia de Ricky, un miembro de la tribu Ashéninka que tan solo tiene once años. Para llegar ala edad adulta, Ricky debe superar su miedo a atrapar un bagre gigante con tan solo un anzuelo. Otra historia de naturaleza y supervivencia.

En el marco de Sundance, el español Miguel Faus ha ganado el premio Andrews/Bernard Financing Awards de $100k en Decentralized Pictures, que otorga el director Steven Soderbergh a través de su propia productora. 100.000 dólares con los que el director podrá llevar a cabo el largometraje basado en el corto Calladita, la primera película europea que se financia con NFT (siglas en inglés de non fungible token): esos objetos digitales que se elaboran a partir de unos códigos que los hacen únicos, todos con su certificado de propiedad y de autenticidad.

"Estoy muy contento de estar aquí hoy porque estamos pasando de una idea abstracta de tratar de apoyar a un cineasta en un espacio real, de asistencia real. Es especialmente emocionante tener la esperanza de que Miguel lleve su película hasta el final", dijo el autor, uno de los descubrimientos de Sundance en los noventa gracias a Sexo, mentiras y cintas de vídeo.

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