Chárter
"En 1992 los académicos sucumbieron a su extensión, le pusieron una tilde en la a y quedó castellanizada la palabra"
Chárter
Madrid
Muchos de los anglicismos que manejamos con familiaridad nos llegaron volando. Chárter es uno de ellos. Entró en los 80 en un par de diccionarios manuales de la RAE entre paréntesis, para señalar su origen extranjero, hasta que en 1992 los académicos sucumbieron a su extensión, le pusieron una tilde en la a y quedó castellanizada la palabra. Desde entonces se han colado otros términos que encontramos aún en cursiva en el DLE. El 'finger', esa pasarela que, como un dedo, sale desde la terminal hasta el avión; el 'overbooking', la sobreventa de billetes; o el 'jet lag', con el que nombramos al trastorno que nos produce el desfase horario. Esta pasión anglófila también se demuestra en algunas compañías de aviación como Vueling, puro espanglish, o Air Nostrum, puro latinglish, que suena más chic que Aire Nuestro, que tiene aroma de grupo folk
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Otros términos aún no han sido acogidos en el diccionario, pero que levante la mano quien no haya hecho en su vida un 'check in', comprado en un 'duty free', adquirido un 'trolley' para no tener que facturar o soñado con viajar en 'bussines' cuando ha sufrido las apreturas del 'low cost'. Es más, muchos de los pasajeros de clase turista, la inmensa mayoría, seguramente ignoren que la palabra turista también nos llegó del inglés ('tourist') hace poco más de un siglo, en 1914, cuando los turistas hacían turismo por tierra y mar. El cielo aún tuvo que esperar...
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