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Economía y negocios

Santiago Niño Becerra: "Un día de guerra cuesta 1.000 millones de dólares"

El economista Santiago Niño Becerra analiza el coste real de la ofensiva militar en Oriente Medio: horas de vuelo, bombarderos, misiles Tomahawk y sistemas antimisiles disparan el gasto diario

Santiago Niño Becerra: "Un día de guerra cuesta 1.000 millones de dólares"

Madrid

El economista Santiago Niño Becerra explica en La Ventana que los datos oficiales del Pentágono y del CENTCOM permiten ya estimar el coste real del conflicto en Oriente Medio. La cifra es contundente: cada día de guerra cuesta alrededor de 1.000 millones de dólares.

Ese gasto se reparte en varios frentes. En primer lugar, están las horas de vuelo de la aviación militar, que suponen uno de los mayores desembolsos. A ello se suman los bombarderos, pocos en número pero extremadamente caros de mantener y desplegar.

El tercer gran gasto son las municiones de largo alcance, especialmente los misiles Tomahawk, cuyo precio unitario ronda los dos millones y medio de dólares. Pero hay otro coste menos visible que, según Niño Becerra, es clave para entender el presupuesto militar diario: los interceptores antimisil, diseñados para frenar ataques enemigos.

Cada uno de estos interceptores puede costar alrededor de cinco millones de dólares, ya que el objetivo no es solo atacar al adversario, sino proteger bases militares, buques y aliados regionales ante la respuesta con misiles o drones.

La guerra tecnológica y el coste de interceptar

El economista subraya que los conflictos actuales se han convertido en "guerras de tecnología pura". Esto no solo implica armamento sofisticado, sino también costes de producción y reposición muy elevados.

Uno de los problemas estratégicos es que, en muchos casos, los sistemas defensivos son mucho más caros que las armas que deben interceptar. "En Oriente Medio se están utilizando interceptores que pueden costar millones para detener proyectiles mucho más baratos", explica Niño Becerra.

Además, algunos ataques combinan enjambres de drones con misiles. La estrategia consiste en lanzar una nube de drones que acompaña al misil para saturar los sistemas de defensa y dificultar su interceptación.

¿Quién gana dinero en la guerra?

Mientras el conflicto avanza, los mercados financieros reaccionan con fuertes cambios. Niño Becerra recuerda que las bolsas no siempre reflejan directamente la realidad económica de una guerra, aunque reconoce que siempre hay inversores capaces de beneficiarse.

"Siempre hay inversores que nunca pierden", explica, ya sea porque compran en el momento adecuado o porque cuentan con información privilegiada. Como ejemplo, menciona que la bolsa española ha registrado fuertes subidas en el último año, con incrementos cercanos al 35% en algunos periodos.

Más allá de los mercados, el economista señala que los grandes beneficiados del conflicto suelen ser sectores concretos. Entre ellos destacan las compañías petroleras y gasistas estadounidenses, que se benefician del aumento de la demanda energética.

Además, tras las sanciones al gas ruso, Europa paga aproximadamente un 20% más por el gas que compra a Estados Unidos, lo que refuerza la posición de esas empresas en el mercado energético internacional.

El impacto económico en el día a día

El conflicto también puede trasladarse al bolsillo de los ciudadanos. El presidente de Mercadona, Juan Roig, ha planteado recientemente la posibilidad de aplicar un IVA del 0% a los alimentos si el encarecimiento de materias primas obliga a subir precios.

Niño Becerra, sin embargo, discrepa de aplicar medidas generales. En su opinión, las ayudas públicas deberían dirigirse solo a quienes realmente las necesitan. "No estoy de acuerdo con el café para todos", sostiene.

El economista defiende que las subvenciones y rebajas fiscales deberían aplicarse según el nivel de ingresos, ya que "el impacto económico no es el mismo para todos los hogares". "No afecta igual a quien gana 20.000 euros al año que a quien gana 50.000", concluye.

Para Niño Becerra, "la clave está en diseñar políticas más precisas, que tengan en cuenta el tipo de alimentos y el nivel de renta de cada familia, utilizando datos fiscales y estadísticas públicas para dirigir mejor las ayudas".