Tomás y Valiente: un cruel asesinato y miles de manos blancas
Un reportaje de Josema Jiménez, con la narración de Aimar Bretos, reconstruye el atentado con el que ETA acabó con la vida de Francisco Tomás y Valiente
Tomás y Valiente: un cruel asesinato y miles de manos blancas
Madrid
14 de febrero de 1996. Alrededor de las 10:45 de la mañana. En su despacho de la cuarta planta de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, el profesor Francisco Tomás y Valiente habla por teléfono con su amigo el catedrático de Filosofía del Derecho Elías Díaz. La semana anterior, Tomás y Valiente no había acudido a su clase de Historia del Derecho por una afección pulmonar...
-¿Qué tal tus bronquios? -le preguntó Elías Díaz.
-Bien, bien. Oye, tenemos que hablar -respondió Tomás y Valiente.
-¿Qué te parece a eso de las doce?
-No, a esa hora tengo exámenes, me viene mejor antes de las once. Bueno, pues nos vemos ahora.
-De acuerdo, ¿vienes a mi despacho o voy yo al tuyo...?
En ese instante la conversación quedó interrumpida. Elías Díaz, ya fallecido, recordaba que tras un corto silencio, seguramente causado por la irrupción del asesino, oyó un ruido "como de petardo", según su testimonio. Pensó que se trataba de un desvanecimiento de su amigo, así que le gritó por el teléfono: "¡Paco! ¡Paco! ¡Qué pasa!". De repente oyó los otros dos disparos. ETA había asesinado a Francisco Tomás y Valiente. 30 años después, Hora 25 recorre los lugares en los que pasó todo.
Francisco Tomás y Valiente en su despacho de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
El despacho de Tomás y Valiente
En 1996, Fernando Martínez estaba terminando su tesis bajo la dirección del profesor Tomás y Valiente. Sus despachos estaban muy cerca el uno del otro y su relación era muy estrecha. Fue la primera persona que llegó a socorrer a Valiente tras los disparos. 30 años después, ya es catedrático de Historia del Derecho. Entramos con él al lugar en el que mataron al profesor: "No tiene ni tres por tres metros. Desde la puerta habrá metro y pico. La silla está ubicada en el mismo sitio y la mesa, quizás ha cambiado, pero prácticamente también está en el mismo sitio. Valiente estaba inclinado hacia atrás, hacia la estantería que tenía justo detrás".
Fernando nos relata cómo escuchó todo y salió inmediatamente de su despacho para ver qué estaba pasando: "Oigo un ruido muy fuerte. Tal como entro en el despacho lo veo, me pongo detrás de Valiente y le tomo el pulso. Intento reanimarle, lo apoyo en mi pecho, pero me doy cuenta de que no hay nada que hacer porque la camisa blanca se me tiñe de sangre. Salgo del despacho gritando: ¡asesinos!".
Por aquel entonces, el decano de la facultad era el catedrático de Derecho Constitucional y magistrado del Tribunal Constitucional Manuel Aragón Reyes. Estaba en su despacho y también lo oyó todo: "Oí como unos petardos, pensé que eran unos petardos. Me quedé extrañado. Entré en el despacho de mi secretaria y pregunté qué había pasado. Me dijo que iba gente corriendo por el pasillo. Salí inmediatamente al pasillo, que conducía al despacho de Tomás y Valiente. Corrí y cuando llegué me encontré con lo que me encontré".
Un examen de Derecho Penal
El asesino abandona la escena del crimen de forma inmediata. En ese momento, en un seminario muy cercano se estaba desarrollando un examen de Derecho Penal. Juncal Infante era una de las alumnas que tenía ese examen aquella mañana: "Me dan mi examen, empiezo a leerlo y, según voy leyendo, estaba ya casi al final, en medio de una frase oigo tres golpes que para mí fueron como cuando se cae una carpeta plana completamente en el suelo: pa, pa, pa. Paro, miro a los profesores, leo una frase más y, de repente, alguien abre la puerta, entra y dice: hay un tío fuera con una pistola".
Entre Fernando, un profesor de Derecho Penal y un estudiante bajan en el ascensor a Francisco Tomás y Valiente en su silla hasta el garaje de la facultad. A la desesperada intentan salvarle la vida al profesor, pero ya era demasiado tarde: "La idea era subirlo en un coche y que le dieran asistencia, pero en el ascensor nos dimos cuenta de que ya no había nada que hacer". Mientras tanto, Juncal Infante baja al local de la asociación de estudiantes y llama a emergencias: "Llamo de la facultad, probablemente ya les hallan llamado, acaban de disparar a Tomás y Valiente... Y me dijeron que alguien estuviera allí para recibir a la ambulancia".
Uno de los primeros periodistas que llegó al lugar de los hechos fue Jan Martínez Ahrens. El actual director de El País por aquellos tiempos llevaba la cartera de sucesos de Madrid en el periódico. Cuando recibió el soplo de una de sus fuentes, no dudó en coger su coche y arrancar para la facultad: "Un policía, que era una fuente mía muy buena, me dijo que había habido un tiroteo en la Autónoma, que alguien había entrado en los despachos y estaba disparando a los profesores. Como siempre pasa en los sucesos, los primeros datos son muy confusos, pero luego cuando llegué me di cuenta de que se trataba de Francisco Tomás y Valiente", nos cuenta Martínez Ahrens.
Foto familiar de Francisco Tomás y Valiente con dos de sus hijos
Francisco, Carmen y sus cuatro hijos
Quico Tomás y Valiente es uno de los cuatro hijos que el profesor tuvo con su mujer Carmen Lanuza. Cuando ETA asesinó a su padre tenía 27 años. Él se enteró de la noticia mientras desempeñaba su trabajo en la Agencia EFE. En la primera persona que pensó fue en su madre: "Mi madre estaba en la calle. No queríamos que se enterase en la calle o sola. Coincidió que venía con que yo ya estaba en casa y entonces... Ella en seguida se dio cuenta. Había muchos periodistas y lo primero que me dijo fue: '¿Han matado a papá?'".
Francisco Tomás y Valiente nació en Valencia en 1932, en el seno de una familia que políticamente militaba en el bando perdedor de la Guerra Civil, algo que marcó su vida. Catedrático de Historia del Derecho, fue presidente del Tribunal Constitucional entre 1986 y 1992, año en el que se reincorpora a la docencia universitaria en la Autónoma. Era consejero permanente del Consejo de Estado cuando ETA lo asesina.
ETA, Baltasar Garzón y la investigación
El modo de operar de los terroristas hacía pensar que conocían a la perfección los pasos del profesor, que carecía de escolta. El autor de los disparos fue el pistolero de ETA Jon Bienzobas, alias Karaka. El juez instructor del caso fue Baltasar Garzón: "Bienzobas era un miembro del Comando Madrid, unos 25 años debía de tener en aquella época, y se había hecho pasar por alumno. Había desarrollado toda una serie de vigilancias para concretar la víctima, su modus vivendi, sus horarios, qué hacía, todo para asegurar su ejecución".
Los alumnos identifican a Bienzobas. Era el mismo rostro que se podía observar en un panel de la planta baja del edificio de la facultad donde figuraban las fotos de seis etarras distribuidas por la Policía. En 1996, ETA estaba en plena campaña de extensión del terror, que ya había empezado el año anterior con el asesinato del dirigente del PP vasco Gregorio Ordóñez. Lo había intentado con Aznar y el rey Juan Carlos el mismo año, mantenía secuestrado al funcionario de prisiones Ortega Lara y apenas unos días antes del atentado a Tomás y Valiente, había ejecutado al socialista Fernando Múgica.
La indignación por el cruel asesinato, la convirtió su hijo Quico en entereza y dignidad la misma tarde del atentado ante preguntas de los periodistas: "Simplemente quiero decir que la hora de mi padre ya está cumplida, que él ha muerto, pero ellos vivirán sin dignidad y que el objetivo de unos asesinos es simplemente matar y que eso es lo que han conseguido, solamente eso, pero nada más".
MADRID,15/02/1996.- Cientos de miles de personas piden un «Basta ya» al terrorismo de ETA en Madrid, en protesta por el asesinato de Francisco Tomás y Valiente / Sin firma
Miles de manos blancas y ¡Basta ya!
El asesinato de ETA consiguió una reacción de repulsa sin precedentes. Toda España quedó consternada y, en particular, la universidad. La misma tarde del atentado, los alumnos de la Facultad de Derecho de la Autónoma se reúnen para ver qué acciones de protesta llevar a cabo. En esa reunión sale una idea: concentrarse delante de la facultad y pintarse las manos de blanco. Aunque el movimiento manos blancas fue una respuesta colectiva, el autor de la idea fue Adrián González Lipiani: "Yo nunca pensé que iba a tener la trascendencia tan importante que iba a tener ese gesto".
Adrián tenía 23 años cuando asesinaron al profesor. Estudiaba cuarto de Derecho y ya había usado la expresión "Basta ya" para protestar contra ETA en la Facultad: "Cuando mataron a Múgica, yo puse un cartel enorme en medio del hall de la universidad, todo de negro, y solo se veía más pequeño unas palabras que eran 'basta ya'. Yo no me arrogo nada de basta ya ni nada, simplemente yo lo puse porque sentía que lo tenía que poner y ya está".
Se celebraron actos masivos por toda España. La manifestación en Madrid fue histórica. Baltasar Garzón recuerda el momento: "El atentado produjo una reacción, sobre todo en el sector estudiantil universitario, con el movimiento de manos blancas, que dio inicio al comienzo de una concienciación ciudadana de que el fenómeno terrorista nos afectaba a todos. Golpes como este dieron una especie de puñetazo en el estómago de los ciudadanos". "Fue un atentado que marcó mucho a España", reflexiona Jan Martínez Ahrens.
El cuerpo de Tomás y Valiente fue trasladado al Tribunal Constitucional, donde miles de ciudadanos fueron a mostrarle su cariño. Como en tantas otras ocasiones, flashes y sollozos fueron los sonidos del funeral. Al día siguiente de su muerte, El País publicó un artículo de Tomás y Valiente remitido al periódico dos días antes a raíz del asesinato de Fernando Múgica. Aquel artículo se titulaba "Razones y tentaciones del Estado" y acababa con la siguiente frase: " cada vez que matan a un hombre en la calle nos matan un poco a cada uno de nosotros".
La sentencia
Aunque la investigación concluyó muy rápido que el asesino era Bienzobas, no fue fácil dar con él. No se le detiene hasta el 30 de septiembre de 1999, en Francia. Es entregado temporalmente a España en noviembre de 2006. En mayo de 2007, la Audiencia Nacional condenó a Jon Bienzobas a 30 años de cárcel. No ocurrió lo mismo con Juan Antonio Olarra Guridi, que también fue otro de los que Baltasar Garzón procesó como apoyo logístico. Pero finalmente el tribunal consideró que las pruebas no había sido suficientes y prevaleció la presunción de inocencia.
Lo que sí fijó la sentencia, sentando un precedente muy importante, fue una indemnización de 400.000 euros para uno de los hijos del profesor, Miguel Tomás y Valiente, por la "lesión degenerativa e invalidante" consecuencia del trauma psíquico sufrido a raíz del atentado. La sentencia estableció una relación directa entre el asesinato de Francisco y la enfermedad de su hijo. Durante el alegato final, el fiscal Javier Zaragoza espetó al asesino que "gracias al esfuerzo de su víctima por defender las libertades, los derechos y las garantías, un abyecto y vil asesino como Bienzobas ha tenido un proceso justo".
El mueble con los tres disparos y la memoria
La estantería llena de libros que Francisco Tomás y Valiente tenía a su espalda en su despacho cuando le dispararon los tres tiros sigue guardada en el sótano de la biblioteca de la Facultad. La estantería conserva todavía los círculos de tiza que la policía pintó alrededor de los tres impactos de bala: "Hubo un tiempo en el que hubiera preferido conservar el mueble. Me dolía. Pero al cabo del tiempo lo veo como algo histórico. Para nosotros, salvando las distancias, es como si hoy cuando se realizan las puertas abiertas en el Congreso cada 6 de diciembre, se le enseña a la gente los disparos del 23-F sobre el techo, estos serían los impactos de un tiempo en el que la barbarie trató de amenazar nuestra democracia, pero nosotros ganamos", reflexiona Fernando Martínez.
"Que lo recordemos es importante, porque eso implica que no olvidamos", argumenta Garzón. "En el funeral de Broseta, asesinado también por ETA, mi padre le dijo a los hijos que le recordaran de una manera alegre. Lo suyo es no recordar a las personas que han sido asesinadas como víctimas, sino por lo que eran antes de ser víctimas", concluye Quico, el hijo de Francisco Tomás y Valiente. Acabamos este recorrido preguntando a los actuales alumnos de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid qué recuerdan del profesor y si saben lo que le pasó. Memoria democrática, para seguir mirando adelante.
Josema Jiménez
Periodista de Sanlúcar de Barrameda. Trabajo...Periodista de Sanlúcar de Barrameda. Trabajo en la Cadena SER desde 2018. Antes en Hoy por Hoy, ahora en Hora 25.