¿Por qué el martes 13 da 'mala suerte'?
Raquel Mascaraque analiza el ámbito psicológico de las supersticiones

¿Por qué el martes 13 da 'mala suerte'?
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Hoy es martes 13. Y por eso, a más de una persona se le ha encogido el estómago. No porque haya pasado nada raro… sino porque podría pasar. Y esto es interesante, porque nos sirve para hablar de superstición.
¿Por qué se da la superstición?
Nuestro cerebro está diseñado para buscar patrones. Prefiere una explicación falsa a ninguna explicación.
Si has usado un bolígrafo específico para un examen y se te da bien, ese se convierte en tu boli de la suerte.
La superstición cumple una función clave: reduce la ansiedad. Cuando no controlamos lo que va a pasar, creer que hacemos algo recupera la sensación de calma al sistema nervioso. Es una falsa sensación de control muy eficaz emocionalmente.
Lo curioso es que no todas las culturas temen lo mismo. En España y en muchos países latinos, el día “maldito” es martes 13. En el mundo anglosajón, sin embargo, es viernes 13.
¿Por qué escogimos el martes?
Se da una mezcla de mitología romana y creencias religiosas: el número 13 se asocia con la traición (Judas) y el martes con Marte, dios de la guerra y la destrucción, creando un día fatídico para iniciar cosas importantes como casarse o emprender.
También existen otras supersticiones curiosas en el resto del mundo. Por ejemplo, en Japón, el número que se evita es el 4, porque su pronunciación se parece a la palabra “muerte”. Por eso hay edificios sin cuarta planta o habitaciones que no lo llevan.
En China, pasa lo contrario con el 8. El 8 suena a prosperidad. Por eso los Juegos Olímpicos de Pekín fueron inaugurados el 8/8/2008 a las 8:08.
En Rusia, antes de un viaje, se sientan un minuto en silencio para “ordenar el viaje”. Psicológicamente, es brillante: permite revisar mentalmente lo importante y reduce la impulsividad. Muchas supersticiones tienen la función de regularnos emocionalmente. Esto implica que muchas sirven porque modulan cómo afrontamos la realidad externa. El problema llega si tomamos decisiones importantes en base a ellas.
Es curioso porque en una época de algoritmos e inteligencia artificial seguimos tocando madera. Por eso las supersticiones no han desaparecido aunque entendamos su función a nivel científico: no compiten con la razón, sino con la incertidumbre. El cerebro quiere sentirse a salvo y cuando algo es impredecible, cualquier pequeño ritual actúa como un ansiolítico simbólico.
El problema no es tocar madera, sino creer que, si no la tocas, algo malo va a pasar. Hay que ser consciente de que el cerebro cuando no puede controlar el futuro, intenta negociar con él.




