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Shane, el vaquero que nunca se marchó de nuestro recuerdo

Se cumplen 70 años del estreno de Raíces profundas, conocida también por su título original: Shane. La dirigió George Stevens, responsable de otros títulos clásicos como Gunga Din, Gigante o Un lugar en el sol y la protagonizaron Alan Ladd, Jean Arthur y Jack Palance.

Alan Ladd, Van Heflin, Jean Arthur y Brandon De Wilde, protagonistas de Raíces profundas.

Raíces profundas es uno de los grandes clásicos del western. El American Film Institute, por ejemplo, la sitúa en el tercer puesto de las mejores películas del género, solo superada por Centauros del desierto y Solo ante el peligro. Una de esas películas que los que la ven la recuerdan toda su vida. Además, es una película que 70 años después de su estreno mantiene una frescura envidiable. Ese héroe sin pasado conocido que representa Shane es el precedente de muchos de los personajes de las películas de Sergio Leone, John Sturges o Sam Peckinpah. Su argumento y personajes han sido imitados hasta la saciedad ya sea en películas modernas como Drive de Nicolas Winding Refn, o clásicas, como El jinete pálido de Clint Eastwood, casi un remake disimulado de Raíces profundas.

También es un claro exponente del llamado “western psicológico” corriente que comenzó en los años 50 del siglo XX con ésta y otras películas como Solo ante el peligro de Fred Zinnemann o El pistolero de Henry King. Historias en las que la acción estaba determinada por la tormenta interior que vivían los personajes. El personaje de Shane es el arquetipo del western psicológico: un hombre atrapado por su pasado, por el pistolero que fue y que no puede enterrar, aunque ahora defienda causas justas.

Desde el punto de vista histórico la película se inscribe en aquello que se conoció como “La guerra del condado de Johnson” en Wyoming. Una guerra que hemos visto en otras películas como El virginiano o La puerta del cielo y que enfrentaba a los terratenientes ganaderos dueños de miles de reses y a los modestos granjeros, que parcelaban pequeñas porciones de terreno. Al comienzo de la película Shane, el vaquero errante, llega a una granja donde vive un matrimonio con su hijo. Pronto el protagonista se encariña con la familia y acepta trabajar para ellos ayudándoles en la granja. Pero en aquel territorio no reina la paz. Y a Shane no le quedará más remedio que hacer suya su causa enfrentándose al terrateniente y a sus hombres.

Raíces profundas se basa en una novela de Jack Schaefer, que se publicó con gran éxito en 1949. El escritor A.B. Guthrie, ganador del premio Pulitzer, se encargó de adaptarla a la pantalla a pesar de que nunca había escrito un guion cinematográfico. Guthrie firmó un libreto modélico que maneja con precisión tanto las emociones como la tensión, amén de unas buenas dosis de acción. Además del conflicto entre granjeros y ganaderos la película se adorna de forma muy sutil con otros asuntos como la tensión amorosa que nunca estalla entre la mujer del granjero y Shane. O la adoración que el hijo de la familia protagonista siente por él.

Alan Ladd, protagonista de Raíces profundas

Alan Ladd, protagonista de Raíces profundas

La película cuenta con un reparto muy atractivo en el que todos brillan en sus respectivos personajes. A pesar de su 1,66 de altura Alan Ladd compone un personaje de pocas palabras y rostro hierático que impone con su sola presencia. “Raíces profundas fue el pináculo de la carrera de mi padre”, recordaba David Ladd, hijo del actor. “Él era Shane. Estuvo sensacional en ese papel. En sus ojos podías ver lo que pensaba. Shane no necesitaba decir mucho. Te dabas cuenta de lo que sentía por Jean Arthur, aunque nada había pasado entre ellos. Todos los días se sentaba a leer el guion antes de filmar y siempre quitaba texto de sus diálogos. Mi padre creía que un actor tenía más fuerza cuanto menos hablase y que solo lograría impactar al público si sus ojos reflejaban lo que sentía”.

Junto a él, Van Heflin interpreta al granjero y Jean Arthur a su esposa. La actriz llevaba varios años apartada del cine, pero aceptó protagonizar la película por amistad con el director George Stevens. Fue la única película en color de su carrera y tras ella se retiraría definitivamente. Por entonces la actriz estaba muy comprometida con las organizaciones de defensa de los animales y todos los días se encargaba de revisar las condiciones del ganado o los caballos que se utilizaron en el rodaje. Incluso llegó a paralizar la producción cuando un lechoncito de la granja cayó enfermo y la actriz se negó a seguir actuando hasta que no fuera llevado a una clínica veterinaria. Al parecer el cerdito murió en el veterinario, pero no le dijeron nada a la actriz por miedo a que se deprimiera y lo sustituyeron por otro muy parecido haciéndola creer que había sanado. En cuando al niño de la película, Brandon De Wilde que debutaba en el cine, parece ser que se convirtió en un incordio en el rodaje volviendo loco a todo el mundo con sus constantes juegos y travesuras.

Jack Palance, protagonista de Raíces prondas

Jack Palance, protagonista de Raíces prondas / Jeremy

Pero si hay un personaje que brilla de forma especial en Raíces profundas ese es el malo de la película. Jack Palance en la piel del pistolero Wilson creó uno de los villanos más recordados del western. Aunque el actor había aparecido ya en un par de films, Raíces profundas fue la película que le lanzó a la fama. Palance nunca había montado a caballo en su vida, pero entrenó durante semanas hasta convertirse en un hábil jinete. Una de las mejores escenas de la película es el duelo final que le enfrenta con Shane.

Raíces profundas iba a ser lanzada como una serie B por la Paramount, pero el interés que mostró el millonario Howard Hughes por ella, ofreciéndose a comprar la película ya rodada para su productora, hizo que reconsideraran su estrategia y la convirtieran en una de las películas emblemáticas del estudio de aquel año 1953. Raíces profundas ganó el Oscar a la mejor fotografía y tuvo otras cinco nominaciones más, entre ellas para las actuaciones de Jack Palance y el niño Brandon De Wilde.

Y no podemos olvidarnos del final de la película, uno de los más famosos y recordados de la historia del cine. Shane, herido tras el duelo, se aleja montado en su caballo mientras el niño le grita que vuelva. Un final sobre el que se han hecho muchas especulaciones y teorías.70 años después de que se estrenara Raíces profundas lo cierto es que nos importa poco si Shane muere o sobrevive. Porque los héroes clásicos, como las grandes películas, viven para siempre en nuestra memoria.

Elio Castro

Elio Castro

Licenciado en Historia del Arte y Máster en periodismo por la Universidad Autónoma/El País. Periodista...

 
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