La escena censurada de 'Nueve semanas y media' tras los gritos del público
Los primeros pases de prueba obligaron a retrasar el estreno más de un año y forzaron a rehacer parte de la película

La escena censurada de 'Nueve semanas y media' tras los gritos del público
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Madrid
Nueve semanas y media es hoy un clásico del cine erótico de los años 80, pero su camino hasta los cines fue sorprendentemente complicado. En el programa Sucedió una noche, en la Cadena SER, recordaron cómo la película estuvo a punto de naufragar antes incluso de estrenarse.
Todo empezó con los primeros pases de prueba que organizó el estudio cuando la película ya estaba terminada. Aquellas proyecciones buscaban medir la reacción del público, pero lo que ocurrió fue justo lo contrario de lo esperado. Muchas personas abandonaron la sala indignadas, algunas gritaron a la pantalla y la sensación general fue de rechazo absoluto. La reacción fue tan negativa que los productores decidieron frenar todo el lanzamiento.
Ese parón retrasó el estreno más de un año y obligó a rehacer parte de la película. Se recortaron numerosas secuencias y otras directamente se eliminaron. La famosa escena del hielo, una de las más recordadas del filme, tuvo que acortarse porque, según recuerdan en el programa, iba mucho más allá del ombligo en su versión original. El equipo buscaba suavizar el tono para evitar otro choque con el público estadounidense.
Aun así, cuando la película llegó finalmente a los cines en febrero de 1986, el resultado fue un desastre. El público en Estados Unidos no respondió, la taquilla fue muy baja y la crítica trató la película sin piedad. Todo apuntaba a un fracaso rotundo.
Sin embargo, en Europa ocurrió exactamente lo contrario. El mismo filme que no había funcionado en su país de origen se convirtió aquí en un fenómeno. La estética de Adrian Lyne, la música y la química entre Kim Basinger y Mickey Rourke conectaron de inmediato con los espectadores europeos. "La película logró atrapar la imaginación de la gente en Europa", explicaba el director. En París, por ejemplo, llegó a mantenerse siete años seguidos en cartel, algo muy poco habitual.
El éxito global llegó más tarde, con la edición en vídeo doméstico. Fue entonces cuando Nueve semanas y media empezó a circular por todo el mundo y a convertirse en una fantasía para millones de espectadores. En Estados Unidos, donde inicialmente había fracasado, terminó encontrando su público gracias al VHS.
Su impacto fue especialmente fuerte en los países de Europa del Este, donde la película se convirtió en un símbolo cultural inesperado. Susan Lyne, fundadora de la revista Premiere, lo explicaba así a principios de los años 90: "Nueve semanas y media puso también su granito de arena en la caída del telón de acero". Según ella, Kim Basinger llegó a ser "la actriz más popular de la Europa del Este" gracias a la película. Incluso contaba con ironía que, tras la caída del muro de Berlín, hubo gente que se sintió decepcionada al descubrir que no todas las mujeres occidentales se parecían a la actriz.
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‘Nueve semanas y media’, Sal Mineo y ‘Gunga Din’
Tras ese fenómeno, Basinger se consolidó como el sex symbol por excelencia de los años 80, y la película pasó de ser un fracaso inicial a convertirse en uno de los iconos eróticos más influyentes de la cultura popular.




