Harry Lighton, el director del fenómeno 'Pillion': "Quería romper con la idea de que el sexo BDSM existe en un mundo extraño"
El cineasta británico ha triunfado con su debut, una historia tierna de amor, sumisión sexual y deseo protagonizada por Harry Melling y Alexander Skarsgard

Harry Melling, Alexander Skarsgård y Harry Lighton, los actores y el director de 'Pillion' (Photo by Eric Charbonneau/A24 via Getty Images) / Eric Charbonneau

Madrid
Hay muchas formas de explorar las relaciones amorosas y Harry Lighton ha elegido una de las más originales. El director británico firma uno de los fenómenos de la temporada, Pillion, una historia de amor, sexo y deseo protagonizada por Harry Melling, actor joven conocido por 'Harry Potter', y Alexander Skarsgard, el actor sueco popular por ser uno de los hombres más sexys de la industria y por sus papeles en series como 'True Blood’ o 'Big Little Lies' y películas como 'El hombre del norte’. El cineasta presentó en el pasado Festival de Cannes esta historia basada en la novela Box Hill (editorial Temas de Hoy), del escritor británico Adam Mars-Jones, una mirada transgresora al mundo de la sumisión sexual a través de un relato tierno, divertido y a la vez profundamente romántico.
“Me atrajo el tono del libro. Es muy inusual porque cambia entre la comedia y la sinceridad de una frase a otra. Y me pareció que era un tono muy interesante para una película, porque el libro hace eso a través de la narración en primera persona, pero hacerlo a través de imágenes era muy atractivo. Y además, siempre me ha interesado el sexo transgresor. Todas mis películas han tratado sobre lo que podría llamarse sexo raro de una forma u otra, y sobre la forma en que eso se interpone en el camino de un romance o puede conducir a un nuevo tipo de romance. El libro tenía eso en su ADN y me atrapó”, explicaba Lighton en la pasada Seminci, donde vino a presentar una de las películas más comentadas del año junto al imponente actor sueco.
La historia sigue a Colin, un joven introvertido y flaco al que da vida Harry Melling, que se gana la vida cantando canciones en los bares hasta que una noche se queda obnubilado por Ray, un carismático y atractivo motero con el que empieza una relación sexual basada en el BDSM y la sumisión, siendo Ray el amo y Colin el criado dentro y fuera del sexo. “Me interesa romper prejuicios pero no de una manera deliberadamente provocativa. El BDSM se trata en las películas como si fuera un chiste, como una broma fácil, o se trata con ironía. Y eso lo que provoca es una distancia entre el público y el personaje. Si piensas en una película como ‘Secretary’, el tono es irónico, la película es genial, pero no conectas con el personaje de la misma manera. Yo quería arrojar una luz más honesta y empática sobre estos deseos y la complejidad que tener estos deseos puede crear en tu vida. En la película pasamos de una orgía en el bosque a una cena de asado con sus padres. Eso es lo que puede pasar en la vida: el sexo transgresor y las cosas que pertenecen a una película navideña pueden ir una al lado de la otra. Lo que quería eliminar es la idea de que el BDSM existe en un mundo extraño, de aliens”, declara Lighton.
"A menudo el sexo es aburrido en pantalla. La acumulación de tensión entre los personajes suele ser más divertida antes de que se metan en la cama. Cuando ya pasa, esa tensión desaparece. Entiendo que no queremos ver a la gente tener sexo durante 17 minutos y medio. Esa es la duración media de una relación sexual. No lo digo específicamente por mí -risas-. Las escenas de sexo eran fantásticas al leerlas porque todas y cada una de ellas tenían un desarrollo del personaje dentro de la escena. Significan algo. Están ahí por una razón, no solo para decir, oye, mira a estos tipos teniendo sexo en el bosque. Es su primera mamada, la primera vez que tiene relaciones sexuales, la primera vez que tiene un orgasmo, son grandes momentos para los personajes. Todas las escenas tenían sentido y están por una razón", añadía Alexander Skarsgard.
Más allá de los primeros encuentros y las fugas de humor, la película es un viaje emocional en la que el joven protagonista comienza a cuestionar si esto es lo que quiere realmente, si ser sumiso es lo que busca y si está siendo libre realmente. Desde la comedia romántica, el director introduce nuevos aspectos para ahondar en la libertad sexual, en la ruptura de las convenciones sociales en torno a la pareja, el amor y el deseo y la necesidad de gustar y sentirnos queridos de todo ser humano. Más allá de ser una película queer, Pillion es una historia que hace reflexionar sobre las relaciones de poder dentro de la pareja y de la familia a través de una comedia de aprendizaje y autoconocimiento. Lo mejor de Pillion es que su director rechaza establecer juicios morales, se limita a dejarse llevar por un personaje que está aprendiendo a decidir sobre su deseo, aunque esa decisión sea, a veces, no decidir.
Para eso, Lighton toma varias decisiones interesantes. Por ejemplo, desplazar el típico conflicto del coming of age, de la historia de iniciación o autodescubrimiento. La identidad sexual no es un problema para los padres, de hecho ellos mismos le buscan citas a su hijo. “Eso era muy importante para mí. No creo que sea una cosa del pasado aún, creo que todavía existe, hay un resurgimiento de la homofobia en Europa y en el mundo, pero creo que en las películas es bastante aburrido ver siempre el mismo conflicto entre padres e hijos y ver que el conflicto se resuelve de la misma manera. La historia de las películas queer sobre las relaciones entre padres e hijos siempre van del conflicto a la aceptación, yo quería explorar cómo empujan a su hijo a tener un novio, pero luego no es el tipo correcto de novio, y entonces eso se puede convertir en un conflicto ¿En qué momento unos padres que parecen tan tolerantes intervienen en la relación de su hijo adulto porque sienten que no es la definición correcta de relación basada en sus propias ideas? No quería limitarme a criticar a los padres, sino que quería que fuera un debate para el público. Esa es la pregunta que me interesaba”, argumenta el director británico, que también subvierte otra imagen del cine queer. Nada de oscuridad ni de escondites o relaciones furtivas. El sexo, o las orgías, se pueden mostrar a plena luz del día.
“Es intencionado, quería que esas escenas parecieran cálidas, para que no se asociaran con el tipo de sexo que están teniendo. Si todo se graba por la noche, si una orgía es por la noche, parece que es algo reservado y yo buscaba que fuera algo glorioso y un poco sentimental. Es como en un drama de época en el que un personaje se besa por primera vez. Quería que tuviera esa sensación de calidez en lugar de sentir que es algo que hay que esconder”, responde mientras admite que lo más difícil ha sido todo el proceso de montaje para encontrar el tono exacto de esta historia. “Sabía que tenía los actores que necesitaba y que serían capaces de darme la complejidad del tono. Pero durante el rodaje, me aseguré de darme opciones a la hora de montarla, porque puedes rodar una escena y pensar que ese es el tono que necesitas pero luego en montaje con el sonido puede ser diferente. El montaje me ha llevado más de nueve meses y a veces teníamos que eliminar chistes muy buenos. Por ejemplo, había cosas que habrían hecho reír mucho, y me encanta hacer reír a la gente, pero dificultaban la conexión entre el público y el personaje a nivel empático”.
De ese montaje se le ha preguntado mucho, y también se ha rumoreado bastante, sobre si existía una versión más explicita. Un corte final con más sexo entre los protagonistas. “No es cierto, bueno, hay un poco de verdad, pero se entendió de manera equivocada. Había una toma de la punta del pene, un primer plano. La grabamos y la usé en un corte de montaje. Es en la primera escena callejera que se encuentran, y quería que el público aguantara la respiración, pero eso hizo que el público se riera porque de repente veías en una pantalla gigante un piercing genital, un piercing Príncipe Alberto. Lo quité porque no quería que el público se riera, no tenía nada que ver con que me preocupara que fuera demasiado explícito. Pero aparte de eso, la película es exactamente tan explícita como quería que fuera. Aunque haya ocho penes en pantalla, lo que importa es el ángulo de la cámara. Para mí, hacer algo erótico en una película no se trata solo de mostrarlo todo. Se trata de mostrar y no mostrar para que el público quiera verlo”, concluye.

José M. Romero
Cubre la información de cine y series para El Cine en la SER y coordina la parte digital y las redes...




