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Opinión

Casi todos

España es un país donde a los bebés se les compra un tentetieso. Así, aprenden las criaturas que lo importante es no caer

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Barcelona

España es un país donde a los bebés se les compra un tentetieso. Así, aprenden las criaturas que lo importante es no caer. Aquí nunca hemos respetado a la gente cuando cae. Este desprecio quedó manifiesto cuando se llenaron los pueblos de España de monumentos a los caídos. Mi madre me ha contado la historia de don Ernesto. Era el médico de Gor, un pueblo de Granada, al pie de un cerro. Don Ernesto era socialista y lo mataron en la guerra. Se lo llevaron preso a Granada, y le obligaron a que se cavase su hoyo. Mi madre me contó que, entonces, delante del hoyo, don Ernesto echó un discurso, que lloraban las piedras de lo que dijo. Entonces, la gente hablaba bien. A la gente, la voz le salía de la garganta con letra clara. Las personas somos la voz del tiempo y hablamos como en los días en los que nos toca vivir. Los tiempos cutres dan voces cutres. Pero me refiero ahora a los tiempos heroicos, donde el heroísmo consistía en plantarle cara a las acciones miserables a pecho descubierto. En aquellos años, no había guerra cultural. Había guerra de verdad y opinar costaba la vida. Don Ernesto era capitán médico del ejército de la República, y de algún modo hemos sabido que sus últimas palabras fueron conmovedoras. Tenía tres hijas y una mujer. Mi madre me explica que ella, de niña, había ido a pedir a aquella casa. “Aquella gente era rica y la mujer de don Ernesto era muy buena”, me dice. Y luego me cuenta que, cuando hicieron la cruz de los caídos en Gor, el monumento llevaba inscrito los nombres de los que habían muerto en la guerra, pero solo los del bando de Franco. Y cada vez que pasaba por delante de la cruz, la mujer de don Ernesto decía: “Hay qué ver, el nombre de mi marido no lo ponen como uno de los caídos en la guerra”. Así era la España que perdimos casi todos.