La adicción en el crimen: ¿causa o motor?
Félix Martín analiza el caso de Rob Reiner para explicar el papel de las adicciones en los asesinatos

Cuando la adicción entra en el crimen: ¿causa o motor?
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Hay algo que no es excepcional, pero sí muy incómodo: cuando una adicción entra en una familia en un crimen. Un caso real del que nos habla nuestro fiscal, Félix Martín, nos plantea la duda de si la adicción es la causa de un crimen o el motor que empuja: el del director Rob Reiner.
En la madrugada del domingo 15 de diciembre, en la ciudad de Los Ángeles, la policía encontró sin vida a un matrimonio en su domicilio del barrio de Brentwood. Los cuerpos de Rob Reiner, director de cine, y de su esposa Michele Singer Reiner, presentaban heridas por arma blanca. Horas después, la policía detuvo como principal sospechoso a su hijo adulto, quien había reconocido públicamente problemas de adicción a las drogas.
La investigación judicial acaba de comenzar, pero está claro que el móvil de los hechos no era un robo. Es un crimen dentro de una familia.
Vamos a utilizar este caso para entender cómo mira el Derecho penal estas situaciones. Pensar que 'la adicción lo explica todo' nos permite alejarnos del horror, pero el Derecho penal no funciona así, tiene que detenerse, separar emociones de hechos y distinguir entre explicar y justificar.
¿La adicción es la causa del crimen o es solo el motor que empuja algo más profundo?
Desde el punto de vista jurídico la adicción rara vez es la causa directa de un homicidio. Suele ser un acelerador, un elemento que deteriora vínculos y cronifica conflictos. Pero el Derecho penal no juzga contextos, juzga conductas concretas y la capacidad de comprender lo que hacemos y para decidimos en un momento muy concreto.
Este caso es útil porque obliga a hacerse preguntas que afectan a muchas familias anónimas: ¿hasta dónde explica una adicción?, ¿cuándo deja de explicar y empieza a convertirse en excusa? , ¿qué mira un juez cuando tiene que decidir?...
Para responderlas con rigor, antes hemos de hacer dos cosas: poner en contexto los hechos y explicar qué es una adicción para el Derecho.
Las víctimas
Antes de entrar en los hechos, nos detenemos en las víctimas. Hablamos de Rob Reiner, una figura clave del cine estadounidense de las últimas décadas. Y de su esposa Michele Singer Reiner, fotógrafa y productora.
Reiner fue uno de los grandes directores del cine comercial estadounidense, algunas películas que dirigió son 'Cuando Harry encontró a Sally (1989)', 'La princesa prometida (1987)', 'Misery (1990)', 'Algunos hombres buenos (1992)'. Michele Singer Reiner, era una conocida fotógrafa, y productora. Una figura con identidad profesional propia en Los Ángeles.
Algo que explica por qué este crimen es algo más que un suceso judicial es la dimensión política de las víctimas. Eran activistas políticos críticos con la figura de Donald Trump. Por ello el crimen no se leyó solo en clave penal, sino también en clave ideológica. Apenas se conocieron los hechos, circularon teorías más allá de lo probado. El propio Trump llegó a ironizar sobre la muerte de Rob Reiner, atribuyéndola a su supuesta 'obsesión' con él. Esto socialmente es peligroso porque desplaza el foco en su impacto mediático. Se deja de hablar de violencia familiar, de adicción... para hablar de conspiraciones ideológicas. Además convierte un crimen complejo en una historia de bandos y hace creer que los delitos se explican por ideas políticas y no por conductas concretas.
El principal sospechoso
Al hablar del sospechoso, existe un riesgo: que la adicción sustituya a la persona en el relato.
De él sabemos que es el hijo adulto del matrimonio, Nick Reiner, que vivía en el entorno familiar y había hablado públicamente de sus problemas de adicción. Es un hijo con una historia y vínculos afectivos. Esto rompe el esquema del “monstruo”. Sin embargo, desde el primer momento la palabra que lo define todo es “adicción”. Algo frecuente en los casos mediáticos: la adicción deja de ser una circunstancia, se convierte en la identidad del sospechoso. Esto deshumaniza y distorsiona el análisis jurídico.
La adicción es un factor relevante, pero no sustituye al análisis penal.
'La adicción se come a la persona'
Nuestro fiscal se refiere así a la adicción porque tiene un efecto real y devastador: va ocupando todos los espacios de la vida. Relaciones, identidad, vínculos familiares... Y el derecho no ignora esto, pero no puede permitir que ese efecto borre la capacidad de responsabilidad sin pruebas sólidas.
La adicción debe tratarse como contexto, nunca como conclusión. El hecho de que el sospechoso tuviera problemas de adicción obliga a hacer más preguntas, no a dar respuestas automáticas. Es decir, para estos casos no hay respuestas rápidas.




