El día que los templarios estuvieron a un paso de heredar el reino de Aragón
Alfonso I el Batallador dejó sus reinos a las órdenes militares antes de morir
Alfonso I el Batallador y la disputa por heredar el reino de Aragón
Madrid
El último programa de La historia en ruta ha estado protagonizado por Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y de Pamplona entre los años 1104 y 1134. Además, logró la conquista de Zaragoza el 18 de diciembre de 1118, ciudad que convirtió después en capital de su reino.
Más información
- La ciudad aragonesa que convierte cada año sus calles en un enorme tablero de guerra del siglo XII
- El lado oscuro del 'Burrito Sabanero': la explotación tras el villancico más famoso de la Navidad
- Cristina Almeida: "A mí no me han torturado, no voy a presumir como muchos; pero he defendido a los que fueron torturados"
Tras 30 años de reinado, Alfonso I tuvo que librar la batalla de Fraga. El rey llegó allí con la misma seguridad con la que afrontaba todos los conflictos, pensando que iba a ser uno más. Durante su reinado había conseguido duplicar sus dominios, por lo que estaba convencido de que aquello sería pan comido.
Resultó que el asedió se convirtió en una trampa y las fuerzas musulmanas –reforzadas por tropas almorávides– se convirtieron en un verdadero problema para él, hiriéndole gravemente.
Tal fue la humillación, que Alfonso tuvo que retirarse, vencido y malherido. Como consecuencia, pasó varias semanas desorientado y deambulando por los Monegros intentando recuperarse de la dura derrota, pero no lo logró y las heridas mal curadas acabaron causándole la muerte.
Alfonso I El Batallador
No había heredero al trono
Tras la muerte del rey, el reino de Aragón se quedó huérfano y sin plan B, lo que provocó un gran movimiento político, ya que no había heredero al trono. En su testamento, Alfonso dejó sus reinos a las órdenes militares: Templarios, Hospitalarios y la del Santo Sepulcro.
Como nadie sabía qué hacer, se ignoró el testamento y se buscaron otras soluciones mientras que, por otro lado, Navarra aprovechó el desconcierto para separarse de Aragón. El papado, por su parte, presionó para que se cumpliera el testamento de Alfonso I y Alfonso VI de León, tataranieto de Sancho III el Mayor, reclamó el reino de Aragón como legítimo heredero.
Además, el único hermano de Alfonso I que quedaba vivo era Ramiro, el menor. Su padre le metió a monje de niño por lo que, según las leyes aragonesas, no podía ser rey. Sin embargo, los nobles aragoneses le sacaron del monasterio y le sentaron en el trono, así que pasó a la historia como Ramiro II el Monje.
Luna González Gala
Estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense...Estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.