"Consideraban una anormalidad que una mujer portara la corona": Carmen Gallardo presenta 'Reinas infieles', su retrato de doce mujeres que desafiaron su destino
La autora explicó en 'La Ventana' cómo estas reinas fueron vigiladas, juzgadas y castigadas con una dureza que la historia jamás aplicó a los monarcas

Entrevista a la escritora Carmen Gallardo
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Madrid
La periodista y escritora Carmen Gallardo presentó en La Ventana su libro Reinas infieles, un recorrido por doce mujeres que desafiaron las normas que regían sus cuerpos y su destino. "El papel de las reinas a lo largo de la historia ha sido proporcionar un heredero al rey", recordó. Por eso, aunque los reyes acumulaban amantes, "las reinas no podían permitirse ni un desliz".
Urraca: una reina "anormal" para su época
Urraca I de León heredó un territorio inmenso y llegó a ponerse al frente de sus ejércitos. "Fue una mujer extraordinaria", recordó Gallardo, que subrayó cómo las crónicas medievales no toleraban a una mujer en el poder: "Consideraban que era una anormalidad en la cristiandad que fuese una mujer la que portara la corona".
La autora leyó uno de los juicios más duros que halló en su investigación: un clérigo del siglo XII escribió que Urraca gobernó "tiránica y mujerilmente" y que murió "de parto adulterino". Aquella palabra la desconcertó: "Me pregunté qué pretendía decir con 'mujerilmente'". Gallardo explicó que la acusación de infidelidad carecía de base: "Cuando tiene un romance es después de enviudar. Y su segundo matrimonio había sido anulado por el Papa".
Ni siquiera su hijo la defendió. Al contrario: "Hasta los ciegos y los barberos saben que mi madre se ha regocijado en el tálamo nupcial", dijo él mismo. Una frase que, para Gallardo, resume la vigilancia implacable que pesaba sobre las reinas.
Isabel de Francia: del sometimiento a la venganza
La historia de Isabel de Francia está marcada por la humillación y la respuesta. Su matrimonio con Eduardo II empezó con una escena que la definió todo: "Durante el banquete de bodas, el rey sentó a su amante en el lugar reservado para la reina". Isabel asumió aquella situación por obligación: "Aceptó el matrimonio que le habían impuesto, aceptó a los amantes de su marido", expicó la aututora.
Pero, como subraya Gallardo, Isabel no era "cordero": "Era una mujer brillante, una mujer inteligente". Cuando los malos tratos y los abusos del entorno del rey se hicieron insoportables, cambió de posición: "Hubo un momento en que no pudo soportarlo más. Y decidió que se iba a vengar". Esa venganza la llevó a aliarse con un noble francés —y amante suyo—: "No solamente organizan el derrocamiento de Eduardo II, sino que se hacen amantes"’. Como otras reinas del libro, también ella tomó las armas: "se colocaron la malla y salieron al campo de batalla".
Juana de Portugal: la reina borrada de los libros
Gallardo recupera la figura de Juana de Portugal, una mujer a la que el relato oficial ha relegado al margen. Su embarazo tardío alimentó rumores inverosímiles, incluido que su hija fue concebida mediante "inseminación artificial" con una cánula de oro.
Aunque consultó a especialistas —"Una ginecóloga me dijo que sí, que era una técnica que se podía utilizar"—, Gallardo insiste en que lo importante no era el método: "El rey reconoce a su hija, los nobles la reconocen como princesa de Asturias. Cómo se gestó realmente importaba menos". Pese a ello, las élites decidieron apartarla: "Los reyes mandaban menos que los nobles y que la Iglesia. Decidieron que ella no era la legítima heredera". Y la autora lo resume sin rodeos: "Robaron el trono a quien legítimamente le correspondía".
Margarita de Valois: saber, amar y pecar
Margarita de Valois cargó con tres "pecados": "El deseo de saber, la libertad sexual y no poder darle un hijo al rey". Su matrimonio con Enrique de Navarra apenas sirvió para frenar la violencia religiosa. "Durante todo el tiempo cada uno vivió su vida al margen del otro sin ningún problema", resume Gallardo. Dejó además escritos que hoy pueden leerse como germen del feminismo: "Sus textos han sido considerados como principios de un alegato feminista".
Catalina la Grande: una estadista reducida a sus amantes
La historia tampoco ha sido justa con Catalina II de Rusia. "Era una gran estratega", subraya Gallardo. En 1762 arrebató el poder a Pedro III "sin derramar ni una gota de sangre". Bajo su mando, Rusia se convirtió en potencia. Pero la crítica se centró en su vida personal: "No la han valorado por sus conquistas políticas, sino por sus amantes", cuando, recuerda Gallardo, "es exactamente lo mismo que habían hecho todos los reyes".

Paola de Bélgica: la reina que pidió no serlo
La última protagonista es Paola Ruffo di Calabria, la única viva. Paola aceptó casarse con una condición: "Prométeme que nunca seré reina". No se cumplió. "Es el ejemplo máximo de cómo se puede incumplir una promesa", resume Gallardo. Su historia permite además recordar "los crímenes del Congo", un genocidio que, según la autora, "debemos recordar permanentemente".




