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Sociedad

De la ficción al juzgado de guardia: 'Marbella' como ejemplo de la lucha contra la delincuencia

Félix Martín analiza la serie de Movistar+ desde el punto de vista judicial

'Marbella' como ejemplo de la lucha contra la delincuencia

La serie Marbella, protagonizada, entre otros, por Hugo Silva ha tenido un éxito notable, y ya va por dos temporadas, y —más allá del lujo, de los yates, de los trajes impecables y de los despachos de diseño— nos coloca delante de algo mucho más serio.

Marbella se sitúa en la Costa del Sol. Un lugar donde conviven el turismo de lujo, el dinero internacional… y algo más. La primera temporada gira en torno a un abogado penalista que se mueve en esa zona gris donde se cruzan empresarios, intermediarios, testaferros y estructuras criminales sofisticadas. La segunda temporada cambia el foco, coloca en el centro a una fiscal antidroga de Marbella. Esta, viendo la magnitud del fenómeno, decide pedir refuerzos al Fiscal General del Estado para lanzar una operación a gran escala contra la delincuencia organizada.

Sobre esta serie, nuestro fiscal Félix Martín tiene una opinión favorable: está bien construida, y documentada, tiene ritmo y no cae en la caricatura fácil. Además, Félix Martín se centra en la figura de la fiscal antidroga de la segunda temporada. Según él, la serie acierta de pleno en algo que es incómodo pero real.

Una lucha de medios

La lucha contra la delincuencia organizada no es solo una lucha jurídica. Es una lucha de medios. Y existe una desigualdad estructural entre grandes bufetes con equipos multidisciplinares, expertos en fiscalidad internacional, analistas financieros, ingenieros informáticos... frente a eso, la Administración de Justicia funciona muchas veces con sistemas informáticos obsoletos, macrocausas con miles de folios y un modelo procesal diseñado en otro contexto histórico. No es una cuestión de capacidad técnica de los jueces, es una cuestión de arquitectura institucional.

En resumen, el sistema no puede basarse en que funcione gracias al sacrificio personal permanente de quienes lo sostienen. Eso puede ser peligroso porque cuando un sistema depende del voluntarismo, se vuelve frágil. La delincuencia organizada se ha modernizado: usa criptomonedas, opera en varios países simultáneamente... Si el sistema judicial no se moderniza al mismo ritmo perderá la capacidad estructural de respuesta. Esto afecta a algo mucho más grande: la confianza de los ciudadanos en el Estado de Derecho.