La mayor cartografía de materia oscura muestra el esqueleto invisible del universo
La periodista Patricia Fernández de Lis explica cómo ha conseguido el telescopio James Webb realizar un mapa de la materia oscura, aquella invisible a nuestros ojos
Ciencia | ¿Cómo se cartografía la materia oscura?
Madrid
El 85% del universo es invisible. No emite luz, no puede tocarse ni observarse directamente, pero sin él nada existiría tal y como lo conocemos. Ni las galaxias, ni las estrellas, ni siquiera la Tierra. Esa sustancia misteriosa es la materia oscura y, esta semana, la ciencia ha dado un paso histórico para entenderla: el telescopio espacial James Webb ha logrado el mapa más detallado jamás conseguido de ese andamiaje invisible que sostiene el cosmos.
La periodista especializada en ciencia de El País, Patricia Fernández de Lis, ha contado en Hora 25 que el hallazgo supone una auténtica 'radiografía cósmica'. Gracias a la potencia del Webb, lanzado en la Nochebuena de 2021, los astrónomos han podido cartografiar con una precisión sin precedentes la distribución de la materia oscura en una amplia región del universo. El resultado no solo confirma lo que ya se sabía, sino que revela con nitidez una estructura fascinante: una red de filamentos invisibles que conecta cúmulos de galaxias entre sí, formando lo que los cosmólogos describen como el 'esqueleto cósmico'.
El estudio ha sido realizado por un equipo del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, que analizó 129 galaxias situadas en el llamado campo COSMOS, una de las zonas del cielo más estudiadas por la astronomía moderna. El nivel de detalle alcanzado duplica al de los mapas obtenidos anteriormente con el telescopio Hubble, hasta ahora la referencia en este tipo de observaciones.
Pero el avance no es solo técnico. El James Webb permite además mirar muy atrás en el tiempo. Tan atrás que los científicos pueden observar cómo se distribuía la materia oscura cuando el universo tenía apenas 4.000 millones de años. Es decir, cuando aún se estaba "construyendo" la gran arquitectura cósmica que hoy sostiene galaxias como la Vía Láctea.
¿Cómo se ve lo que no se puede ver?
La materia oscura no emite ni absorbe luz, lo que hace imposible detectarla de forma directa. Para 'verla', los astrónomos recurren a un fenómeno predicho por Albert Einstein: las lentes gravitacionales débiles. Cuando la luz de galaxias muy lejanas viaja hacia la Tierra, atraviesa regiones llenas de materia oscura. Esa masa invisible desvía ligeramente los rayos de luz, deformando de forma casi imperceptible la imagen de las galaxias. Midiendo esas distorsiones minúsculas, los científicos pueden reconstruir dónde se concentra la materia oscura y cómo se distribuye.
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Los nuevos mapas del James Webb muestran algo más que grandes cúmulos de galaxias. Revelan finísimos filamentos de materia oscura que los conectan entre sí, formando una red tridimensional que atraviesa todo el universo. En los nodos de esa telaraña se agrupan las galaxias; en los hilos, la materia oscura guía su formación y evolución. Es una confirmación visual, extremadamente precisa, de teorías cosmológicas que llevaban décadas formulándose.
El Reloj del Apocalipsis, más cerca que nunca
Fernández de Lis también ha hablado de 'El Doomsday Clock', que no es un reloj real, sino un símbolo creado en 1947 por científicos como Albert Einstein y Robert Oppenheimer tras el trauma de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Su objetivo: advertir a la humanidad de los riesgos existenciales que ella misma genera. Cada año, un comité de expertos —entre ellos varios premios Nobel— evalúa amenazas como la guerra nuclear, el cambio climático, la inestabilidad geopolítica o, más recientemente, la inteligencia artificial.
Desde su creación, las manecillas solo se han alejado claramente de la medianoche una vez: en 1991, con el final de la Guerra Fría, cuando llegaron a marcar 17 minutos. Desde entonces, casi siempre avanzan. La decisión de moverlas cuatro segundos esta semana se debe, según el comité, a una combinación explosiva: la guerra en Ucrania, el genocidio en Gaza, el aumento de tensiones entre potencias nucleares y el auge del nacionalismo agresivo.
El informe señala de forma explícita a la administración de Donald Trump por su negacionismo climático, la promoción de tecnologías nucleares obsoletas y sus amenazas militares a distintos países. Pero la advertencia es global: Estados Unidos, Rusia, China y otras potencias son acusadas de ignorar las señales de alarma.
A todo ello se suma un factor nuevo y especialmente inquietante: la inteligencia artificial. No solo por su desarrollo acelerado, sino por su capacidad para amplificar la desinformación, dificultando que las sociedades puedan siquiera ponerse de acuerdo sobre cuáles son los hechos.