Alexandra García Tabernero, fiscal, autora de 'Carta al Coronel': "Esta historia me ha demostrado que la justicia puede aflorar de formas inesperadas"
En una comida familiar descubrió que un pariente suyo había acabado preso acusado de crímenes de lesa humanidad en Argentina tras ser alto cargo policial en la dictadura de Videla

"Esta historia me ha demostrado que la justicia puede aflorar de formas inesperadas"
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Alexandra García Tabernero, fiscal en la Audiencia Provincial de Barcelona, profesora de Derecho Penal y formadora de policías, es alguien cuya vocación despertó cuando, con 16 años, conoció los juicios de Nuremberg. Los crímenes contra la humanidad están en el centro de su preocupación profesional.
Y entonces descubrió, a partir de un comentario cazado al vuelo en una comida familiar, que un pariente suyo en Argentina había sido alto cargo policial en Buenos Aires en el año 77, en plena dictadura militar, y había acabado preso acusado de crímenes de lesa humanidad o, en palabras de su familiar, de "problemas de esos". Su libro 'Carta al coronel' (editorial Debate) es una investigación "como sobrina", pero también una indagación sobre su vocación, sobre el mal, sobre la memoria y, al cabo, una extraña forma de justicia.
Alexandra trabaja con víctimas a diario, en el ejercicio de su trabajo como fiscal, pero hablar con víctimas de la dictadura argentina, fue una experiencia completamente distinta: "yo hablaba con ellos en carne viva". Pero también había similitudes. Básicamente, que, en general, las víctimas quieren declarar, aunque sea tarde, y que sienten alivio al hacerlo, aunque sea en una investigación sin condenas: "eso me lo dicen textualmente las víctimas a las que entrevisto en Argentina".
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"El mero hecho de haber declarado en un proceso público, de que su relato conste en un registro oficial, ya supone un alivio, produce un efecto reparador. Incluso alguna víctima me hablaba de una disminución de las secuelas, de los efectos adversos que arrastraba desde hacía décadas, de que había empezado a dormir más tranquila después de haber declarado, ni siquiera habiendo conseguido una condena", señala.
La comparación no es el objetivo de esta "Carta al coronel", pero sí es cierto que existe una diferencia fundamental entre cómo ha gestionado su pasado Argentina y cómo lo ha gestionado España. "Yo viajo a Argentina con esa reticencia, pensando que quizás se iban a incomodar o no iban a estar dispuestos, y lo que me encuentro allí es la absoluta disponibilidad por parte de todas las personas víctimas a las que entrevisté y de las personas implicadas a trasladarme su testimonio, a compartir conmigo su recuerdo, su dolor, su experiencia, su interpretación de los hechos. Y eso a mí me sorprende y lo recibo con muchísimo agradecimiento, porque entre todos me permiten escribir este libro".
En Argentina, por tanto, nadie usó la expresión "reabrir heridas". Incluso le preguntaban: "¿cómo es que en tu país no ha habido juicios sobre el franquismo, cómo no hay un relato oficial?". Preguntada como fiscal, Alexandra García Tabernero se remite a las víctimas: "esta pregunta la debemos formular a las víctimas de la Guerra Civil y del franquismo, a todas las personas que sufrieron algún tipo de crimen en esa época. Habría que preguntarles si consideran suficiente lo que se ha hecho".
Una historia sin respuesta
El libro en realidad nace del "asombro, la negación y la paradoja que me estalló al descubrir la existencia de Reinaldo Tabernero. Necesitaba crear ese diálogo con el tío al que no conocí". No hay respuestas, porque en vida (Reinaldo Tabernero murió en 2007), jamás hizo declaraciones públicas. Es imposible saber si se arrepentía, o si compró el discurso de la "guerra contra la subversión que asumieron muchos de militares".
Durante doce años, después de conocer la existencia de su tío, en su familia solo hubo silencio: "un silencio absoluto. No se mostraron ni de acuerdo ni en desacuerdo, solo se produjo un silencio que duró 12 años", desde que ella conoció por primera vez la existencia de Reinaldo Tabernero hasta que viajó a Argentina a investigarlo. Para ella, el libro cuenta "un viaje emocional al que invito al lector. No es un relato historiográfico, ni una biografía de mi tío, sino el relato del viaje que emprendo cuando descubro esto y todas las fases que atravieso a nivel de sentimientos, de conflictos internos, desde una negación inicial hasta una suerte de aceptación, con todos los matices, pasando por momentos de indignación y también de orgullo al ver lo que había hecho Argentina con su pasado. Es un cóctel bastante complejo".
Al volver de Argentina, no obstante, se sintió paralizada por todo lo que sabía: "me había acercado tanto a su persona, a las personas que sufrieron en 1977, que no podía seguir escribiendo". Y eso que, por su profesión está acostumbrada a intervenir en juicios públicos, solicitando muchas veces la condena de los acusados. "Pero esto no son crímenes ajenos, es que con esta persona comparto sangre y apellido. Y yo cuando hablaba allí con las víctimas y con personas implicadas, de entrada, les anunciaba cuál era mi objetivo y quién era. Y a pesar de ello, todos me compartían su recuerdo. Pero claro, yo lo vivía de una forma completamente distinta. Yo no hablaba con ellos como fiscal, yo hablaba con ellos en carne viva, como sobrina de una persona que acabó presa, investigada por las atrocidades que se cometieron".
Como parte de su formación como fiscal, Alexandra conoció personalmente al más joven de los fiscales que participaron en los juicios de Nuremberg, Ben Ferencz, que decía que cualquiera puede convertirse en un monstruo, en un torturador. Y en Argentina, como en el nazismo, Alexandra reconoce que hubo mucho "funcionario gris", gente que podría ser cualquiera de nosotros: "ese tipo de participación en un engranaje burocrático deslindado de toda ética al final genera una capa de impunidad, porque nadie se acaba sintiendo responsable de lo que está ocurriendo".
Pero pone en relación lo aprendido también con los crímenes que se cometieron en la guerra de la antigua Yugoslavia, en los que trabajó cuando estuvo en el Tribunal de La Haya: "veo un denominador común en el sentido de que cuando hay una ideología muy marcada, latente en un conflicto, no hay arrepentimiento, y por tanto no hay perdón. Las personas dicen actuar convencidas, por patriotismo". Igual que con los nazis en Nuremberg, al juzgar los crímenes de la antigua Yugoslavia "no había posibilidad de perdón, no podían bajarse de ese relato porque se les desmontaba absolutamente toda la arquitectura de sus vidas".
En Carta al coronel se dirige a su tío y le dice: "me hubiera faltado leer tu sentencia". Pero la escritura también le ha ayudado a descubrir que "puede aflorar justicia en formas inesperadas, años después y de forma totalmente no planificada". Y se ríe al recordar que ella vio en el cine la película sobre el juicio a las juntas militares, Argentina 1985 comiendo palomitas y pensando: "qué época, pobre gente".
Decía Jorge Luis Borges que a la realidad le gustan mucho las simetrías y los anacronismos. Con esta extraña simetría anacrónica, Alexandra García Tabernero ha escrito un libro extraordinario.

Eva Cruz
Redactora en el magazine de 'Hoy por Hoy' desde 2017.




