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Sociedad

La víctima, en tela de juicio: audios, pruebas y la carga de demostrar la verdad

Las pruebas de audio no son tan importantes para creer a una víctima en un juicio penal; sin embargo, cuando una mujer denuncia, las pruebas de audio van a ser importantes para afrontar el juicio público al que va a ser sometida

El papel de los audios en casos de violencia machista: entre la justicia y el juicio público

Madrid

En los últimos días hemos escuchado cómo el alcalde de Móstoles, el popular Manuel Bautista, acusado de acoso laboral y sexual, atribuía la denuncia a una campaña de desprestigio. También hemos conocido la denuncia por agresión sexual al ex Director Adjunto de la Policía Nacional, José Ángel González, y cómo este negaba las acusaciones y alegaba que la víctima actuó por celos. Esto es hasta que salieron a la luz los audios que habían grabado las denunciantes durante algunas de las agresiones.

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El caso más reciente de acoso laboral y sexual es el del comisario de la Policía, Emilio de la Calle, que controlaba, manipulaba y sometía a su única subalterna, en la embajada de España en Nueva Delhi. En este caso, el agresor no ha tenido la oportunidad de negar los hechos, gracias a que la víctima ha publicado, a través de El País, más de 20 horas de audio de las agresiones y el acoso que sufría por su parte.

Por lo tanto, ¿es importante que una mujer se grabe cuando cree que puede estar en peligro de sufrir una agresión?

En un juicio penal

En un juicio penal, la relevancia de los audios disminuye. Según explica la abogada Navia López, de Vilches abogadas: "El testimonio de la víctima, siguiendo unos requisitos, que establece el Tribunal Supremo, es suficiente para enervar la presunción de inocencia. Por lo tanto, la declaración, por sí misma de la víctima, puede suponer una sentencia condenatoria para el denunciante".

La legislación entiende que los casos de violencia de género suelen ocurrir en la intimidad, y por lo tanto, lo normal es que no haya testigos, y que la víctima no haya conseguido grabar nada.

La abogada Isabel Merino, de Debelare Abogados, dice, además, que imponer esa medida (la de aportar pruebas de audio para dar credibilidad a la denunciante) alentaría a muchas mujeres a no denunciar, si creen que no tienen pruebas. "Es importante que la víctima tenga claro que no va a ser menos creíble ni menos víctima por no tener audios que así lo demuestren", dice Merino.

Además, asegura que en un juicio se tienen en cuenta muchas otras pruebas que se valoran al mismo nivel, o más, que una prueba de audio, como pueden ser "los testimonios de familiares y amigos, correos, informes médicos o el informe que haga la policía a la hora de presentar la denuncia".

Sin embargo, hay una ocasión en la que tener pruebas de audio o vídeo de una agresión machista o de acoso, ya sea sexual o laboral, cobra bastante relevancia.

En un juicio público

Cuando un caso de violencia de género se hace mediático, la cuestión deja de ser la palabra de la víctima contra la del agresor y se convierte en la palabra de la víctima contra la opinión pública.

Así lo explica Cristina Mateos, socióloga y profesora de periodismo en la Universidad Complutense. "La mediatización tiende a convertir el dolor en un espectáculo. Se consume, se juzga, se duda de las víctimas. Y en este proceso, demasiadas veces, las víctimas terminan siendo más interrogadas que el propio agresor, más cuestionadas que el propio agresor. La conversación pública se empieza a trasladar a por qué la persona no huyó, por qué tardó en denunciar, o cómo se comportó después, reproduciendo el mito de la víctima ideal".

María Silvestre, catedrática de sociología de la Universidad de Deusto, dice que además, los casos de violencia de género suelen seguir un patrón claro: "el agresor lo que hace es negar. Negar cualquier agresión, minimizar, ridiculizar, caricaturizar; introducir la duda, la sospecha, etc".

Como hemos visto en los casos del alcalde de Móstoles, o el del ex-DAO de la policía, o en el caso de Iñigo Errejón, el de Dani Alves, o en la Manada, parece que todo se conjura para creer al agresor y hacer lo posible para humillar a la víctima.

Como dice la presidenta de la Asociación Somos Más, Natalia Morlas, "parece que las mujeres tenemos que demostrar que somos víctimas". Y señala que es en este momento cuando las pruebas de audios cobran relevancia: "Desgraciadamente, todavía se sigue poniendo muchísimo el foco en la víctima y no en el agresor. Es por eso que las mujeres se graban, porque no hay otra forma, más que exponerse. Sacar las brutalidades que le ha hecho el señor para poder decir: "sí es que esta soy yo y este es el señor, y así me creéis". Ese es el perjuicio grandísimo que se nos hace a las mujeres, la exposición, la vergüenza y la revictimización; nuestra, y la de nuestros hijos, claro". Añade: "es muy injusto que para poder demostrar la verdad te tengas que desnudar absolutamente; pero es que, si no, no te creen".

María Silvestre añade: "y aún así, podemos asistir a testimonios, instituciones o personas, que cuestionen o que le den una vuelta a lo que están viendo. Lo vimos, por ejemplo, en la primera sentencia de La Manada, y había vídeos de esa violación en grupo".

La legislación entiende que es muy difícil grabar durante una agresión y por lo tanto no es un requisito para abordar un juicio penal por violencia de género. Sin embargo, la opinión pública no lo entiende de la misma manera, y una víctima siempre debe ir preparada para afrontar el juicio público al que va a ser sometida.