Armando del Rey: "Aterrizar después de un salto base con tus amigos es como levantar la copa de la Champions"
El mítico deportista de salto base, aprovecha la película 'La Fiera', donde se cuenta su vida y la de otros cuatro amantes del deporte extremo ya fallecidos, para repasar su extraordinaria vida y la de sus amigos

Lo primero que trata de hacer Armando del Rey es intentar explicar con la mayor exactitud posible la felicidad superlativa que se siente saltando a seis mil metros de altura con un traje con alas. "Saltas con un traje de nailon, haciendo algo que el ser humano siempre ha querido hacer: volar. Es algo extraordinario".
El momento previo al salto, diez eternos segundos "es - dice Armando del Rey- uno de los momentos más delicados, es de una concentración absoluta, de no olvidarte de ninguno de los protocolos y de una adrenalina brutal, puede que sea más emocionante que el propio salto, Comparativamente hablando, para que la gente se haga una idea, es como los momentos previos a una salida de una carrera de MotoGP".
Y lo que sucede después, al saltar, durante el tiempo en el que uno hace posible algo tan improbable como es volar de la manera más parecida a un pájaro, es algo increíble, caes como si fueras un pedrusco hasta que el traje se hincha, después es verdad que hay un disfrute máximo porque controlas el vuelo y sabes por donde quieres ir. Al final, cuando aterrizas con tus amigos, eso es como levantar la Copa de la Champions".
Armando del Rey fue uno de los cinco grandes pioneros (Junto a Manuel Chana, Álvaro Bultó, Carlos Suárez y Darío Barrio) en la práctica del salto base y en que se apoderase de ellos, 'La Fiera', esa sensación indomable de no poder dejar de hacer algo que te apasiona por encima de todo. "En mi caso esa 'Fiera' entró desde el principio, yo siempre le pedía a mis padres hacer deportes raros o movidos: esquiar, hacer bicicleta, fui atleta de Red Bull, pasé a sacarme el título de paracaidista, hasta que conocí, entre otros, a Álvaro Bultó, y empecé a saltar con ellos".
Nadie olvida su primer salto y, desde luego, él tampoco es una excepción "Lo recuerdo perfectamente, me cagué literalmente de miedo. Yo creo que ni me salía gritar, y durante tiempo tuve pesadillas con ese primer salto, lo que pasa es que yo soy muy cabezón y me dije que volvería a saltar de nuevo hasta dominarlo".
El deportista extremo marca una evolución del deporte de riesgo en lo que se refiere a la seguridad de esta especialidad deportiva. "Se ha mitificado mucho el riesgo del salto base... Hay cerca de tres mil saltadores en todo el mundo y el porcentaje de accidentes es del 0`8%, prácticamente uno de cada cien. También es verdad que los egos y la exposición en las redes sociales le han hecho mucho daño a esta especialidad deportiva".
"Evidentemente -confiesa- es imposible olvidar el primer salto de tu vida. Recuerdo que me cague literalmente de miedo, no me salió ni la posibilidad de gritar. Durante mucho tiempo tuve pesadillas. Pero es que yo soy muy cabezón y dije esto lo vuelvo a hacer hasta dominarlo"
Y entonces ocurrió, entonces primero murió en un salto Manuel Chana, el pegamento del grupo, el que los unió: "Murió en un salto de avión, y yo pensé entonces que eso me podía pasar a mí... Y fíjate que a los dos días de morir Manuel Chana, los amigos hicimos un salto, una forma como de homenajearlo".
Después fueron los casos de Álvaro Bultó, del mediático cocinero Darío Barrio y Carlos Suárez, el último en perecer. Cuando le preguntas si ha vuelto a saltar después de la muerte de Carlos, dice que no, con la misma seguridad con la que dice aún algo más: que la etapa del salto base es el momento de aparcarla y que saltar desde un avión, "también lo dejaré, pero tengo que saber que lo estoy dejando. Tengo que darme un último salto de despedida con los amigos y decirme 'Hasta aquí he llegado'".

Sergio Castro Salillas
Redactor y guionista en la SER desde 1996. Estuvo en La Ventana, A Vivir y ahora es redactor de Hoy...




