Millás explica por qué ha dejado de ir a institutos: "Creí que era una labor que me había encomendado el destino"
El escritor revela por qué decidió poner fin a sus encuentros con estudiantes tras años recorriendo colegios e institutos

Millás revela por qué decidió poner fin a sus encuentros con estudiantes
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Madrid
Juan José Millás volvió este fin de semana a A vivir que son dos días rodeado de un público poco habitual para él: un grupo de estudiantes de Bachillerato del IES Carmen Conde, en Las Rozas. Su presencia en el estudio tenía un motivo muy concreto: responder a la carta que estos alumnos le habían enviado unas semanas antes, en la que le pedían que visitara su instituto o, al menos, que conversara con ellos sobre su obra. Lo que empezó siendo una anécdota sobre correspondencia terminó convirtiéndose en una confesión inesperada: Millás explicó por qué había dejado de acudir a colegios e institutos después de años haciéndolo.
Contó que durante mucho tiempo aceptó las invitaciones de centros educativos porque eran, sobre todo, las profesoras de lengua quienes le pedían ayuda para fomentar la lectura entre los adolescentes. Durante años asumió aquella tarea como si fuera un deber íntimo: "Creí que eso era una labor que me había encomendado el destino".
Con el tiempo, sin embargo, fue comprendiendo algo que llevaba años repitiendo en sus textos y entrevistas: que la lectura suele nacer de una cierta incomodidad interior. "Una de las condiciones para leer es estar mal. Entonces, la gente que está bien, ¿para qué va a leer?". A partir de esa idea, Millás empezó a preguntarse qué sentido tenía seguir visitando aulas llenas de estudiantes que viven en otra temperatura emocional, en otro ritmo vital, en un lugar donde todavía no se ha producido ese desajuste que empuja a muchos a los libros.
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Cuatro adolescentes analizan a Juan José Millás
Por eso, tras cumplir esa tarea durante años, decidió poner fin a aquella etapa. "Yo ya he hecho esta labor; ahora que vengan los jóvenes". Y quizá por eso la carta de los alumnos le produjo un pudor doble: el de no querer decir que no… y el de sentir que ya no le correspondía seguir ocupando ese papel. "Me da corte no contestar", admitió. Finalmente pidió ayuda a Paqui Ramos —productora del programa y también su mujer— para gestionar la respuesta: "Le dije: oye, Paki, ¿por qué no arreglas esto por mí? Y arreglado está", concluyó.




