Sesentona
"Tenemos el sesentón/sesentona, un adjetivo coloquial y ambivalente, porque puede resultar cariñoso o despectivo según el tono de quien lo pronuncie"
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En esto de nombrar las edades y a quienes las cumplen no hay consenso general, depende de los años que se cumplan y de quién hable. Solemos ser más abiertos cuando nos referimos a los demás y más estrictos cuando hablan de nosotros. Y eso se ha reflejado en la lengua, que nos ha dejado muchas piezas para armar este delicado puzle. Para referirnos a quienes hoy nos ocupan, los y las que llegan a los sesenta, tenemos el sexagenario que nos llegó casi intacto de la Antigua Roma, pero que hoy es un cultismo que se reserva a las informaciones periodísticas y al lenguaje administrativo y forense. Que te llamen sexagenario es tan doloroso como que te digan “qué bien te conservas”.
Después tenemos el sesentón/sesentona, un adjetivo coloquial y ambivalente, porque puede resultar cariñoso o despectivo según el tono de quien lo pronuncie. Y tenemos finalmente el sesentañero, que lo suelen usar más quienes llegan a esa edad que los jóvenes que los rodean. Hasta los académicos reservan el sufijo únicamente a quienes tienen de veinte a cuarenta años, de veinteañeros o cuarentañeros. Pero si buscáis sesentañero o sesentañera en el diccionario, olvidaos. Quizás cuando acabemos con la investidura, cerremos las guerras abiertas y encaminemos el cambio climático, podríamos convocar una cumbre mundial sobre esta materia, en esta adecuada década en la que los sesenteros iremos llegando poco a poco a los sesenta.
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