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"No somos más cotillas, somos más sociales": un psicólogo desmonta el mito del cotilleo en España

José Antonio Galiani, director del Centro Galiani Salud Mental, explica por qué hablar de otros es una conducta humana y relacional

La España cotilla

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Madrid

A los españoles nos gusta cotillear. O, al menos, hablar. Un estudio reciente señala que pasamos más de 57 horas al año comentando la vida de otros, el equivalente a más de dos días completos. Sevilla encabeza el ranking con 99 horas anuales, seguida muy de cerca por Madrid y Valencia. Pero ¿hablamos mal… o simplemente hablamos mucho?

Para entender qué hay detrás de estas cifras, hablamos con José Antonio Galiani, psicólogo, director del Centro Galiani Salud Mental y sevillano, que introduce un primer matiz importante: el estudio mide tiempo de conversación, no mala intención.

"No somos más cotillas, somos más sociales", explica. En una cultura profundamente relacional como la sevillana, dice, la palabra, el encuentro y la calle tienen un peso central. "Aquí no es chisme, es actualización del estado vital".

Hablar de otros no es el problema

El cotilleo tiene mala fama, pero según Galiani es una conducta humana universal, ligada a nuestra naturaleza social. "Cumple funciones adaptativas: regula emociones, transmite información y fortalece vínculos". El problema aparece cuando pierde esas funciones y se convierte en una herramienta de ataque, exclusión o humillación.

Por eso el psicólogo distingue claramente entre cotilleo sano y cotilleo tóxico. El primero tiene que ver con compartir cambios vitales, logros o dificultades de otras personas, una forma de acompañamiento y comprensión social. El segundo, en cambio, busca dañar, ridiculizar o marginar.

Un cerebro social que necesita contexto

Para Galiani, la tendencia a hablar de otros es innata. "El cerebro es profundamente social y necesita información para anticiparse, aprender conductas y entender el entorno". Ahora bien, la manera de hacerlo no viene dada de nacimiento. "Eso se aprende en la familia y en el contexto educativo".

No se trata de eliminar el cotilleo, sino de educar el uso de la palabra y la intención con la que se comparte información sobre los demás.

Las redes sociales han cambiado radicalmente las reglas del juego. Han amplificado el cotilleo y han eliminado muchos de los filtros clásicos: anonimato, inmediatez y difusión masiva. "El gran riesgo es la pérdida del contexto emocional y de la responsabilidad directa de quien cotillea", señala Galiani.

En este contexto, el psicólogo valora positivamente la propuesta de prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años, aunque introduce cautelas. "Me parece necesaria por el aumento exponencial de los problemas de salud mental, pero exige una mayor implicación de las familias. No es solo una norma, es una responsabilidad compartida".

¿Cotillean más las mujeres que los hombres?

Sobre las diferencias de género, Galiani es claro: no se puede decir que unos cotilleen más que otros. Lo que cambia es el enfoque. "Las mujeres tienden a compartir más información emocional y relacional; los hombres, información más instrumental o jerárquica". Las diferencias en cantidad son pequeñas; lo relevante es el para qué.

En definitiva, cotillear no es necesariamente hablar mal. Es una herramienta social poderosa que puede servir para acompañar o para herir. Y en sociedades donde la conversación es una forma de estar juntos, hablar de otros también es una manera de construir comunidad.

 

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