"Lo que hacemos es generar percepciones positivas": la labor de los asesores de imagen al descubierto
La comunicación política siempre ha sido cuestión no solo de discursos y contenido, sino de la forma en la que se transmite y del aspecto del transmisor

La política del color y las judías con jamón
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Madrid
La imagen política e institucional siempre ha sido objeto de análisis y crítica desde que la democracia es democracia. Los reyes han usado sus retratos como símbolo de su poder, con modificaciones hechas ad hoc para parecer más varoniles y poderosos. Los pintores que los realizaban tenían un sueldo extraordinario, pues la Casa Reales sabían el poder y el prestigio que otorgaba tener bajo su mando a artistas de tanto nivel como Francisco de Goya o Diego Velázquez.
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La fotografía revolucionó la comunicación política. Ahora, una foto puede volar de una punta del planeta a otra en cuestión de segundos y arruinar una reputación política construida con cuidado en incluso menos tiempo. Y la ropa que se lleva en esas fotografías, por tanto, también ha de cuidarse. Que se lo digan a Obama, cuyo traje marrón claro en una conferencia de prensa sobre el ISIS en 2014 desató una enorme campaña en contra por parte de sectores conservadores, quienes llegaron a decir de la mano del representante republicano de Nueva York, Peter King que "no hay manera de excusar lo que hizo".
El power dressing, o "uniforme de poder" en castellano, concepto acuñado por el periodista estadounidense John T. Molloy en su libro Dress for success, es fundamental en política. Inicialmente, se refería específicamente para describir la indumentaria que las mujeres usaban en los 70 para imponer su autoridad en el lugar de trabajo. Ahora es un concepto bastante más general. María Francés Barrientos, consultora estratégica de imagen y liderazgo para cargos públicos lo explica así: "Tenemos en nuestro imaginario a Ronald Reagan: traje negro, corbata roja y camisa blanca. De una forma es el que lleva Trump, el que ha llevado Obama".
La asesora es consciente del poder que otorga una buena vestimenta, pero sobre todo, una buena imagen de cara a redes sociales. "Siempre pienso que los políticos, cuando son un perfil profesional, tienen que estar mirando a los ojos", dice en referencia a las fotos de sus perfiles públicos en redes sociales. "La foto que tiene ahora [Pedro Sánchez], me gusta, está mirando al frente, con su corbata roja marcando territorio. Me apasiona como maneja su imagen".
En comparación, Francés habla de Alberto Núñez Feijóo y de cómo su puesto como líder de la oposición le permite flexibilizar un poco su imagen política. "Feijóo va mucho más business casual, que quiere decir bléiseres sueltos, con camisa blanca, pantalones incluso vaqueros, es otra labor la de oposición". Alaba también un acierto muy específico en su imagen. "Al quitar las gafas le ha dado un poco más de apertura a la mirada".
Por su consulta pasan a diario políticos (y otras profesiones con proyección pública) de todos los signos. Para comenzar su asesoría, les realiza una entrevista que puede llegar a durar hasta dos horas para conocer a fondo su perfil y qué tienen que mejorar. “El matiz de que unos sean más difíciles que otros [de asesorar] no es tanto el partido al que pertenecen, sino su disposición a cambiar y a mejorar”.
Preguntada por políticos en ejercicio, no duda tampoco en señalar tanto a maestras de la imagen política como a víctimas de sus propios equipos: "No se le puede poner un pero a la estrategia de imagen de Yolanda Díaz, pero creo que María Jesús Montero tiene a su peor enemigo en su equipo de social media".




