Pensar antes de juzgar: dilemas jurídicos II
Félix Martín plantea un nuevo dilema para ayudar a entender las decisiones judiciales

Pensar antes de juzgar: dilemas jurídicos II
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La semana pasada planteamos situaciones reales para demostrar hasta qué punto nuestras primeras reacciones no coinciden con lo que luego exige un Estado de Derecho. Porque en los juzgados vemos cada día decisiones que parecen disparatadas pero tienen un sentido cuando se miran con más de calma.
Esta semana, Félix ha planteado dos dilemas más para analizar las decisiones judiciales desde varias perspectivas.
Primer dilema: la prensa
Nuestro fiscal plantea el siguiente escenario: la sociedad está conmocionada. Un hombre ha asesinado y violado a un adolescente. El impacto es brutal. La presión social, enorme. Todo el mundo pide respuestas inmediatas. La policía detiene a un sospechoso pero hay juicio ni condena todavía. Hay indicios y una historia que empieza a circular.
La defensa del acusado sostiene que el investigado padece una enfermedad mental que le nubla el juicio. Además se filtra que esa noche había consumido grandes cantidades de alcohol. Aquí entra en juego la prensa.
Imagina que eres el periodista, tienes un contrato millonario con un gran medio y acceso a la información exclusiva. Y el día antes de que empiece el juicio te ofrecen una entrevista con la madre del acusado. Ella empatiza con la madre del fallecido pero al tiempo quiere explicar la enfermedad de su hijo. Su objetivo es humanizarlo y que no se le vea solo como un monstruo. Además, atraviesa una situación económica desesperada y pide dinero a cambio de su testimonio. Quiere pagar con ello al mejor abogado para su hijo.
La pregunta es: ¿Qué debería hacer el periodista?
- Opción uno: Aceptar la entrevista. Porque aporta contexto y da voz a una parte silenciada y porque la sociedad tiene derecho a conocer todas las versiones.
- Opción dos: Rechazarla. Porque comprar un testimonio contamina la información, explota el dolor y puede interferir en un juicio justo.
Aquí ocurre algo gracioso: entendemos los argumentos de una opción y de la otra… pero ninguna nos deja tranquilos.
La segunda parte del dilema es también es nuestra posición como espectadores, como ciudadanos, como usuarios de redes sociales… ¿Qué deberías hacer tú?
- Opción uno: Ver la entrevista. Compartirla. Opinar. Porque forma parte del debate público y porque, al fin y al cabo, no la has provocado tú.
- Opción dos: No verla. No compartirla. No comentarla. Porque sabes que tu atención también alimenta un juicio paralelo que puede ser devastador.
La respuesta del fiscal nace más de la persona Félix que del fiscal que es. Él cree que tenemos que formar una cultura ciudadana democrática que tenemos que entrenar. Que obliga a ser exigentes. Y a decir esto no. ¿En qué sociedad preferimos vivir, una donde la presunción de inocencia solo sea una garantía en los tribunales o donde también forme parte de la cultura pública? En el segundo caso esa cultura pública se pone en riesgo cuando apoyamos con nuestra audiencia a juicios paralelos, porque estamos dando apoyo a que se compren testimonios, a que se juzgue antes de escuchar pruebas y a convertir el dolor en espectáculo. Porque en una sociedad mediática, mirar, compartir y comentar también es participar.
Empieza en una portada. En una tertulia. En una serie. En un tuit. Y cuando llega el juicio de verdad, muchos ya han decidido. Esto tiene riesgos reales para el estado de derecho. Si no hay cultura ciudadana sobre el respeto a la presunción de inocencia, afectará a la garantía judicial de la presunción de inocencia. Por eso existen códigos deontológicos en los medios. No como censura sino como autolímite profesional.
Esto no tiene que ver con la ideología, es una cuestión estructural. En un juicio mediático el foco lo decide el medio, no hay presunción de inocencia.
Mientras que en un juicio real ocurre lo contrario. El foco lo marca el procedimiento. Hay reglas y una persona —un juez o un tribunal— vigila que todo se respete: que se escuche a la acusación, que se escuche a la defensa, que el contexto sea completo... eso es civilización jurídica.
Cuando vemos series o documentales sobre crímenes conviene recordar que si se ha hecho después de que el asunto esté cerrado, tiene un sentido si está bien hecho. Pero si se hace de forma paralela a un procedimiento vivo, no es un juicio, es un relato cerrado, donde alguien ya ha decidido qué partes contar y cuáles no.
Algunos pueden pensar que defender tanto el juicio formal suena un poco elitista. Félix Martín tiene muy clara su postura: defender el carácter casi sagrado del juicio penal no es clasismo, es responsabilidad democrática. Cuando trivializamos el juicio y lo sustituimos por platós, o tertulias, no ampliamos derechos, los debilitamos.
Frente a este pensamiento de la mayoría, Félix Martín lanza un mensaje claro: los derechos que creemos innecesarios porque no nos afectan son los que mañana echaremos de menos porque nos afectan.




