Fenómeno therian: la fina línea entre humor y bullying
Raquel Mascaraque analiza las consecuencias de los señalamientos y burlas en redes sociales

La fina línea entre humor y bullying
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Durante estas semanas hemos oído hablar mucho sobre los therians, personas que se identifican con rasgos animales, y que lo expresan a través de su estética. Tienen una comunidad online y un comportamiento simbólico (algunos andan a cuatro patas, por ejemplo). Podemos tener muchas opiniones sobre eso, pero existe un comportamiento que ha surgido a partir de que este fenómeno: burlas, señalamientos, vídeos virales riéndose, acoso. Nuestra colaboradora Raquel Mascaraque analiza los efectos que el bullying puede tener en el cerebro.
¿Es lo mismo estar solo que sentirse excluido?
No es lo mismo elegir estar solo (algo sano y necesario para no relacionarte con dependencia) que quedarte solo porque el grupo te expulsa.
Estar a gusto contigo te da autonomía. La exclusión, en cambio, activa algo mucho más profundo. Somos animales sociales y necesitamos pertenecer a un grupo. Por eso, cuando una persona es ridiculizada de forma repetida, el cerebro no lo interpreta como 'humor', o como se suele justificar mucho en los colegios 'cosa de niños'. A nivel cerebral, se vive como una amenaza social crónica. Quizá por eso este grupo siente que dentro del odio han encontrado un espacio donde pertenecen a algo. Porque lo que sí sabemos es que cuando alguien encuentra un grupo donde se siente aceptado, el cerebro reduce la sensación de amenaza y aumenta la sensación de pertenencia.
Aunque no lleguemos a comprender del todo sus motivaciones, los que preocupan en mayor medida son aquellos que amenazan de muerte a los therians o a cualquiera que no tenga su forma de pensar.
Una amenaza social
Hay estudios que confirman que el bullying se vive como una amenaza social. En 2003, un estudio de Naomi Eisenberger en la University of California, Los Ángeles mostró que cuando alguien era excluido socialmente en un experimento, se activaba la corteza cingulada anterior dorsal, que es un área del cerebro que se activa también con el dolor físico. Ósea que este rechazo se experimenta como si te estuvieran dando una patada en la espinilla. Por eso, en casos graves y mantenidos, el dolor puede llegar a ser tan intenso que algunas personas desarrollan ideación suicida.
Es importante diferenciar entre un conflicto puntual y el bullying. Para que hablemos de acoso tiene que haber:
Intención de dañar. Por ejemplo: subir un vídeo que consideras 'humor', pero hay personas señalando que les está perjudicando y aún así lo mantienes porque genera visitas. Ahí hablamos de responsabilidad.
Repetición en el tiempo. No es un comentario aislado, es una dinámica que se sostiene. En redes esto es interesante: aunque solo publiques una vez, si formas parte activa de una ola de ridiculización, contribuyes a que esa repetición exista.
El daño no siempre lo hace una sola persona. A veces lo hace el efecto acumulativo del grupo.
Desequilibrio de poder. Por ejemplo, cuando hay muchísimas personas señalando a unas pocas. O cuando quien ridiculiza tiene más influencia o más capacidad de amplificación. Ahí ya no estamos ante un debate entre iguales. Estamos ante una relación asimétrica, hablamos de estrés social crónico. Si cada día te convierten en objetivo, tu cerebro aprende que el entorno no es seguro. Y cuando el cerebro está en modo supervivencia, concentrarse cuesta más. Regularse y pensar con claridad cuesta más.
Las redes sociales
En redes hacemos cosas que cara a cara no haríamos. En grupo nos desinhibimos, la responsabilidad se diluye y el daño parece menor. Pero para quien está al otro lado, el cerebro no distingue si son cien personas riéndose detrás de una pantalla o en un patio de colegio.
No hace falta entender todo lo que hacen los demás y tampoco hace falta compartirlo. Pero cuando convertimos a alguien en objeto de humillación repetida, no estamos opinando, estamos activando su sistema de amenaza, y el cerebro humano no está diseñado para soportar la exclusión constante.
Cuando el grupo decide que alguien no merece pertenecer, habla más del grupo que critica que de la persona distinta.




